Vivimos de espaldas a las fronteras
Escrito por Dr. Abraham Gómez | @fabrahamgr   
Jueves, 11 de Enero de 2018 07:38

altEl Estado venezolano y todo cuanto representa ha mantenido un comportamiento errático y desacertado en el tratamiento

que debe dársele a los asuntos fronterizos.

Los términos límite y frontera son usados sin diferencias conceptual ni estructural por parte de quienes suponemos conducen la “política fronteriza”.

Tal ignorancia o esta confusión mental, en señalar límite y frontera como una misma y única cosa, ya nos dice el talante de improvisación para arreglos mayores en esta materia. Así ha sido siempre.

También estamos conscientes que no será tarea fácil que en el lenguaje cotidiano la gente, común y corriente, se ciña a darle a cada categoría el uso adecuado y preciso. Sin embargo, conforme a la “pedagogía de la esperanza” señalamos que nunca es demasiado tarde para aprender a llamar los asuntos con mejor propiedad; para saber de qué hablamos cuando nos referimos al Límite que en esencia es: una entidad o acuerdo jurídico, abstracto, de origen político, convenido y visualizado (pensado) en forma lineal.

Mientras que la Frontera comporta el espacio vital de anchura variable, donde convergen y se interrelacionan seres humanos con potencial de integración, que crean un modo de vida común, con sentido dinámico y vital.

Pareciera que el espacio geográfico, que le da asiento a las fronteras de Venezuela con otras naciones, no fuera nuestro; a pesar de llegar a equivaler casi que un sesenta por ciento del territorio nacional, y estar habitado por una quinta parte de la población. Consideramos que La proporción de personas es muy escasa en esa poligonal fronteriza, para la inmensidad de terreno que ocupan.

Prestemos atención a lo siguiente: mientras que los demás países con quienes hacemos costado fronterizo: Brasil, Colombia, Islas del Caribe, Trinidad, Guyana adelantan audaces Políticas de Estado (no reacciones espasmódicas de gobiernos temporarios) en estrategias fronterizas, nosotros, vergonzosamente, seguimos exhibiendo una muy débil pared demográfica ( poca población en esos espacios) en lamentables condiciones de aislamiento y pobreza, cuya inmediata consecuencia ya se sabe de sobra:  un marcado desequilibrio geopolítico. Casi que no tenemos la autoridad estatal suficiente en esos espacios. Allí mandan elementos de toda calaña, menos el Estado venezolano.

Vamos a insistir en lo que hemos estudiando con devoción, permanentemente, que los fenómenos fronterizos son realidades jurídicas por la delimitación misma, lo cual es una exigencia inexorable en el Derecho Internacional. Cada nación debe tener claro cuáles son sus límites.

Sí, pero se hace obligante considerar y añadir en los asuntos fronterizos la dimensión socio-económica por la interactividad que mantienen los habitantes de esos espacios.

Se lo decimos por la experiencia, en los recorridos hechos (atendiendo estudios académicos) por esas zonas: la gente que allí convive poca o ninguna importancia le da a la línea, a la raya imaginaria que como figura geodésica del Estado intenta separarlos.

 En los espacios fronterizos, nos consta, hay otro modo de valorar y vivir.

Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua

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