De los puentes funestos y oportunistas
Escrito por Luis Barragán (diputado fracción 16Jul) | @luisbarraganj   
Miércoles, 17 de Mayo de 2017 00:04

altAbsolutamente nadie, en su sano juicio, niega la posibilidad y necesidad de un diálogo entre las fuerzas de oposición

y las del gobierno. Sin embargo, ¿no hemos escarmentado lo suficiente cuando se trata de postergar y consolidar la consabida impunidad de un régimen que tiene en su haber más de treinta muertes injustas, prematuras e innecesarias en apenas un mes, procurando aplastar a cualquier precio la disidencia, en lugar de propiciar la definitiva e inmediata transición democrática? ¿Acaso no ha hecho trizas cualquier previsión constitucional para una salida pacífica y electoral a la pavorosa crisis que generó y sigue agravando? ¿No intenta burlarse aún más de la buena fe de los venezolanos disparándole a quemarropa en una declaración de guerra lo suficientemente documentada en medio de sus faenas de represión, grabadas las consignas que anteceden al calculado empleo letal de las armas supuestamente no letales?

 Partícipes involuntarios de una diáspora inédita en todo nuestro historial republicano, los coterráneos que se encuentran en el exterior ya están justificadamente alertas al movimiento de los oficialistas que intentan huir preventivamente del colapso de un socialismo tan real como el que más, caracterizados por niveles de vida que nunca lograrán legitimar. Cierto, pudieron incurrir en los excesos de un acoso contraproducente, pero razonablemente les indigna que gobernantes y ex - gobernantes, contratistas y ex - contratistas, familiares y relacionados con el bolsillo repleto, traten de montar un discurso de victimización y aleccionar a todo aquél que los haya sufrido y los sufren hasta provocar un forzado destierro.

En días pasados, Maripili Hernández fue descubierta al azar por un par de venezolanos residenciados en Barcelona y, con todo el respeto que les fue posible, la increparon . Ella,   pidió respeto reivindicando su oficio periodístico y las otras personas que la acompañaban, según la cámara,  en el breve tiempo de grabación solicitaron que no hubiese violencia (Jesús María Casal), pontificando en torno a la exacerbada confrontación que no permitirá reconstruir al país (Hiram Gaviria).

 En un comunicado público, el Instituto para las Transiciones Integrales de España (IFIT) señaló que el encuentro entre referentes venezolanos del gobierno y de la oposición forma parte de un programa que promueve el diálogo y la transición de alto nivel, al igual que ocurre en otros países como Túnez, Sri Lanka, Siria, Ucrania, Colombia y El Salvador, buscando propuestas creativas y realistas a los conflictos; y la misma fuente de información trae una explicación de Gaviria, ya que se trató de una  “conversación sobre la situación en Venezuela y evaluar las posibilidades de una solución pacífica y consensuada a nuestra grave crisis estructural” ().

 Ahora bien,  aleccionados por lo ocurrido en 2014 y en 2016, no todo esfuerzo de mutua comprensión e intercambio dirigido a una solución satisfactoria para el drama venezolano, es real y convincentemente un diálogo, institución universal enmarcada en sendos procesos de paz que distorsionó y fulminó Nicolás Maduro, asestándole todo el descrédito posible después de asaltar y dinamitar el propio lenguaje, en un esfuerzo deliberado de traición.  Circunstancia ésta que agrava indeciblemente sus reconocidas limitaciones políticas para salvar una embarcación que está hundiéndose, sentido el peso de una violencia que el mismo director de la orquesta que la amenizaba, no otro que Gustavo Dudamel, busca desesperado un bote de salvación.

 Lo que ha ocurrido a la salida supuesta de un restaurant español, distante y pretendidamente seguro ante cualquier mirón, es algo más que un episodio. Si de moral se trata, resulta inconcebible compartir distendidamente una cena mientras las calles venezolanas se convierten en el paredón que enluta a numerosas familias; y si de política hablamos, no apunta a un ejercicio del realismo necesario, porque los partidos adscritos a la unidad democrática o, por lo menos, Vente Venezuela, no están informados y, menos, asumen como una iniciativa significativa la de un instituto español que, por muy buena fe que exhiba, poco o nada contribuye a la tarea común de auspiciar y lograr la deseada transición en paz. Y, como la política no se entiende sin la indispensable dimensión moral, siendo inútil o ineficaz la separación de ambos elementos, la reacción de los venezolanos que, por casualidad, tropezaron con los supuestos comensales, confirma la inevitable premisa, pues, transterrados, a ellos debemos también darles una respuesta a la altura de sus más genuinas angustias.

 Lejos estamos de una descalificación personal de los referentes involucrados, esperando que un amigo de muchos años, como Casal, nos conceda una explicación, aunque – es necesario decirlo directamente – no esperamos otra de Gaviria. Éste, precisamente, jugó un papel demasiado sospechoso, como el propio reconocimiento legal de su partido, en 2014, incluyendo la promesa incumplida de su renuncia a la curul y no constituye una referencia confiable en el proceso de recomposición política en Venezuela, porque abona a ese estrecho y, a veces, extenso terreno del oportunismo en el que no pocos pretenden arar y redondear su suerte personal y política.

 Agotadas todas las posibilidades objetivas de supervivencia para un régimen que literalmente quebró al país, ansioso por saquearlo moralmente antes de huir, es necesario reafirmar que todo diálogo lo es para facilitar una salida lo más sanamente posible, evitándole a todo trance un baño de sangre al país. Y, por supuesto, que ese diálogo no remite a un burdo ejercicio terapéutico y, acaso, recreativo, por muy generosas que sean las atenciones de alguna institución benefactora.

 Asumamos que los venezolanos nos enteramos del celebérrimo diálogo en 2016, gracias a las infiltraciones auspiciadas por el propio gobierno que daban cuenta de conversaciones previas y privadas, por ejemplo, en República Dominicana, cubiertas por un manto de misterio que sólo concernían a los partidos concurrentes. Es importante reconocer que, por mucho que algunos se crean Henry Kissinger y Lê Ðức Thọ acordando secretamente el alto al fuego en 1970, camino a la paz de Vietnam, lo es cierto es que el diálogo posible en Venezuela exige un mínimo de publicidad que permita recuperar la confianza en el  término, recuperando el propio lenguaje mancillado por el régimen.


blog comments powered by Disqus
 
OpinionyNoticias.com no se hace responsable por las aseveraciones que realicen nuestros columnistas en los artículos de opinión.
Estos conceptos son de la exclusiva responsabilidad del autor.


Videos



opiniónynoticias.com