"El carrusel de la patria"
Escrito por Antonio José Monagas | TW: @ajmonagas   
Miércoles, 16 de Mayo de 2018 00:59

altDesde el mismo momento en que se instaló el actual régimen socialista, con matices de “revolucionario”, el país se sumió en un ámbito de desolación

como nunca lo había vivido. Ni siquiera comparable con los problemas padecidos por la precaria población del siglo XIX. Pues aunque fueron tiempos difíciles, hablando desde la perspectiva de la política y de la economía, su gente no sobrellevó los embates de la represión feroz cegadora de vidas, voluntades y expectativas que caracteriza la actual gestión gubernamental tiránica.

La estrategia que mejor le resultó a los ideólogos, personajes estos que fungieron de “libertadores de la dependencia capitalista”, además disfrazados de militares revolucionarios de socialistas de discurso, o de politiqueros de franela y gorra roja, fue la manipulación de conceptos cuyo sonido eran capaz de abrir la venas de Venezuela. De esa manera, se dieron a la tarea de purgar el sistema político sobre el cual se cimentaba la “caduca” democracia. Pero tal estrategia, buscaba no sólo someter. También, arrasar con consideraciones, símbolos y tradiciones que habían hecho de Venezuela un país referente en la construcción del desarrollo económico y social que se planteó como razón de vida nacional y proyecto de país. 

Consiguieron entonces respuestas que si bien no tenían un efecto tan determinístico como lo presumieron, si fue salvajemente compulsivo. De esa forma, patearon a quienes pudieron. Indistintamente, si se dejaban o no agredir del modo más obsceno posible. Arremetieron contra todo lo que “sudaba” pretérito. Sin mediar consecuencia alguna. Ni tampoco, sin analizar repercusiones de ninguna clase. Pues lo importante no era tanto lo que sus resultados arrojaban. Lo que fundamentalmente perseguían, era hacer del conocimiento del resto del mundo que la doctrina socialista del siglo XXI, como ridículamente la denominaron, podía ser punta de lanza para “esclavizar” al continente americano. Y si podían, a Europa también. 

Pero el viejo fusil utilizado para disparar sus dardos tranquilizantes o sedantes, reculaba. Los disparos comenzaron a salir por la culata. Sin embargo, aquello no excusó el hambre forajida y caníbal de esos improvisados por destrozar modelos de desarrollo económico y social destacados dado el carácter edificante demostrado. La resistencia  de calle y organizada desde la sociedad civil activa, comenzó a mellar la ambición de arruinar esquemas democráticos en provecho personal. Su guión de devastación, aunque todavía en ensayo, sólo ha evidenciado que el cuestionado socialismo funciona como especie de caballitos de feria. Juguetes que sólo se mueven en círculos sin ir hacia ningún lado pues sólo seducen al simulado jinete. 
 
Estos personajes, arrogándose atribuciones que hace creerlos gigantes o comandantes supremos y eternos, pero de incipientes grupos, no han entendido que la vida da muchas vueltas. Que la vida es muy cambiante. Por ello, ese modelo político sólo pudiera parecerse a un violento y enfurecido carrusel. Que bien puede conceptuarse como “el carrusel de la patria”.

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