De una cierta pedagogía sobre el intercambio de opiniones
Escrito por Luis Barragán | @luisbarraganj   
Viernes, 15 de Mayo de 2020 07:32

altAl manifestar nuestro desacuerdo acerca del matrimonio igualitario, reconocimos la necesidad  e buscar soluciones legales alternativas

Es preciso, sin embargo, contemplar 

las cosas desde más cerca”

Michel Foucault (*)

 

Ayer, a través de Opinión y Noticias, respondió o dijo responder William Anseume a las rápidas observaciones que le hicimos en torno a Ratzinger y a  las libertades sexuales.  Por cierto, errado supuesto, partió de la aviesa intención que tuvimos de mal ponerlo con la comunidad de católicos, aunque otro tanto podríamos alegar respecto a la comunidad de homosexuales, pero – hacerlo -  significaría caer en la majadería que quisimos denunciar en su momento.

Fijar una postura clara sobre un asunto tan delicado y susceptible de equívocos, malentendidos e intrigas, constituye una ventaja en un país de seculares solapamientos, además, políticos e ideológicos.  Tenemos una profunda convicción respecto al magisterio de Ratzinger que no podemos ocultar, sabiendo de los estereotipos en boga, pero – también -  una postura sobre el llamado matrimonio igualitario de quienes respetamos cabalmente por su irreductible dignidad de personas humanas y condición ciudadana.

Al manifestar nuestro desacuerdo acerca del matrimonio igualitario, reconocimos la necesidad  e buscar soluciones legales alternativas para una situación ineludible, aunque el emplazamiento del profesor Anseume debe ir directamente a los más decididos partidarios de la fórmula que desea, en lugar de exceptuarlos o de dispensarlos resignadamente de antemano. O de tratar de pulverizar al mensajero que, con todas sus fallas, por lo menos, intenta la comprensión del problema.

Lo aludimos en nuestra entrega anterior, es injusto que, al morir uno (a) de ello(a)s, luego de compartida una larga vida, el (la) otro (a) no tenga condición alguna de causahabiente por su sola homosexualidad.  Y, más allá de sus preferencias, tenemos una cordial, respetuosa y leal amistad con mucho(a)s, sobre todo en el ámbito político, sin que se atrevan o nos atrevamos a ponerle  fecha cierta de expiración, como si la vida misma fuese una burda relación contractual.

Valga la acotación, con Camus podemos atacar la fe y también defenderla y Santo Tomás de Aquino puede servir para el ataque y la defensa. Imposible entender todo como una mera disputa por el poder, aunque obran dos circunstancias: la una, el país traviesa una indecible crisis existencial que obliga a posponer y acumular materias, como el del denominado matrimonio igualitario; y, la otra, al  versar sobre el cambio y sus transformaciones, Foucault aconsejaba mirar las cosas con una mayor proximidad para no deslumbrarse tan fácilmente por  las generalizaciones discursivas en trance.

(*)  “La arqueología de saber”, Siglo Veintiuno Editores, México, 1979: 279.


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Última actualización el Viernes, 15 de Mayo de 2020 07:36
 
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