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| El chuzo entero |
| Escrito por Raúl Fuentes |
| Sábado, 18 de Agosto de 2012 07:19 |
El 15 de diciembre de 1999, las precipitaciones que venían causando estragos en gran parte del territorio nacional alcanzaron su punto culminante.
Mientras el país literalmente se ahogaba y naufragaba, el ejecutivo estaba enfrascado en una campaña electoral, que el suplemento Siete Días del diario El Nacional, en un reportaje publicado el 19 de diciembre de ese mismo año, con el nombre de "Recuento de una tragedia que se veía venir", calificó de "salvaje", para que la ciudadanía participara en un referéndum aprobatorio y vinculante de la que se promocionaba como la mejor Constitución del mundo y que resultó ser uno de los textos legales más cursis de que se tenga noticia, producto de una mayoría constituyente dada a la genuflexión que llegó al extremo de adulterar el nombre de la República, al agregarle el cognomento de bolivariana.
La convocatoria no contó con el respaldo pleno de la población y sólo sufragó 35% del padrón electoral. ¿Efectos de la antipolítica, tan de moda por aquel tiempo, o de la imposibilidad de trasladarse a los centros de votación? La razón no importa. Lo sustantivo, lo relevante es que el texto en cuestión no contó nunca con una sólida base de apoyo y, por ello, por írrita, el Presidente se permite violarla de forma sistemática. Pero esto es asunto para otra reflexión. Lo que nos ocupa ahora es recordar que, desbordado por la propaganda oficialista, el país apenas percibía las dimensiones de una tragedia sin precedentes en el catálogo de desastres naturales que han golpeado Venezuela.
Cuando se tuvo conciencia de la magnitud de la vaguada, de la devastación y mortandad que afectaban a buena parte del territorio nacional, especialmente el litoral central, se le empezaron a ver las costuras al régimen. Para comenzar, el jefe del Estado hizo mutis por el foro y no se supo de él durante por lo menos 72 horas. Cuando reapareció, lo hizo para, entre otros desatinos, rechazar la asistencia humanitaria que, al igual que otros países, nos ofrecía Estados Unidos, so pretexto de que estábamos capacitados para afrontar la situación sin la intervención interesada y maliciosa del imperio, y, además, para ofrecer villas y castillos a los varguenses creando una autoridad única ad hoc que nunca tuvo unicidad y, mucho menos, autoridad. Colocaron en el cargo a un ser pensante que al poco tiempo se vio obligado a dimitir al caer en cuenta que estaba rodeado de oídos sordos y sus propuestas jamás iban a ser escuchadas. Si el cuento hasta aquí ha sido largo es porque largo ha sido el historial de torpezas, omisiones, equivocaciones y desaciertos de la gestión pública, sobre todo en lo que atañe a la modernización y actualización de la infraestructura turística nacional. Por esto, cuando por fin, el pasado 8 de agosto, después de anulaciones y postergaciones relacionadas con su cada vez más decadente poder de convocatoria, el enfermo imaginario se presenta anunciando que ha de cumplir, ahora sí, las promesas incumplidas y formuladas hace 13 años, no podíamos creer que fuese capaz de tanto caradurismo. Rescatará los hoteles que él mismo condenó a la ruina, dijo; pondrá en funcionamiento, juró, el tramo del teleférico que une el Ávila con Macuto (proyecto que estaba en marcha cuando la bobaliconería indigenista y el afán confiscatorio convirtieran Ávila Mágica en Guaraira Repano); creará, cacareó, una línea ferroviaria para enlazar al litoral con la capital, cuando ni siquiera se ha colocado un durmiente en el proyectado ferrocarril del centro encomendado a la empresa SEMI; y todo, advirtió, con la asesoría de técnicos y empresas cubanas (como si los cubanos supieran de eso y no hubiese sido gracias al capital y saber hacer de los españoles que se ha logrado parapetear el negocio turístico en la isla; un negocio, de paso, excluyente, pues a los cubanos no se les permite el disfrute de espacios y facilidades recreacionales a las que sólo se puede acceder con dólares, euros y otras divisas extranjeras). No hemos dejado de asombrarnos con tamaña desfachatez. Y nos preguntamos si este encantador de serpientes creerá que puede embaucar al electorado pensando que como ya le metió medio chuzo ha llegado el momento de meterle el chuzo entero. www.el-nacional.com |