"Cara de Payaso"
Escrito por Antonio José Monagas | @ajmonagas   
Domingo, 11 de Febrero de 2018 11:59

altHechos que buscan disfrazar las realidades a fin de exhibir lo que no existe

 

“CARA DE PAYASO”

(A propósito de las ferias y fiestas públicas de carnaval)

La crisis política que padece el país, arrastró otras crisis. Todas, envolventes dada las condiciones de incapacidad que han inducido. Crisis no sólo de naturaleza económica y social. También, crisis de conciencia, de productividad, de organización, de planificación. Pero ninguna tan insidiosa, como la crisis emocional que tanto daño ha ocasionado en el ánimo y disposición del venezolano. Desde luego, en su vida.

Esto ha causado un inmenso espasmo en la actitud del venezolano. Tan descomunal ha sido el tamaño de la situación que tales problemas han derivado, que la resignación ha mostrado “lo afilado de su garra”. Pero también, la indiferencia como carácter propio de la impotencia cuando aplaca la voluntad del individuo. Es precisamente, lo que invoca todo llamado a actuar como cómplice de eventos sui géneris. Hechos que buscan disfrazar las realidades a fin de exhibir lo que no existe. Pero a sabiendas que la imagen artificialmente estructurada, puede vender. Es decir, todo un dilema de marketing político.

Es lo que esconde toda organización de fiestas y ferias de carácter público. Particularmente, en momentos cuando lo planteado pretende realizarse en ambientes pulverizados por el drama engendrado por un desastre económico de las condiciones del que padece Venezuela. O por una calamidad social. O por una desgracia política. Pero “gobierno” que no se precie del tono mercantilista que implica manipular la desesperación que provoca tales crisis, no deja de sacarle el “mayor provecho” a todo lo que dichas realidades son capaces de configurar. 

Así que organizar fiestas y ferias en medio de ámbitos marcados por el hambre, la enfermedad, el desempleo, la hiperinflación, la violencia, la inseguridad, la indecencia, el chantaje, la corrupción, las carencias, y en fin, la anomia, es causal de impugnación. O dicho de otra forma, es propio de ser repelido. No se trata de hacer de situaciones así, un mar de llanto. Pero debe diferenciarse una celebración que involucre toda una población, de aquella que toca lo privativo de un individuo. En este caso, cabe justificar la festividad por cuanto sólo incumbe a una familia. No a una comunidad cuyos miembros son indistintamente afectados por la crisis en cuestión. Además, el desconsuelo no suele desecharse por regocijos colectivos pues son problemas del alma cuyos efectos enganchan a cada quien de modo diferente.

Así que no se justifica que el inmenso sufrimiento que la ineptitud gubernamental, el mismo proyecto político o el modelo de economía adoptado con la arbitrariedad de cada equivocación cometida ha causado, sirva de terreno para celebrar fiestas y ferias en nombre de objetivos que no lucen pertinentes en momentos en que el país está desvaneciéndose entre la basura, la ruina, el dolor y la miseria. Ni siquiera, pintándole a Venezuela o a ciudades que presumen de contar con ferias y fiestas, una controvertida “cara de payaso".

 

 


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