"Unidad Nacional": ¿Entre quiénes?
Escrito por Juan Carlos Rubio V. | @jrvizca   
Viernes, 25 de Mayo de 2018 06:25

altSi hay algo demostrativo en los resultados reales de la simulación del 20 de mayo, es que por lo menos el 82% de la nación venezolana se ha juntado inequívocamente en desconocer

el orden (o mejor dicho desorden) imperante. Los ciudadanos, en este punto de la partida, no titubean en reconocer a la realidad por lo que es. Lo que es decir, sin ambigüedades, parafernalias ideológicas o discursos repetidos (salida democrática, electoral, pacífica y constitucional), en cuanto ellos saben que están secuestrados por un régimen totalitario y criminal.

Por tal razón, viene siendo un despropósito cuando en la discusión pública se comenta sobre una supuesta “división” de nuestro pueblo. Nosotros no estamos divididos. Nosotros no estamos confundidos. Lo que sí estamos es hastiados de tanta ambigüedad y tibieza en muchos quienes se catalogan a sí mismos como “líderes”. Siendo así las cosas, la división que ha presenciado el país no yace en la ciudadanía, sino en la dirigencia política que se denomina como democrática. El énfasis en esa situación, por algunos comentadores, parte de la premisa que tales quiebres son un problema a resolver, un enigma cuya resolución dejará el espacio abierto para la liberación nacional.

Ahora bien, el argumento en sí de que los líderes deberían estar unidos contra el despotismo es una propuesta que no está en discusión. Es obvio que la conducción de las fuerzas vivas de Venezuela debe ser grupal, cohesionada y con sentido de propósito. Lo que sí está disponible para ser deliberado son las cuestiones sobre en torno a qué objetivos deben unirse y entre quiénes. La primera interrogante es sencilla, estamos feneciendo, estamos muriendo, por lo que es fácil aducir que, al ser la lucha de carácter existencial, entonces la bandera es la salvación urgente de la patria, no la búsqueda de condiciones electorales que nunca se darán. La segunda interrogante es donde se nos ha complicado todo a los venezolanos pues, ante la falsedad de algunos cuantos dirigentes, hemos quedado elucubrando sobre quiénes son los representantes honestos, leales y coherentes con las expectativas del pueblo.

Lo positivo de habernos cuestionado sobre la autenticidad del liderazgo opositor es que donde algunos ven desintegración, otros vemos oportunidad. Bajo esta óptica, la ruptura presenciada no es un problema que deba ser resuelto, sino una depuración necesaria de la dirigencia democrática. En estas horas tan menguadas para el país, no podemos costear una unidad en la dirección política por el solo hecho de la misma. Ya hemos visto las contradicciones e incongruencias en lo que eso resulta. Sobre la base de ese aprendizaje, es que en vez de pensar en términos de cantidad, que se junten todos los dirigentes posibles, incluso si éstos son malos o tarifados; pensemos en términos de calidad, o lo que es decir, los líderes que se juntan conforme a la verdad y no a los intereses personales, conforme a lo patriótico y no a lo patriotero.

Visto que los ciudadanos ya estamos unidos y entendemos meridianamente la tragedia que vivimos, nosotros estamos en la obligación de plegarnos a una conducción política que tenga nuestros intereses en cuenta. En tal sentido, debemos reconocer a los líderes que han sido consecuentes e íntegros, que nos hablan con la verdad y que no insisten en intercambiar oro por espejos. Seguidamente, debemos abandonar la dejadez e inacción y atrevernos a depositarles nuestra confianza. Por último, tal confianza debe reflejarse, cuando sea el momento de la convocatoria, en el resurgir de la acción popular de masas.

Después de las experiencias vividas que nos han llevado a este instante, queda claro para nosotros que no puede irse hacia adelante a costa de la integridad. Es bien sabido en la naturaleza que una manzana podrida entre las sanas pudre a estas últimas, lo mismo ocurre con los movimientos políticos. No podemos conformarnos con cualquier liderazgo, sino con el liderazgo comprometido. No podemos vociferar unidad a costa de lo que sea, cuando lo que requerimos es unidad en cuanto a principios. No podemos dejarnos conducir hacia objetivos que ni siquiera son nuestros, sino de elites enclaustradas que quieren decirnos que ese es el camino. En fin, apoyemos a la unión de los líderes verdaderos, de aquellos que cuando hablan no volteamos los ojos, ni nos hacen sentir cómo si entre ellos y nosotros hubiese realidades distintas.

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