De la célula fundamental del régimen
Escrito por Luis Barragán (diputado fracción 16Jul) | @luisbarraganj   
Lunes, 20 de Noviembre de 2017 00:00

altRecientemente, en el marco del curioso y harto prolongado Estado de Excepción que padecemos, Maduro Moros decretó e instaló los llamados

Consejos Productivos de Trabajadores y Trabajadoras (CPTT) que los supondrá presentes y activos en 660 empresas privadas y 144 públicas, tributarios de la Gran Misión de Abastecimiento Soberano (GMAS).  Señaló en El Poliedro de Caracas, escenario exclusivo de todo acto oficial y oficioso, que deberán posicionarse como “una instancia de poder” para elevar la producción y la productividad, en consonancia con la llamada Agenda Económica Bolivariana.

La única premisa nos remitiría no sólo a la constante y sofocante burocratización del régimen, sino a la imposición de un sistema de reglas reñido con la más elemental noción de Estado de Derecho, lesionado desde sus propios orígenes habida cuenta del otrora control gubernamental del parlamento, del más obcecado que ha ejercido sobre el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) y, no faltaba más, de las reiteradas habilitaciones presidenciales. La sola denominación de los programas y entidades, propios de un lenguaje de la devastación económica, nos remite mejor a Comala de Juan Rulfo que al Macondo de Gabriel García Márquez o  Yoknapatawpha de William Faulkner. 

ANUNCIO Y (DES) CONSUELO

Anunció el decretante , una nueva etapa del socialismo, asegurando la iniciativa como propia de la clase obrera que, en la empresa Cacique Maracay, por ejemplo, asumió el control con la ayuda del gobierno, tras el abandono de los capitalistas, aunque – buen saludo a la bandera -  criticó el sentido burocrático en el ejercicio del liderazgo y la corrupción. Intervino también el general Vladimir Padrino, coordinador nacional de la GMAS, quien saludó la iniciativa como “demostración de la más perfecta expresión de la unión cívico-militar (..) porque el socialismo hay que territorializarlo y lo primero que tenemos que territorializar es la conciencia de la clase obrera”, realizado un esfuerzo conjunto entre  la Universidad Militar Bolivariana y el ministerio del Trabajo para incidir desde el concepto filosófico hasta lo más táctico o elemental en los procedimientos de la instancia (re) creada.

La novísima etapa es la de la productividad y, en consecuencia, la clase obrera ha de convertirse en fuerza productiva dirigente, pues, ella, organizada, es la gran vacuna y medicina, a la vez, contra el sida capitalista, la economía criminal  y parasitaria.  Huelga comentar en torno a la insólita lumpenprolerización del país en lo que va de siglo, y el escaso o existente respaldo que tiene el socialismo, precisamente, en la clase obrera que apenas le sobrevive.

INTERPELACIÓN DESDE EL MARXISMO

Ahora bien, la mayor ventaja de un régimen que no esconde su naturaleza y vocación marxista, es la de verse relevado de toda crítica desde la perspectiva de esta escuela. Podemos cuestionarla desde el estricto ámbito jurídico y económico, mas no renunciar a una aproximación política e ideológica, por mucho que hoy, como no ocurrió ayer,  sea considerada como toda una veleidad académica.

Por lo visto, distinto a la experiencia cubana, Venezuela cuenta todavía con grandes ventajas comparativas para reindustrializarse y, luego del monumental retroceso experimentado, insuficiente la  renta petrolera mil veces devorada en esta centuria tan inútilmente, atisban, intuyen o presienten que, a largo plazo, no queda otro camino. Excepto, el disparo imprevisto y recurrente de los precios del barril, aunque no haya políticas, planes y condiciones concretas que deban materializar a los fines de la supervivencia del propio régimen al que no le bastará sus incursiones en la economía delictiva, ensayará la vía de la industrialización forzada o, como fue denominada en la extinta Unión Soviética, estajanovista. Sin embargo, en lugar de idear y plantear esas políticas, planes y condiciones, comienzan por el control hegemónico de las empresas, principalmente públicas y provisoriamente privadas, esbozadas como las células fundamentales en las que debe intervenir  el dispositivo cívico-militar para modelarlas.

Fordismo o taylorismo aparte, concebido el socialismo como el lógico  e inevitable paso siguiente al capitalismo – por supuesto – industrializado, Antonio Gramsci concibió los consejos de fábrica (CF) como las células fundamentales de la revolución, organización básica de la vida social del trabajador, el organismo de base representativo y no burocrático, embrión del nuevo Estado, constitutivo y decisivo, convertido en una institución de carácter “público” frente al carácter “privado” del partido (AG: 101).  Estimaba que, al expresarla, “el Estado socialista existe ya potencialmente en las instituciones de vida social características de la clase obrera explotada”, pues, “la dictadura del proletariado es la instauración de un nuevo Estado, típicamente proletario, en el cual confluyan las experiencias institucionales de la clase obrera, en el cual la vida social de la clase obrera y campesina se convierta en sistema general y fuertemente organizado”, subrayando que “ese Estado no se improvisa”  (ibídem: 59, 62).

Vale decir, hay una relación hipotética de continuidad, garantizando el control de la producción, aunque también la independencia frente al partido y al sindicato, según la “delimitación crítica” que la interpretación gramsciana hace de los CF (MMR: 125). Por consiguiente, es válido afirmar que los CPTT constituyen una entelequia en la Venezuela deliberadamente desindustrializada de las últimas décadas, un aparato preventivo de control hegemónico en un país que no produce y que se cree que puede producir, por la ruta demasiado improbable de los incontables decretos, salvo que se  imponga la definitiva militarización del trabajo que explica la intervención de la Fuerza Armada en una materia ajena a su especialidad.

Por lo demás, aspiraba el sardo,  “los nuevos métodos de trabajo son inseparables de un determinado modo de vivir, de pensar y de sentir” (AG: 475). Obviamente, no hay mayor novedad que la desaparición o aniquilación misma del proletariado por el régimen socialista del XXI,  por lo que habría que preguntarse cuál es su célula fundamental, anuncio y resultado de un modo de vivir, pensar y sentir.

Ante los CF gramscianos, los soviéts del bolchevismo, o los comités de defensa de la revolución del castrismo, podemos indagar sobre la preeminencia del modo de vivir, pensar y sentir, hacer o deshacer, de la presidencia de la República, del alto mando militar, la cúpula del PSUV sindicalmente incapacitada, de las juntas comunales, de los llamados colectivos armados, de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), o, ahora, de los CPTT. Quizá del aparato publicitario y propagandístico del régimen,  aunque habría que apuntar a las posibilidades reales de inclusión, como a la función económica y represiva que desempeñan para la citología política que deseamos.

CONJETURAS

Toda célula ha de apostar por su multiplicación, consistencia y eficacia, dispuesta a abrir las puertas a la participación desde la base, por lo que evidentemente sólo pueden ser concursables las juntas comunales, los colectivos, los CLAP y los CPTT, como sostenes del proceso. Requieren de un crecimiento de comprobadas voluntades sectarias, dispuestas a  cualesquiera tareas políticas encomendadas, donde ha fallado el partido, como suele ocurrir con todo artificio eminentemente presupuestario, por lo que quedan los CLAP y las perspectivas muy distantes de los CPTT, ya que las juntas comunales están contaminadas por los adversarios, fracasado el subsidio masivo y directo de los adherentes, exponiendo los colectivos  requisitos algo   especiales de pertenencia.

En una economía empedernidamente rentista, el modo de vivir, pensar, sentir, hacer y deshacer, por excelencia, compromete a dos sectores delincuenciales extremos y excluyentes, favores concedidos aparte, como la boliburguesía y los pranes, expresiones sociales que resultan de esta particular lucha de clases que el socialismo de la centuria ha parido. La “democratización” directa e indirecta del subsidio, convierte a los CLAP en un atractivo, así fuere de limitada composición, pues, abre una vía distinta para la comercialización en el prometedor mercado negro y, a la vez, la intervención de los elementos partidistas y militares,  complementan las tareas de inteligencia y de represión que adelantan los colectivos.

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Del radical divorcio entre los hechos y la prédica que, por cierto, cada día adquiere una mayor franqueza, se desprende que la célula fundamental del socialismo venezolano radica en el “guiso” y sus  formas y fórmulas alcanzadas, por lo que Gramsci es una noticia irreal e indeseada, como una simple manía retórica de Jorge Giordani. Por cierto, al principiar los ’90 del ‘XX, denunciando el riesgo de generar un Estado más autoritario en Venezuela,  Mujica Ricardo apostaba por la comprensión de fenómenos como la burocracia y el bonapartismo, y comentaba sobre la práctica política que negó la complejidad y heterogeneidad de las fuerzas sociales y del mundo real, constatando que las propuestas teóricas marcadas por el neoliberalismo tenía más fuerza que las del marxismo. Empero, presumimos, es el actual Ambassadeur de la République bolivarienne du Venezuela en France et auprès des Principautés de Monaco et d’Andorre.

 

Referencias

GRAMSCI, Antonio (1968) “Antología” [Selección, traducción y notas de Manuel Sacristán]. Siglo XXI Editores. México, 1968.

MUJICA RICARDO, Michel (1994) “Democracia sustantiva, democracia formal y hegemonía en Antonio Gramsci (el fenómeno del americanismo y del fordismo)”. Academia Nacional de la Historia, Caracas.

 


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