A votar, contra viento y marea
Escrito por Trino Márquez C. | @trinomarquezc   
Jueves, 07 de Diciembre de 2017 00:00

altEl 10 de diciembre hay que ir a votar en las elecciones de alcaldes, a pesar de las reservas de algunos sectores

y el rechazo abierto de quienes se oponen a asistir a los comicios, pero que no proponen ninguna alternativa factible, sino que se quedan en el plano de las denuncias testimoniales o de la queja lastimera. 

El régimen diseñó una estrategia perversa con relación a los comicios. Por un lado presiona con el alicate de la amenaza, el chantaje y la extorción a los grupos que controla con los Clap, el Carné de la Patria, la Chamba Juvenil y todas las misiones con las que ha empadronado a los sectores más humildes. Con estas capas no hay contemplación. A la gente se le persigue de forma obstinada para que mantenga su lealtad con los candidatos del oficialismo. El método persecutorio e intimidante fue probado con éxito el pasado 15 de octubre. Ese día, por si acaso el procedimiento hamponil no funcionaba a cabalidad, movilizaron a los colectivos y aplicaron el Plan República como instrumento de apoyo: los soldados y oficiales sacaron de centros de votación a testigos de mesa que les resultaban incómodos o los hostigaron para que abandonaran las mesas. Para el madurismo el voto de los grupos que dominan no es optativo, sino compulsivo. O votas por los abanderados del gobierno o pierdes las migajas que la burocracia roja te concede.

La otra tenaza consiste en desestimular el sufragio opositor. El oficialismo proyecta la imagen de la inutilidad del voto. Pervierte hasta la náusea al CNE. Levanta cortinas de humo para que los ciudadanos se sientan confundidos y desesperanzados. Para que se convenzan de que las dictaduras no salen con elecciones. El gobierno alienta exprofeso a los escépticos y extremistas del campo opositor para generar dudas acerca del significado y carga explosiva del sufragio popular.

Las dos estrategias le han funcionado. El 15-0 lograron reducir sensiblemente la abstención de las capas más pobres de la población, de esas que necesitan con urgencia la ayuda del gobierno. En estas parcelas la abstención disminuyó sensiblemente con relación a los comicios de diciembre de 2015. También lograron convencer a importantes franjas de la clase media descontenta con los dirigentes de la MUD –con la eficaz ayuda de los abstencionistas del lado opositor- de que no concurrieran a las urnas electorales. El resultado fue calamitoso para la democracia. La gobernación del estado Miranda, por ejemplo, se perdió porque el ausentismo en municipios tradicionalmente dominados por la oposición –Chacao, Baruta, El Hatillo y Sucre- fue muy superior al promedio nacional.

El mismo ardid -coacción y desestimulo- ha sido instrumentado para los comicios del próximo 10-D. Toda la maquinaria del Estado madurista se puso en marcha para distorsionar lo que tendría que ser una jornada de reafirmación del poder municipal y de la democracia.

La única forma de desmontar la treta madurista consiste en asistir de forma masiva a las urnas electorales. Las elecciones representan escenarios útiles para contrastar proyectos de gobierno y desenmascarar modelos hegemónicos. La abstención y la indiferencia impiden que la democracia avance y se fortalezca. Ninguna dictadura ha sido estremecida por la abstención. Asumir las elecciones como un espacio para la resistencia y el combate siempre resulta la mejor opción.

Escoja al candidato de su preferencia y vaya, contra viento y marea, con ánimo de cambio y de triunfo a depositar su papeleta.


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