Política emocional
Escrito por Juan Guerrero | @camilodeasis   
Domingo, 20 de Agosto de 2017 08:51

altEn los varios tipos de inteligencia, la emocional representa un enorme avance en el largo camino de la humanidad

hacia un completo y pleno desarrollo de su esencia humana.

Tiene como estrategia la actitud proactiva que es la marca fundamental que diferencia a las sociedades plenamente desarrolladas de aquellas incipientes.

La sociedad venezolana, si bien presenta rasgos de estancamiento y de evidentes síntomas de atraso, muestra sin embargo una carga emocional-proactiva, que en política la convierte en motor de búsqueda hacia horizontes con mejores condiciones para el desarrollo de sus potencialidades.

Y esto se está observando en la Venezuela de estos tiempos. Una población que se esfuerza y nada a contracorriente, enfrentada en su hacer cotidiano a la más perversa realidad política de un régimen convertido en verdugo de sus sueños y aspiraciones, que en todo momento la vigila, controla, persigue, humilla y castiga. Sometida a un sistemático y arbitrario plan de la patria para su empobrecimiento, la sociedad venezolana, sin embargo, ha llevado a la práctica un gradual proceso de superación de esta condición de sojuzgamiento, empleando la inteligencia emocional como defensa ante la aberración oficial que busca su sometimiento y opresión.

Conversaba con una joven estudiante de medicina. A sus 25 años ya mostraba claros síntomas de angustia y depresión por la situación de crisis y emergencia que se vive en Venezuela. Incluso hasta se ha planteado la real posibilidad de irse del país.

Curiosamente me indicaba que en su entorno familiar y de amistades, había construido una red de auxilio para ayudar a personas que no encontraban medicinas. –Esa es una característica de las personas que desarrollan la inteligencia emocional. Son especialmente proactivas. –Le indiqué.  

Le ilustré, indicándole otros ejemplos recientes, como la organización de la gran mayoría de la sociedad para asistir a la jornada del Plebiscito del 16 de julio, donde en menos de 15 días se logró organizar un evento nacional, absoluto y claramente exitoso. Tanto por los resultados como por la jornada de marcado civismo. –Esa es otra característica de la aplicación de la inteligencia emocional, cuando se comparten experiencias y se trabaja en grupos para llevar a cabo tareas múltiples: la civilidad, que es construcción de civilización. Esto es, humanizarnos colectivamente.

Además, y por sobre todas las cosas, la característica más relevante que la sociedad venezolana está mostrando; la inmensa y casi sobrehumana solidaridad para con el semejante. Ese auxilio que ya es permanente y que salva vidas. La solidaridad que transforma, reconforta y fortalece.

Esa es otra característica de la inteligencia emocional cuando está orientada de manera correcta. Porque es la actitud proactiva la única diferencia entre las sociedades altamente eficientes y aquellas estancadas, controladas y sometidas por regímenes dictatoriales.

Nuestra sociedad, le indicaba a esta joven, tiene un régimen dictatorial de Estado centralizado que nos impide construir espacios para el bienestar. No tenemos paz ni tranquilidad ni sosiego. Es una vida de sobresaltos y atropellos. Sin embargo, es nuestro deber incidir sobre nuestro entorno en aquello que es posible mejorar y cambiar. Y lo primero es transformar la manera de pensar y actuar en circunstancias adversas, como el accionar político.

La actitud proactiva, la solidaridad, el altruismo son, entre otras características, los rasgos de un tipo de venezolano que se sabe reconocido por el Otro igual y diferente. Esos rasgos están influyendo, por la presión social, en la participación de los ciudadanos en los entornos políticos que a fuerza de su perseverancia, y a pesar de las contradicciones, se terminará de imponer en el escenario de la complejidad política venezolana.

La conversación terminó con un grato y solidario abrazo. –Le agradezco sus palabras, me dijo. Agregando, -ya no me iré de mi amada Venezuela. Y cuando me deprima, sé que es porque estoy viva y siento en mi piel el sufrimiento de mis hermanos. –Tienes derecho a deprimirte, le indiqué. –Pero también a ser feliz, como una lombriz. Me miró y de su rostro iluminado salió una espontánea y amplia sonrisa.

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