¿Cuál libertad, cuál paz?
Escrito por Antonio José Monagas | @ajmonagas   
Miércoles, 09 de Agosto de 2017 00:43

altLa crisis política venezolana alcanzó su clímax luego que recrudeció la represión a consecuencia de la obstinación gubernamental

por mantenerse enquistada al poder. Ello puso al descubierto importante problemas de toda índole. Particularmente, problemas que si bien permanecieron ocultos, igualmente fueron viciándose de cuanto agregado pudieron asirse. Precisamente, como resultado, en muchos casos, de la ineptitud de la gestión pública pretendida desde el aberrante y humillador populismo que caracteriza la actual racha de ilegalidad e inconstitucionalidad de la cual se apropió el régimen para imponerse. Pero también, en otros casos de igual predominancia, de la conveniencia por encubrir sus ejecutorias tildadas de democráticas. Así procedió a actuar al libre albedrío en función de los delitos que vino cometiendo y amparando con la complicidad de un tribunal supremo que de “justicia” no tiene nada.

Luego de reconocer el régimen que su derrota la tenía a la vista, incurrió en declarar su condición dictatorial, que empeoró cubriéndose con la capucha de tirano, inventó establecer una asamblea nacional constituyente. Así podría abrirse paso frente a las limitaciones que comenzaron a referir la justicia internacional, organizaciones mundiales de derechos humanos, organismos parlamentarios de naciones democráticas tanto como dignatarios, jefes de Estado y opiniones firmes. Todo, dirigido al hecho de reprochar el vandalismo gubernamental adelantado en nombre de tantas fatuidades como revolución, socialismo del siglo XXI, pueblo, soberanía y autodeterminación. 

Aunque realmente lo pautado como decisión política que intenta encaminar un concepto de Estado comunal, o mejor dicho de Estado anárquico que buscará imponer la arbitrariedad como ruta para justificar aquello de “quítate tú para ponerme yo”, no tiene el tamaño moral ni ético para hablar desde una Venezuela que exige el ejercicio de una política auténticamente democrática. 

La mal llamada asamblea constituyente, políticamente desprestigiada, es apenas una convención entre advenedizos, furibundos, aduladores, exaltados, mantenidos, mentirosos, cizañeros, soplones y aprovechados, un universo afecto al desorden gubernamental, con excusas de soporte y sin asidero legal. Mucho menos, sin la legitimidad que reclama un evento de tan fantaseada categoría. Entonces, en medio de tal desarreglo, ¿a dónde piensa llegarse o que espera alcanzarse? Y aun cuando la respuesta es conocida, ante los caducos conciliábulos que terminará todo eso cabe preguntarse ¿de cual democracia se fijarán para completar el derrumbe del país? ¿Cuál libertad, cuál paz?

 


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