Donde se metan
Escrito por Milagros Socorro (periodista)   
Lunes, 07 de Septiembre de 2009 07:11

altCon el casco apretado al costado con el brazo y el maletín terciado en la espalda, el motorizado salva varios escalones de dos zancadas y se emplaza en las escaleras que se extienden en la fachada sur de Parque Cristal, municipio Chacao, Caracas. Ha dejado la moto en la acera, unos metros más allá, donde puede verla. Llega, se llena de aire los pulmones, y grita con recia voz: No más Chávez. Repite su vaticinio una docena de veces. Se pone el casco. Baja las escaleras. Va hacia su vehículo. Y se pierde por la francisco de Miranda. 


Son los 11 de la mañana. La convocatoria para la marcha mundial en rechazo a Hugo Chávez y sus prácticas intervencionistas establecía que la concentración en Parque Cristal tendría lugar a las 12 del mediodía, pero los manifestantes comenzaron a fluir mucho antes. No hizo falta la llamada de los partidos políticos, indiferentes a una actividad de impacto planetario; ni los detuvo el hecho de que la iniciativa surgió de un pequeño grupo de jóvenes bogotanos, indignados ante las declaraciones de Chávez en las que insultaba su gentilicio, calificaba a los colombianos de traidores y los conminaba a sumarse a la “doctrina bolivariana”. 


Más avispada que muchos dirigentes, la multitud interpretó correctamente el desafío. Se trataba de protestar contra Chávez y lo que su nefasta figura representa y acarrea. El origen de la manifestación quedó como una anécdota de escasa trascendencia, lo fundamental era darse cita en espacios urbanos de un centenar de ciudades para plantarse contra el autoritarismo, la corrupción administrativa, la inseguridad ciudadana, el presidio político, la represión, los secuestros, la escasez, la falta de puestos de trabajo, el atropello a los derechos civiles, la entrega de los recursos del país al extranjero, la invasión de cubanos en instituciones del Estado, en fin, lo que Chávez y sus cómplices encarnan, lo que han implantado en Venezuela y lo que aspiran esparcir por el continente.


En ejercicio de gran claridad, la ciudadanía que salió a protestar identificó una ristra de males en la noción que representa Chávez, -quien, por cierto, no debe terminar pagando en solitario unos estropicios que perpetra en nutrida y criminal compañía-, pero dejó claro que su repudio se orienta a los desmanes propios de los sistemas dictatoriales, sea cual fuere el signo o conjunto de mitos en que se invista el mandón.


Se echa de ver, pues, con toda nitidez, que las masas democráticas en el mundo valoran en mucho su propio criterio, sus convicciones y sus aspiraciones; y que si el liderazgo partidista las interpreta y se pone al frente de sus expectativas, lo seguirán con gusto. Pero esas muchedumbres apegadas a las instituciones modernas no están desavisadas de su propio poder como agente de protesta y como factor de cambio; ni están distraídas ante las posibilidades de la tecnología de la comunicación como potente vector del reclamo de sus derechos. De manera que si los partidos políticos no perciben apropiadamente esta realidad, las multitudes les darán un rodeo y se expresarán por su cuenta, con el impacto planetario de esta concentración del 4 de septiembre. Porque la clave de esta acción es, precisamente, que es universal, que rebasa lo local, los intereses acotados, las parcialidades de determinado signo, y se proyecta como un grito de la humanidad contra los totalitarismos. 


El conjunto de los manifestantes del viernes, regado por todo el orbe, configura el mapa de un mundo decidido a apuntar con el dedo a los opresores de los pueblos, con independencia de cuánto gasten en propaganda internacional, lobbys y asesores de elevadas tarifas en dólares y euros. Ya eso es otra cosa. Ya no es la actitud de unos países desarrollados riéndole las gracias al gorila de Sabaneta y jaleándolo para que se embale y resulte con ello aún más cómico. El Chávez rechazado en tantas plazas está desnudo frente al mundo, aterido en su mediocridad y cinismo. Ya nadie se cree su socialismo del siglo XXI, representado en unos jerarcas uniformados de rojo y un pueblo vestido de luto.


El viernes la polis rugió contra los abusos de Chávez. No tardará en aullar contra Berlusconi, Putin, Fidel castro, Mugabe, Ahmadineyad… Y no es de descartar que pronto nos desgañitemos contra las aspiraciones reeleccionistas que por estos días tiene la cara de Uribe.


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