Accion de Gracias por la fundación de Calabozo
Escrito por P. Marcos A. Ruz Calatrava   
Lunes, 03 de Febrero de 2020 06:43

altEl primero de febrero de 1724, hoy hace 296 años, se  levantó la Cruz  para bendecir la Villa de Nuestra Señora de la Candelaria de Calabozo.

Desde sus orígenes la presencia de la fe, de la Iglesia y de los misioneros han estado siempre presentes en la construcción de esta comunidad llanera. Dos años más tarde, 1726, el nombre que ostentaba era el de Villa de Todos los Santos de Calabozo, nombre que conserva hasta hoy. Para 1744 existían dos pequeños pueblos o misiones, la de la Santísima Trinidad y la de Nuestra Señora de los Ángeles.

Celebrar esta Eucaristía, tiene por tanto un significado al que podemos orientar en tres vertientes: la vertiente de la fe, la vertiente de la hisotira y la vertiente de la relidad que nos toca vivir.

En la vertiente de la fe es conveniente destacar la presencia desde el principio de aquel sentimiento religioso que nos invita a mirar hacia Dios para tratar de comprender lo que implica esta celebración en la actual realidad en que nos encontramos los venezolanos, y de la que no puede escapar nuestra casi tricentenaria ciudad calaboceña. Y precisamente ese Dios que hoy nos acaba de hablar nos recuerda que no le es indiferente el daño ocasionado a sus predilectos, a sus hijos más queridos, los pobres, grupo en el que por desacertadas decisiones gubernamentales nos hallamos todos inmersos. Al igual que el rico que se aprovechó de la única oveja del pobre, el régimen que detenta el poder se ha dado a la tarea de esquilar a la única oveja, que en el argot pastoril reprenta a todos los que forman parte del gran redil de Venezuela, saqueado para brindar opulencia y bienestar a los amigos del rico, entiéndase tirano, que les rinde la triste pleitesía de brindar lo que no le pertenece (la oveja del pobre) a fin de ganarse un puesto entre esos amigos que para nada se interesan por el bien del dueño pobre (pueblo) de la única oveja que otrora cuidaba con sentimiento de amor patrio e identidad nacionalista.

Han convertido a la Venezuela pujante del pasado siglo, la de la OPEP, la de los grandes estudiados gracias a la Gran Mariscal de Ayacucho, a los de la Academia del saber universitario, en esa barca que hoy sufre los embates de una tormenta que casi la hunde. Pero hoy, una luz nos devuelve la esperanza al invitarnos a mirar a ese Jesús que, aparentemente duerme, pero que está presente, y nos dice también a nosotros ¿Por qué dudan?    Hoy, el Señor nos quiere invitar a poner nuestra confianza en Él, el Señor de la Historia, para decirnos que no debemos quedarnos con los brazos cruzados sino "remar mar adentro" hacia la Libertad, que es el ùnico bien supremo al que tenemos el derecho y el deber de aspirar los que amamos realmente a esta Venezuela que nos necesita para volver a ser la Gran Venezuela, la de las oportunidades, la del bienestar general, la de la seguridad y libertad jurídica, económica y social, porque también nosotros somos Pueblo de Dios.

En la vertiente de la historia es conveniente llamar la atención de cuantos por el Bautismo hemos sido añadidos al Cuerpo de Cristo que aquí se llama Iglesia Católica, y que tiene la responsabilidad de mantener en alto el orgullo de ser reconocidos en el mundo entero como la República del Santísimo Sacramento, nombre que gestaron aquellos misioneros de los orígenes que sembrando la fe, pusieron las bases de una nación católica que logró ganarse dicho apelativo. Pero las olas del materialismo, de la indiferencia e incredulidad han dado paso a las olas de las sectas, de la santería y de cuanta filosofía ajena al Evangelio ha provocado el peligroso fenómeno de la división, rompiendo la unidad de la barca que es Venezuela, sin importar los que viajan en ella, y tienen derecho a llegar al puerto seguro de la Libertad, la Justicia, la Democracia y la paz.

En la vertiente de la realidad es imposible esconder la triste realidad que hoy nos describe y que podemos resumir, entre otras cosas, por las familas desarticuladas por un proceso migratorio que obliga a nuestra gente a buscar sobrevivir en lugares donde puedan al menos conseguir lo mínimo indispensable para vivir dignamente; el nivel educativo reducido a su mínima expresión en retroceso implacable de más de cien años, causando -además- la fuga de cerebros que nos cierra las puertas al crecimiento económico, político y social; el hambre que provoca miseria, mendingancia, y lo más triste, el denigrante espectáculo de ver familias enteras que buscan en la basura algún producto (podrido o descompuesto) que pueda saciar el hambre que sufre el estómago de nuestra gente;  la inseguridad que ha convertido nuestras hermosas calles en desiertos oscuros y tenebrosos que obligan a nuestros muchachos a permanecer encerrados en sus casas sin derecho a jugar con sus amigos por temor a los criminales que deambulan tranquilos sintiéndose dueños del espacio que es de todos. En fin, para no hacer más larga la lista que sí lo es, me atrevo a resumir nuestra realidad como la conversión de la "Tierra de Gracia" y "pequeña Venecia" en la tierra de nadie en la que nos han obligado a vivir, soportando la torpeza, o más bien viveza, de regímenes extraños cuyo interés no está en nuestra gente sino en nuestra riqueza (aprovechándose de la oveja del pobre) y que nos da el derecho a elevar nuestra voz para denunciar lo que a los ojos de Dios se ha convertido en el peor de los crímenes como es acabar con este noble pueblo que forjaron nuestros próceres independentistas.

Como Iglesia, como cristianos y como profetas nos toca anunciar que Dios nos regaló una tierra que no puede envidiar a ningún otro país del mundo por tenerlo todo (llanuras, montañas, nieve, desierto y mar) y que es de todos los habitantes de esta noble nación; pero también nos toca denunciar, al igual que Natán lo hiciera con David, que esta gente que rige  los destinos de nuestra Patria desde hace ya veinte años, lo único que ha sabido hacer es vivir de la oveja del pobre para valerse de sus bienes, nuestros bienes, y hacerse ricos sin derecho, pero con la bandera de la violencia que les ha dado el poder de destruir.....

Elevo, y los invito a todos a elevar conmigo, una oración por la Paz y la Libertad de nuestro pueblo, nuestra gente y nuestra Nación, con la confianza de saber que si acudimos con fe al Señor, el actuará y pronto, más pronto que tarde, nos devolverá la calma despues de la tormenta, como lo hiciera Jesús con sus apóstoles en aquella ocasión que hoy nos ha narrado el Evangelio. Eso sí, solo si logramos la unidad verdadera, que es la única arma que nos hará fuertes frente al enemigo feroz que nos está devorando.

Jesús, Señor de la Historia, danos el vernos libres de esta tiranía que además de desconocerte, pretende ocupar el puesto que tú concediste y concederás a aquellos hombres que nuestro pueblo elija en plena libertad.

P. Marcos A. Ruz Calatrava

1de Febrero de 2020

 


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