¿Dos Venezuela en desencuentro?
Escrito por Antonio José Monagas | @ajmonagas   
Domingo, 20 de Agosto de 2017 08:25

altAunque no deja de ser contradictoria tan cruel realidad, lo cierto y lamentable es que, en un mismo territorio, se trabaron dos Venezuela.

Además, en seria pugna. La del oficialismo: apoyada por el poder militar y policial. La de la oposición democrática, apoyada por la fuerza del pueblo contestatario en la calle. Aún así, configuran dos países en franca confrontación cuya rivalidad sólo ha conducido a agravar problemas acumulados. Así como a crear otros tantos.
Es absurdo no reconocer que son infinitas las cosas capaces de unir a los venezolanos, más que separarlos en fracciones. Aunque igual pudiera decirse, en facciones crudamente rivales razón por la cual se vive en un clima de permanente y tenso enfrentamiento que deviene en momentos de violencia de toda índole como el que en efecto se vivió de modo continuo, desde el primero de abril del año en curso.

En fin, en los venezolanos se ha condensado una especie de rechazo por el otro que no comulga su misma identidad política. El problema si bien tiene una explicación que se pasea por la psicología social, igualmente toca razones profundamente políticas. Pero también deberá reconocerse que toca razones políticas equivocadamente encaminadas por el rezago que todavía se vive a consecuencia de la antipolítica sembrada en la consciencia de venezolanos desapegados de valores morales y carentes de la voluntad necesaria para haber contribuido con la recuperación del país en las últimas décadas del siglo XX.

Indiscutiblemente, esta situación endureció sensibilidades al extremo que se distorsionó el sentimiento de venezolanidad inculcado a través del valor Identidad que con esfuerzo algo de ello se sembró en las últimas décadas del siglo XX. De esa forma, se generaron cruentas dificultades al momento de intentar reconocer al otro como igual, vecino o coterráneo. Fue, justamente de lo que se aprovechó el régimen, malamente apodado “revolucionario” para dividir la sociedad en distintos segmentos. Para ello, procuró inyectarle el odio necesario al venezolano para entonces partir al país en dos grandes “toletes”.

Puede decirse que desde inicios del siglo XXI, con el peso del gobierno revolucionario sobre las espaldas del país, se hizo “cuesta arriba” seguir compartiendo espacios con quienes por causas políticas, se identificaba con ideologías contrarias a las que formaron parte del gentilicio venezolano. Comprender que vivir alguna diferencia no significaba vivir separados o intentar cualquier tipo de agresión que incitara violencia, no logró entenderse como criterio habitual de vida del venezolano.

Pero tampoco el régimen se compadeció del hecho de que la sociedad venezolana venía compartiendo una historia, un espacio y una cultura. A pesar de todo, la “revolución” fue insolentemente atrevida al darse a la tarea de hurgar sobre sentimientos y esperanzas que habían coadyuvado a la construcción de este país. Por supuesto, con defectos y fortalezas, propios de toda nación, de toda sociedad, de todo hombre. Hoy, las distancias se han pronunciado tanto que deberá hablarse de la fútil y detestable pugna entre dos importantes grupos poblacionales. O acaso es que las circunstancias obligan a hablar de ¿Dos Venezuela en desencuentro?

 


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