Resistencia
Escrito por Pablo Aure   
Lunes, 17 de Agosto de 2009 08:02

altCon premeditación y alevosía, la Asamblea Nacional sancionó la Ley Orgánica de Educación castrocomunista. Todos los pasos para su aprobación fueron maquinados por el régimen; las vacaciones escolares garantizaban poca movilización estudiantil. Nadie conocía su maléfico contenido; eso también fue planificado



“La tiranía no puede reinar sino sobre la ignorancia de los pueblos”.

Francisco de Miranda

Con premeditación y alevosía, la Asamblea Nacional sancionó la Ley Orgánica de Educación castrocomunista. Todos los pasos para su aprobación fueron maquinados por el régimen; las vacaciones escolares garantizaban poca movilización estudiantil. Nadie conocía su maléfico contenido; eso también fue planificado. Mientras menos lo conociera el pueblo, menos polvo levantaría. El régimen ordenó aprobarla el día jueves y exactamente así se cumplió. Los diputados actuaron sobre seguros, la decisión estaba tomada desde la sala situacional “chavista”. La segunda discusión fue una farsa desde donde lo quieran ver. Se discutió por segunda vez -si a eso le quieren llamar discusión- algo que no se había discutido antes, pues el proyecto aprobado en primera discusión en el año 2001 nada tiene que ver con ese engendro legal.

Nos preguntamos: ¿si esa Ley es tan buena, por qué la tenían oculta? ¿Por qué esperaron el receso escolar? ¿Cuál era el apuro? Señores, las leyes para que sean acatadas, deben emanar del convencimiento colectivo; de lo contrario están condenadas a su desconocimiento. Los regímenes dictatoriales tal y como el que tutela a Venezuela, se caracterizan por imponer su voluntad violando los más elementales derechos humanos.

El régimen necesita adoctrinar a los niños y jóvenes. Chávez y sus asesores saben muy bien que este disparate gubernamental carece de la fuerza estudiantil, la cual es vital en las auténticas revoluciones. Mientras más ignorancia exista en nuestro país, mayor será la posibilidad de que esta locura roja rojita se mantenga en el poder.

Prohibido rendirse

Nos preocupa que el pueblo caiga en el desaliento. Hoy más que nunca Venezuela reclama de la unidad para combatir un sistema de gobierno que día a día empobrece más al país. Lo empobrece desde todo punto de vista. Lo hemos dicho hasta la saciedad: Chávez no gobierna para el beneficio de Venezuela, sino para satisfacer su ego de convertirse en el sucesor de Fidel.

Pero bueno, ya sabemos lo peligroso que puede resultar el hecho de que Chávez se perpetúe en el poder. Descarnadamente tenemos que analizar en cuáles acciones han fallado los sectores democráticos del país. La primera, sin lugar a dudas, es la desunión. La segunda, tener una visión chiquita del problemón en el que estamos metidos. Algunos dirigentes no ven más allá de sus intereses particularísimos. Muchas veces actúan también como el régimen: con premeditación y alevosía. Suelen ser calculadores; piensan en sus posibilidades de ser presidentes, gobernadores, alcaldes, diputados o concejales; cuestión inexplicable frente a un régimen forajido que está acabando con Venezuela.

Estrategias equivocadas

Pensemos un poquito: ¿qué hemos hecho, qué estamos haciendo y qué debemos hacer? Pongámonos de acuerdo en dos cosas: primero, en identificar al adversario; y segundo, en escoger el método para combatirlo. Cuando pido identificar al adversario no lo digo en cuanto conocer el nombre y el apellido de alguien en particular; no, me refiero a su talante. Entendamos de una vez por todas que su formación y comportamiento es antidemocrático, y que poco o nada le importa el derecho ajeno; ni siquiera la vida de los demás. Es capaz de hacer cualquier cosa para atornillarse en Miraflores. Lo vimos el 11 de abril del 2002 a través de sus representantes apostados en puente Llaguno, o sea, de sus pistoleros revolucionarios.

Entendiendo primero contra qué elemento nos enfrentamos, pues entonces definamos el método para derrotarlo. ¿Será electoral, o el de la resistencia, o una combinación de ambos?

Probablemente la vía electoral sea conveniente como estrategia de movilización, lo cual jamás debemos abandonar; pero no nos caigamos a coba, cada día será menos lo que se disputará electoralmente. De la presidencia: olvídense los calculadores de la bancada opositora.

Camino equivocado

No pretendo convertirme en aguafiestas, pero debo decir que no me agrada mucho la idea del revocatorio contra la Ley Orgánica de Educación. Ahora, si es una decisión de la mayoría, tenemos que empujarla, pero insisto, sólo como método que ayude a organizar y movilizar a los demócratas que están en contra de lo que significa este régimen.

Cuando digo que no me agrada, no es por pensar que no tengamos los votos para abrogarla. No es eso. Lo que no tenemos es el padrón electoral depurado. Otra cuestión muy importante es que un amplio segmento del pueblo tiene miedo a firmar; porque ya sabe lo que eso significa. Recordemos la lista Tascón que implantó el apartheid criollo. Ya se nos olvidó que muchos perdieron el trabajo por haber firmado en contra del régimen; y que actualmente, nadie consigue un empleo si aparece como firmante en esa maldita lista.

Otra razón, esta vez jurídica, por la cual creo que el abrogatorio es improcedente, es la siguiente: El artículo 74 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela nos impediría llevarlo a cabo. Me explico. Ese artículo establece: “... No podrán ser sometidas a referendo abrogatorio las leyes de presupuesto, las que establezcan o modifiquen impuestos, las de crédito público y las de amnistía, así como aquellas que protejan, garanticen o desarrollen los derechos humanos y las que aprueben tratados internacionales”.

La educación es un derecho humano. O sea, el camino constitucional no es el del abrogatorio; tenemos que entender que la defensa de un derecho tan fundamental como lo es la educación, no lo podemos ejercer mediante un proceso electoral, sino desconociendo cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticas o menoscabe los derechos humanos. Desde luego, ese desconocimiento no se decreta, es algo que debe surgir de la conciencia de cada quien. Esto quiere decir que la verdadera tarea de todos los sectores democráticos del país, es la de crear ese grado de conciencia colectiva. De ese modo sinceramos el camino. No es uno distinto al de la resistencia venezolana; ya basta de seguir agachando la cabeza para que nos den más duro.

Termino haciendo mías las palabras de aquel prócer civil convertido en primer presidente constitucional de Venezuela. Me refiero a Cristóbal Mendoza, cuando dijo: “Paz y tranquilidad son nuestros deseos. Morir o ser libres es nuestra divisa”.

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