Guayana Esequiba: ¿de qué lado estará la justicia?
Escrito por Dr. Abraham Gómez | @fabrahamgr   
Miércoles, 24 de Marzo de 2021 00:00

altPareciera, según la apreciación de algunas personas, que es inmenso el plazo de dos años concedido

por la Corte a nuestro país, para que consignemos por escrito el memorial de contestación a la demanda que nos interpuso la excolonia británica.

La experiencia nos señala que los tiempos para los arreglos de pleitos internacionales conllevan implícitos sus propios ritmos y dinámicas; y lo que llegamos a calificar de rápido en ese ámbito, por lo menos viene arrastrando varias décadas. Hay demasiados ejemplos que, con holgura, determinan la aseveración antes expuesta.  De modo que, no aglutinamos mucho tiempo para desperdiciar.

Lo que debe preocuparnos, seriamente, apunta en otro sentido. Digamos, que cunda el enfriamiento de nuestro justo reclamo entre los entes competentes para la política exterior en nuestro país, así como otros similares de la administración pública. Resultaría desconcertante que los organismos no gubernamentales, fundaciones, universidades asuman la dejadez y la displicencia; cuando, contrariamente nos sentimos obligados al absoluto aprovechamiento del lapso temporal que se nos ha dado; además, a concitar el infinito talento humano diseminado por toda la nación; intelectuales densamente formados y conocedores a fondo de la citada controversia.

Con seguridad, bastante gente compartirá lo que diré de seguidas, que nos encontramos en otra oportunidad de suma importancia para prepararnos, de manera total, para encarar la confrontación ante la Corte Internacional de Justicia, donde nos haríamos Parte del juicio; por expresa decisión que tomaría el jefe de Estado, conforme a sus atribuciones constitucionales.

Por lo pronto se han desatado en toda Venezuela discusiones dilemáticas que --aunque algunas son de relativo agrado, porque mantiene vivo el aspecto contencioso— debemos prestarle el mayor interés para hacerle nuestras propias observaciones y conjeturas.

Todavía conseguimos a quienes opinan y se inclinan por la tendencia de que Venezuela no se haga presente en ninguna de las etapas del Proceso jurídico que lleva adelante la Alta Sala sentenciadora de la ONU. Aducen que una disposición nuestra de personación, para cumplir con los actos concluyentes y manifestar consentimientos de obligar, equivale a seguirle el juego a la contraparte y caer en su estrategia.  Para este grupo de venezolanos nuestra ausencia debe ser total.

Nos luce una posición respetada, pero no la comparto en lo más mínimo. Diré mis razones. Primero:  con la presencia o ausencia de la delegación diplomática de Venezuela (y sus coagentes) el juicio seguirá su curso.  El proceso en ningún momento se paralizará. Segundo: el jurado tendrá la oportunidad de escuchar “una sola campana”, el 08 de marzo del próximo año; porque a nuestra entera voluntad le dejaríamos el escenario a pleno regusto de Guyana para que insista, con sus falaces alegaciones, en que el írrito y nulo Laudo Arbitral de París del 03 de octubre de 1899 constituye Cosa Juzgada.

Tercero: tal vez el más protuberante: la Corte está dispuesta a resolver este pleito, inclusive así nosotros estemos ausentes. Ya lo decidió –como para que abramos los ojos-- en la fase previa, el 18 de diciembre del 2020, cuando se autoconfirió jurisdicción y competencia, y de inmediato pasó a conocer el fondo de la causa.

Mi indeclinable e invariable posición es que debemos hacernos Parte del Juicio, aunque sea bajo protesta.  Tal hecho constituirá una valiosa ocasión para esgrimir nuestros elementos probatorios de la vileza   con la que actuó ese vergonzoso jurado arbitral prevaricador.

Idénticas manifestaciones percibimos, en bastantes lugares; esta vez referentes a la disyunción – muy delicada por lo demás-- entre si tenemos que cumplir o no los acuerdos suscritos, cuando miramos cómo la contraparte los vulnera a diestra y siniestra.

Venezuela siempre ha sido respetuosa de los convenimientos y pactos suscritos, adheridos y ratificados. 

Nuestra historia está signada en reconocer que el Derecho Internacional está fundamentado en el respeto de las decisiones arbitrales y judiciales; no obstante, las tropelías que en nuestra contra se han perpetrado.

Somos y hemos sido siempre partidarios de la solución pacífica de las controversias; sobre todo entre países vecinos, unidos por vínculos geográficos o históricos. Si no logramos – en este litigio con Guyana—soluciones racionales sería tanto como someter a nuestra región, por lo próximo siglos a tensiones y conflictos que enajenarían el futuro de ambas naciones, como también cercenar las posibilidades de necesaria cooperación para nuestros pueblos.

Nos consta que la invitación de todos los gobiernos venezolanos ha sido permanentemente al diálogo constructivo y al mejor espíritu amistoso de vecindad.

Hay quienes sostienen la tesis maximalista en la reivindicación que sostenemos en el caso de la Guayana Esequiba. Es decir, recuperar totalmente los 159.500 km2 que nos despojaron. Otros opinan que debemos buscar un arreglo honorable para Venezuela; una solución práctica que a su vez sea políticamente aceptable; que sea viable, y que no implique la desaparición del Estado de Guyana, ni lo lesione irreversiblemente.

Difícil de asimilar una u otra alternativa de solución. Precisemos: conseguir, mediante sentencia de la Corte Internacional de Justicia la totalidad de la extensión geográfica que nos despojaron o convenir en aceptar una considerable porción territorial, con amplia salida hacia el atlántico, no es fácil. Nos vamos a consumir meses enteros en discusiones por el país. Vale la pena.

La Corte tiene la opción de resolver el litigio mediante el principio “ex aequo et bono”, que sería totalmente diferente a las clásicas decisiones judiciales sujetas, en estricto sentido, a los aspectos de carácter jurídico.

Nosotros estamos esperanzados que la Corte, en la oportunidad cuando conozca nuestros respectivos elementos de probanza, proveerá la solución satisfactoria para los dos países; solo nos queda una incertidumbre, dicha en estos términos: la contraparte guyanesa desempolvará aquella temeraria amenaza proferida por el expresidente Forbes Burnham, el 04 de abril de 1982, cuando señaló: “A mí me parece que hay una concepción errónea acerca de lo que es la reclamación venezolana del Esequibo. Venezuela se equivoca en seguir considerando nulo el Laudo de 1899. Y así ese Laudo, llevando al extremo la cosa, si ese Laudo es reconocido como nulo; entonces todo este asunto tendrá que devolverse al Tratado de Washington de 1897.”

 

Intelectuales venezolanos de ayer y de hoy han venido analizando que debemos apuntar la artillería jurídica en la misma dirección, pero con dos objetivos en nuestra mira.  Denunciar y terminar de desmontar el Tratado de Washington de 1897, porque al parecer no quedó “caduco ni muerto”, y al parecer, en los últimos días en la opinión pública guyanesa ha despertado la sensación de que a través del mencionado documento ellos formularían el último hálito de esperanza en esta contención.

Dos tesis contrapuestas conseguimos, desde 1960, frente a lo que acabo de asomar.

Guyana abriga la esperanza, si se ve perdida, de pedir a la Corte Internacional de Justicia, que reponga el proceso de litigación con Venezuela a sus etapas originarias; porque según le han dicho sus asesores, el Tratado de Washington guarda perfecta vigencia.

Hay una corriente bastante apreciable en Venezuela que expone que no debemos gastar tiempo ni recursos procesales para solicitar la anulación del citado escrito; por cuanto, el mismo fue un instrumento consumado en su finalidad y consecuencia. Algo así, como un cartucho disparado o un envase vacío del cual se extrajo todo su contenido. Con este documento, subrayan, solo resta arrojarlo a la cesta de desperdicios de la historia.

 Lo cierto es que ambos documentos que nos ocupan: el Tratado de Washington de 1899 y el Laudo Arbitral de París de 1899 están afectados de vicios insubsanables que comportan graves causales de nulidad. Nunca será válido ni admitido lo que se obtuvo mediante el dolo, el error y la coacción.

 

 

 


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Última actualización el Martes, 23 de Marzo de 2021 21:53
 
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