¿De buena conducta, habla usted?
Escrito por Dr. Abraham Gómez | @fabrahamgr   
Viernes, 11 de Agosto de 2017 06:51

altHay una categoría, para calificar la conducta humana, que ha venido siendo manoseada desde hace muchísimos años.

Tal vez no consiguió Cicerón un vocablo más adecuado  para traducir la palabra  ethos de origen  griego al latín que el de mos, moris (maneras de vivir) que apunta, con precisión hacia la moralidad y las buenas costumbres.

De allí para adelante, las palabras ético-moral se han hecho siamesas y correlativas. Cuando usted señala una de las dos crea, por insinuación, la imagen mental de la otra.

Así entonces, si decimos que tal ciudadano ha asumido un comportamiento ético, ya uno casi sospecha que su desenvolvimiento social será de probidad.

Nuestro famoso y admirado filósofo Fernando Savater en su libro Ética para Amador, define la ética como «el arte de vivir, el saber vivir, por lo tanto el arte de discernir lo que nos conviene (lo bueno) y lo que no nos conviene (lo malo)”.

Este enjambre de comportamientos tiene su raíz en cuerpos sociales que diseñan directa o indirectamente tu modo de ser.

Dicho más sencillamente, tu personalidad estará en correspondencia con  la manera como te formaste e informaste; según las fuentes principales que aportaron  influencias para  conformar tu orientación Política (discernir en la Polis), y que te crearán  los  efectos de largo plazo.

Generalmente, la influencia se origina en la familia. Los niños a veces adoptan los valores ideológicos de sus padres. En segundo lugar, los educadores y otras figuras de autoridad educacional tienen un impacto significante en la orientación política; en tercer lugar, los coetáneos afectan la orientación individual-social. La gente de tu mismo tiempo existencial.

Estamos de acuerdo en los dos siguientes aportantes en el comportamiento humano, en estos tiempos: La mayoría de los científicos políticos coinciden en que los medios de comunicación de masa tienen un impacto profundo en el comportamiento y   que además la socialización es el procedimiento a través del cual las personas  adquieren el conocimiento, las costumbres y las orientaciones de valor que serán útiles en el futuro.​

Después de esta amplia introducción, cabe preguntarse: ¿quién otorgará certificado de  buena conducta a unos ciudadanos que aspiran cargos de representación popular? y ¿a cuenta de qué?

¿Quién tiene suficiente autoridad ética-moral en el seno de ese esperpento inconstitucional llamado asamblea nacional constituyente para ponderar el comportamiento político y social de los ciudadanos?

No dudamos en calificar que la pretensión de  emitir un comprobante, por parte de la írrita asamblea nacional constituyente, donde conste que la gente se porta bien, configura un factor aberrante de valoración subjetiva y discriminante  en un país democrático.

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