Los establos de Augías
Escrito por Dr. Abraham Gómez | @fabrahamgr   
Martes, 13 de Marzo de 2018 00:00

altEn cada conversación que sostenemos en público o en privado; formal o informalmente el contenido sustantivo que prevalece es la inaguantable situación que padece nuestro País.

Hay múltiples e invariables coincidencias que explayan las lamentaciones atribuibles a la crisis humanitaria que asfixia nuestra subsistencia. Nunca soportada en nuestra historia republicana.

¿Cómo pudimos haber llegado a tan catastrófica situación? Nos preguntamos todos, de manera colectiva voz en eco, sin distinción ideológica, religiosa, confesional, socio-económica o racial. Porque la ignominia que sufrimos no hace exclusividades.

En nuestros diálogos es previsible que surjan otras interrogantes, aunque tejidas permanentemente de incertidumbres: habrá posibilidad de salir de esto? A quién le corresponderá, en su debido momento (y esperemos que no tan remoto) dar al traste, de una vez y para siempre, con tan inmerecido fatalismo.

¿A quién le encomendaremos la misión de limpiar la Venezolanidad, cargada de inmundicia, producto de las desacertadas Políticas Públicas del actual régimen, desde hace dos décadas?

Cabe recordar, en el presente drama que sufrimos, el explícito relato contenido en la Mitología Griega, que da cuenta del ofrecimiento que el opulento rey Augías había hecho a Heracles (o Hércules según la designación romana), en el sentido de que si lograba asear sus establos en un solo día, que en muchísimos años jamás se habían limpiado, le concedería parte de su rebaño y tendría la opción de la inmortalidad de los dioses.

Este extravagante y extraño desafío encubría la intención de humillarle y ridiculizarle, por cuanto era tal la cantidad de excrementos acumulados en los establos que prácticamente resultaba imposible limpiarlos en un único día.

Heracles se impuso en esta hazaña que intentaba denigrarlo. ¿Cómo lo logró?...Con inteligencia.

El astuto héroe cumplió su trabajo: desvío el cauce de los cercanos ríos Alfeo y Peneo; luego abrió un   ancho canal que penetró los establos arrastró y barrió, en cuestión de horas, la suciedad, las montañas de estiércol.

Sorprendido Augías por tan audaz modo de resolver, montó entonces en cólera, y se negó a cumplir lo prometido, alegando que el trabajo lo habían realizado los ríos.

Estamos obligados a deslastrarnos, más temprano que tarde, la vergonzosa afrenta, en contra de nuestra voluntad, que nos estigmatiza ante el mundo.

En esta hora aciaga, cuando hordas ignaras han secuestrado y descalabrado el presente y futuro del país, podemos metaforizar hoy la figura del Hércules reivindicador, en el pueblo venezolano; el cual orgulloso y al lado de sus hijos más preclaros asumirán la honrosa tarea de reencauzar las vertientes de inteligentes salidas para limpiar nuestra nación de tamañas inmundicias.

Ya la comunidad internacional ha determinado que Venezuela ha asumido la condición de Estado fallido; y se le conoce porque ha fracasado en todos los aspectos: social, político, y económico. Súmesele un gobierno de ineptos, débiles e ineficaces. Que no provee ni puede proveer servicios básicos; presenta altos niveles de corrupción y de criminalidad, así como una marcada degradación moral. Sólo les queda reprimir para intentar, en su desesperación mantenerse en el poder, antes de la llegada de las corrientes fluviales que vendrán a asear todo cuanto han embarrado y envilecido en estos veinte años.

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