Sociedad disciplinada
Escrito por María Alejandra Malaver | @malemalaver   
Jueves, 11 de Julio de 2019 05:56

alt“El éxito es simplemente la aplicación diaria de la disciplina”, esta frase de Jim Rohn describe muy bien el espíritu de este artículo de opinión,

que busca promover la disciplina como parte fundamental del desarrollo de las sociedades. 

A veces confundimos la disciplina con el rigor injusto, con ataduras, con orden extremo y con regímenes de opresión, y nos equivocamos de cabo a rabo; ya que nos olvidamos que la disciplina es el empeño que asumamos con la persecución de nuestras metas individuales y sociales. 

La disciplina es una escalera para llegar hasta el éxito; en muchas ocasiones, como individuos, no nos basta con ser talentosos, porque el talento a secas no es sinónimo de éxito o de glorias, por el contrario las cualidades óptimas sin  el compromiso personal de aprovecharla es un vicio en sí mismo. 

Cuando somos disciplinados, cuando nos dedicamos a hacer las cosas y hacerlas de la mejor forma, cuando respetamos el tiempo propio y de los demás, cuando valoramos los esfuerzos de cada quién, cuando marchamos rumbo a la excelencia, a través del trabajo incesante, coordinado y bien desarrollado, nos acercamos al éxito. 

Esta ha sido la clave del éxito de la sociedad japonesa. Los nipones no inventaron el automóvil, pero cuántas marcas de vehículos no son propiedad de consorcios japoneses; ellos no inventaron la informática, no obstante son una nación adelantadísima en el área. 

Japón, que quedó hundida económica, social y moralmente después de la Segunda Guerra Mundial, se levantó de sus propias cenizas, para transformarse en una potencia económica y tecnológica. ¿La razón? La disciplina. 

Los japoneses no son personas creativas, pero sí son personas disciplinadas. Son hombres y mujeres que no desmayan en su propósito de ser mejores cada día. A tal punto, que un viejo adagio nipón dice: “a la larga la disciplina vence a la inteligencia”. 

Sin embargo, por qué nuestra cultura occidental, y sobre todo latinoamericana, no termina de concebir esta percepción del camino del éxito. La respuesta es que solemos confundir disciplina con cadenas, con rigores innecesarios, y en realidad esta palabra, en su uso correcto, tiene que ver más con responsabilidad. 

Nuestras sociedades, prefieren la irresponsabilidad intrínseca en la indisciplina, que la asunción individual y colectiva de nuestro papel para el crecimiento total de la ciudadanía. 

El ejercicio de la disciplina en la sociedad japonesa es un ejemplo que nosotros debemos analizar y tratar de emular.

Los ciudadanos venezolanos necesitaremos de mucha disciplina para reconstruir a la nación.

Debemos ser una sociedad disciplinada más no adoctrinada, esta es la diferencia del Japón actual frente a la Alemania de Hitler o de la Rusia de Stalin; la disciplina per sé no corta libertades, sino que le da dimensiones, marcos de referencia y base para su crecimiento y expansión plena.

Te invito a trabajar por una Venezuela exitosa, y esto significa que todos debemos ser disciplinados. Si nos lo proponemos, podemos hacer. 

 

 


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