Intercambio de barajitas
Escrito por Narciso Guaramato Parra (economista)   
Lunes, 08 de Febrero de 2010 17:05

altFue  una semana terrible, los malestares producidos por la enfermedad que padezco desde hace algunos años me obligaron a guardar cama. En el no tener nada que hacer, no hallaba de que escribir esta semana. Quería descansar un poco de los temas económicos, pero nada se me ocurría, quería tratar un tema optimista, pero entre los discursos del presidente y los noticieros nacionales, el optimismo huyó por la izquierda.

Pero  quiso el destino  que al pasar por mi biblioteca para ver si encontraba algo con que matar mi fastidio, mi mano tomara un pequeño libro escrito por Mari Montes. En el mismo la autora recopila una serie de sus más apreciados recuerdos sobre su vida y el béisbol. Recuerdos que llamó barajitas. Imagino que en honor a esas pequeñas estampas que muchos coleccionamos en nuestra infancia.

Leer sus barajitas resultó revisar el recuerdo de las mías. El béisbol fue parte importante de mi infancia. El relato del inicio de su relación con la gran maquinaria roja (los Rojos de Cincinnati) es el relato de lo que me paso a mí, con la única diferencia que yo sigo con ellos. Aunque su relato sobre los Orioles me hizo recordar la emoción que sentí cuando entré al parque de los Orioles  o cuando me senté por la tercera base y pude ver de muy cerca a Cal Ripken Jr.

Las barajitas de Mari fueron muy motivas para mí porque soy hijo de un hombre que ha amado a este juego y que le ha dedicado gran parte de su vida. Que fue parte importante de esa pelota aficionada, categoría AA,  de muy alta calidad que se jugó  hace muchos años.

Los primeros años de mi vida, bueno hasta  bien entrada la adolescencia estuvieron ligados al equipo Vigilantes, el mismo que  fue formado por el Patón Carrasquel y que fue dirigido posteriormente por su sobrino el Chico, padrino de mi hermano. Yo, al igual que Mari Montes, me deleité de los cuentos de Alfonso Carrasquel y cada 23 de enero, siendo también vecino de San José, era costumbre ir a su casa a celebrar su cumpleaños.

Leer sobre el universitario  fue recordar sus rincones, los cuales recorrí con curiosidad infantil, mientras que en el terreno se enfrentaba el Vigilantes con el INOS o la UCV o cualquiera de esos equipos que conformaban la liga. Fue volver a saborear los pinchos o las naranjas peladas, fue revivir los cientos de juegos de pelota de goma que realizamos los hijos de los pelotero, emulando las hazañas que realizaban nuestro padres en el terreno. Fue volver a sentir la alegría de que me permitieran marcar las bolas y strike en la vieja pizarra desde el control que estaba ubicada en la caseta de sonido.

Tanto el parque de los chaguaramos como el  Chato Candela, en la popular parroquia del 23 de enero, fueron los escenarios de mis fines de semana. Quisiera aprovechar la oportunidad de invitar a los periodistas deportivos     a rescatar la memoria de este béisbol que produjo jugadores tan buenos como cualquier profesional de la época. El negro Flores, Víctor Obelmejías, Bikini González, Francisco Gorrín, etc. por mencionar algunos de los que recuerdo.

Debo agradecer a Mari Montes haberme proporcionado un hermoso domingo de recuerdos, un relajante paréntesis en la diaria conflictividad que estamos viviendo. Gracias Mari

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