Los bancos bolivarianos
Escrito por Omar Estacio   
Miércoles, 02 de Diciembre de 2009 06:33

altMás allá de los señalamientos personales, contra los empresarios involucrados en el más reciente escándalo bancario valdría la pena analizar la debacle desde la perspectiva de las causas que lo generaron. En primer término, habría que poner de relieve la desmedida ambición de quienes pululan alrededor de los centros de poder de la sedicente revolución bolivariana. Una ostensible paradoja, porque mientras se predica frugalidad socialista y se recrimina al pueblo por consumir energía eléctrica, engordar por comer en exceso y se llega a la ridiculez de emplazarlo a asearse con una totuma para paliar la escasez de agua, los validos del gobierno llevan vida de sibaritas. Lo reveló la historia menuda del affaire de la maleta con sus episodios de “Ferraris”, jet ejecutivos y palacetes alrededor del mundo y surge ahora como un espíritu burlón que merodea los grandes centros de poder. Individuos que hasta antier eran petardistas, estafadores de medio pelo o en el menos grave de los casos, modestísimos comerciantes, transformados de la noche a la mañana en megamagnates gracias a vínculos inconfesables con el poder.

Pero aparte de la quiebra ética del estamento gubernamental, suficiente no para colapsar varios bancos sino un país completo, en esta nueva crisis de las instituciones financieras, concurren elementos que tenían que conducirnos de manera inexorable adonde hemos llegado.

En tal sentido surge la falta de autonomía de organismos como el Banco Central y la Superintendencia de Bancos.

Venezuela es signataria de la llamada Convención de Basilea. Ese instrumento con sus subsiguientes acuerdos complementarios dicta las herramientas elementales para evitar tragedias como las que sufren en este momento millares de ahorristas y empleados de los entes en bancarrota.

La denominada concentración crediticia y la desaconsejable política de los autopréstamos a los propietarios de las instituciones financieras, son dos principios básicos para la sana administración de acuerdo con los mencionados instrumentos. Algo que se estaba contraviniendo de manera impúdica porque desde meses atrás fue advertido por numerosos analistas y publicaciones especializadas.

Pero en los infractores privaba la sensación de impunidad. Guapos y “apollaos”, para utilizar el tópico. Desde aquel desafortunado episodio, mediante el cual el jefe de Estado le ordenó al Banco Central, entregarle “su milloncito”, el ente emisor quedo sometido los vaivenes políticos. Al demonio con el mandato constitucional de erigirse en garante de la estabilidad de precios y la preservación el valor interno y externo de la unidad monetaria.
La Superintendencia de Bancos y otras Instituciones financieras, igual que el marido engañado, fue la última en enterarse de las cadenas de autopréstamos bancarios, no solo para adquirir empresas de seguros y otras entidades financieras sino lo que es todavía más criminal: la participación del festín -o botín- de la adjudicación de los papeles de deuda pública que han servido para amasar inmensas fortunas. Los vituperados “Amos del Valle” con acumulación de capital a través de varias generaciones, se han visto reducidos a la condición de “ricos de pueblo” cuando se los compara con sus pares amamantados por la supuesta revolución.

Pero en todo lo anterior subyace el estrepitoso fracaso de un modelo económico estatista y centralizador, que implantó un pernicioso control de cambio para detener —sin éxito— la fuga de divisas. A esta última no la paraba nadie a causa de la desconfianza que despierta y ha despertado el gobierno, amén de la incontrolable inflación que constriñe a los ahorristas a tomar posiciones en moneda extranjera, para guarecerse de la depreciación monetaria.

En cualquier conglomerado medianamente serio los funcionarios corresponsables de la catástrofe estarían destituidos y quizás en un calabozo haciéndole compañía a los ex directivos de los bancos intervenidos. Pero la bien llamada Robolución es como es, quien sabe si ahora, hasta los Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla



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