El enemigo no es Uribe
Escrito por Trino Márquez C. | @trinomarquezc   
Jueves, 13 de Agosto de 2009 18:33

altLa reacción de Hugo Chávez frente a la posibilidad de que el Gobierno de Colombia permita que el ejército norteamericano realice operaciones en sus bases militares, es desmesurada e irresponsable, tanto que el Polo Democrático de ese país vino a pedirle que bajará el tono. Además, se nota que es un truco de mago menor para desviar la atención sobre los cohetes AT4 comprados por Venezuela e incautados a las FARC. Chávez, en vez de dar una explicación convincente y detallada de cómo y por qué esas armas letales fueron a parar a manos de los rebeldes, utiliza una cortina de humo con la que busca ocultar la gravedad de la complicidad o, en el mejor de los casos, desidia de la revolución bolivariana con los narcoguerrilleros.


La respuesta de Chávez se corresponde mucho más con la de un comandante guerrillero de las FARC, que con la de un jefe de Estado preocupado por el destino de la democracia y la estabilidad institucional de la nación hermana. Su actitud  parece más apropiada  de alguien como el “Mono Jojoy”, que de un estadista angustiado por la persistencia de la narcoguerrilla en esta zona de Suramérica En países con fronteras e intereses estratégicos comunes, donde actúan grupos terroristas o subversivos, suele prevalecer la cooperación entre los Estados y los Gobiernos para defender esos intereses. El Estado francés y el español proporcionan notables ejemplos de cooperación en la lucha contra los asesinos de ETA. Estos psicópatas no  pueden refugiarse impunemente en territorio galo, ni aspirar a que las autoridades de ese país se hagan las desentendidas frente a los atentados criminales que perpetran los etarras. La estrecha colaboración entre ambos países ha permitido que el combate a la ETA por parte de los gobernantes españoles se haya anotado resonantes triunfos. El gobierno francés, sin permitir que se viole su soberanía, ha tendido puentes para que funcionarios españoles capturen a forajidos de la ETA que han buscado refugio en Francia. El Estado francés ha entendido que el terrorismo es un enemigo muy peligroso no sólo para España, sino para toda Europa.


Este no es caso del comandante Chávez Frías. Su Gobierno, a través de la Alcaldía de Libertador, ha incurrido en la desvergüenza de levantarle una estatua a Manuel Marulanda en el 23 de Enero, y de conmemorar el primer aniversario de la muerte de ese guerrillero desalmado, que mantuvo en jaque durante décadas a la sociedad colombiana. Cuando fue dado de baja Raúl Reyes en territorio ecuatoriano, luego de una operación de inteligencia impecable, Chávez actuó como si hubiese fallecido un prócer de la independencia venezolana. Las manifestaciones de simpatía por las FARC y por quienes las apoyan en el propio suelo colombiano, son permanentes y variadas. Rodrigo Granda, el llamado “Canciller de las FARC” se movía en Venezuela como Pedro por su casa. La delegación de las FARC que visitó hace algunos años a Chávez en Miraflores, encabezada por Iván Márquez, fue atendida como si se tratase de los diplomáticos de una nación democrática. Hace algún tiempo, Chávez pidió que se les reconocieran a los facinerosos el estatuto de beligerantes.


El probable uso de las bases colombianas por parte de los norteamericanos posee el significado de una nueva derrota del proyecto continental bolivariano. Colombia no será una ficha que Chávez pueda mover a su antojo para demostrar el poderío de su petrodiplomacia. La alianza entre los Estados Unidos y Colombia representa una muralla de contención al socialismo del siglo XXI y al fomento de la subversión que este modelo entraña. Este freno es lo que más irrita a Chávez. En el plano internacional sus planes hegemónicos, subimperialistas, han venido sufriendo derrotas importantes. Honduras, a pesar de sus recientes esfuerzos por distanciarse del folclórico Zelaya, representa un fracaso de teniente coronel Chávez y del club que financia con los dólares venezolanos, el ALBA. Insulza se puso a las órdenes incondicionales del comandante criollo para someter al gobierno de Micheleti, pero la cohesión de las instituciones y la sociedad hondureñas, unida a la prudencia y lejanía de presidentes como Obama, decretaron el descalabro del Secretario General de la OEA.  


El comandante utilizó la bonanza petrolera de los años recientes para iniciar una carrera armamentista que introdujo un desequilibrio bélico en la región. Después de anunciar que en diez años compraría cerca de 30 mil millones de dólares en armas (para una guerra nada asimétrica), otros países como Perú, con modestos recursos, señalaron que también adquirirían armas. Colombia, preocupada por mantener a salvo su democracia de fanáticos autoritarios y crueles como los irregulares de las FARC y ELN, optó por adquirir algunos armamentos y consolidar su alianza con los americanos, a través del Plan Colombia y el Plan Patriota. En vista de que Chávez no condena, persigue y apresa a los insurgentes de las FARC que entran al territorio venezolano, Uribe se vio obligado a buscar  apoyo en otras regiones más distantes. Su objetivo principal es preservar la seguridad de Colombia y mantener la estabilidad de la nación. En este terreno Álvaro Uribe recuperó un espacio que el blandengue Andrés Pastrana había cedido con la zona de distensión.


Chávez sabe que el enemigo de Venezuela no es Uribe, ni los Estados Unidos, sino la disolvente narcoguerrilla de las FARC y el ELN, que tratan de implantar en Colombia un régimen oscurantista parecido al que Pol Pot impuso en Camboya. El modelo cubano que se le incrustó en el cerebro al comandante lo mantiene obnubilado. Lo peor de su actitud irresponsable es que está destruyendo a centenas de miles de venezolanos y colombianos que producen riqueza con su propio trabajo.


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