Hay hambre
Escrito por Williams Caballero | @wcaballerolopez   
Domingo, 13 de Mayo de 2018 07:53

altPor donde quiera que usted camine por las calles de Venezuela lo que observa es hambre.

Rostros demacrados, cuerpos famélicos, y ojos llorosos. La crisis está llegando a unos niveles prácticamente insospechados. 

Ni siquiera en la peor situación bélica, ninguna nación de América Latina había sufrido lo que los venezolanos estamos sufriendo en este momento. 

La grave realidad inflacionaria, la carencia de producción, el descontrol cambiario, la tasa de venezolanos que se van del país; el promedio de connacionales que mueren por falta de medicamentos, todo dibuja  un ambiente ensordecedor y caótico para los venezolanos.

La violación de los Derechos Humanos es el pan diario de cada día. La carencia de seguridad jurídica, empeora más la situación, y la presencia de la Asamblea Nacional Constituyente termina de aniquilar los vestigios de institucionalidad en la nación. 

Frente a esta realidad, los venezolanos han resistido estoicamente; los venezolanos han luchado incesantemente por la libertad, por un futuro mejor al modelo que padecen en la actualidad. 

Y es que, en este momento, los venezolanos luchan ante el hambre que lo sofoca. La carencia de alimentos es terrible en todo el país, y el costo de lo poco que se consigue es incomprable para el 90% de los venezolanos que van enflaqueciéndose a un ritmo vertiginoso. 

No obstante, con los estómagos vacíos, pero con la dignidad intacta, cada vez más ciudadanos se separan de lo que fue un sueño y se transformó en una terrible pesadilla. El venezolano que algún día creyó en el proyecto socialista, hoy está abriendo los ojos  a través de los anaqueles vacíos y los hospitales repletos de pacientes. 

El venezolano que marchó con el difunto y que votó por él, ya no está tan convencido de seguir pasando hambre y necesidad. Ese ciudadano sabe que otra Venezuela es posible, que entre todos podemos levantar la nación de las cenizas que dejaron casi 20 años de desastre.

La Venezuela actual no es para nada a la de hace 20 años; en otros tiempos el ciudadano promedio comía tres o más veces al día. Si existía alguna crisis no tenía nada que ver con lo que estamos padeciendo en este momento en el país. 

El venezolano jamás emigró hasta que llegó el socialismo. Y, esto ha despertado un hambre más fuerza que aquella que nos pega en los estómagos, el hambre del, cambio y de la esperanza. 

Los venezolanos tienen hambre de cambio, de progreso, hambre de una mañana mejor. Hambre de hacer posible lo que saben que son capaces de hacer con las condiciones mínimas de un Estado que no  le oprima la voluntad y que incentive el porvenir y la potencialidad de cada ciudadano. 

 

 

 


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