De una infinita remodelación
Escrito por Luis Barragán | @luisbarraganj   
Lunes, 10 de Septiembre de 2018 00:00

altQue no real y sostenido mantenimiento, siendo otras y urgentes las prioridades, no hay caserío, pueblo y ciudad del país que no exhiba una remodelación secundaria

e interesada de sus espacios públicos, por modesta que fuese en los hechos, aunque abultadas en sus cifras. Ignorado el origen de los recursos o el presupuesto que se ejecuta, las autoridades inconsultamente tienden a retocar las obras, sobre todo después de los fraudes comiciales, beneficiando a contratistas afines a la causa política que los elevó bajo el socialismo parasitario en curso.

Otra no puede ser la premisa, desconocido y, menos discutido, todo plan de transformación urbana que relega al concejal, en el mejor de los casos, a la silla de los espectadores.  El deterioro es el único resultado de una constante improvisación reacia a toda intromisión ciudadana y, con mayor razón, a la curiosidad misma de  los urbanistas,  arquitectos e ingenieros que quedan en el país.

Desde hace varias semanas atrás, en las adyacencias del Palacio Legislativo, observamos el taladramiento sistemático de las aceras, luciendo ya una  distinta y árida  alfombra de cemento, sin que hubiese manera de acceder a la información mínima, concreta y confiable que nos orientara sobre el costo y el propósito perseguido por la alcaldía menor de Caracas. Los alrededores de la estación del metro de la esquina de Capitolio y  La Pedrera, por ejemplo,  recibieron el hachazo de las maquinarias, aunque se tratase de un piso de mármol de carrara todavía en estupendas condiciones, compacto y fuerte, cónsono con el diseño original de un lugar ahora de mal ganada precariedad.

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El acceso al metro, atiborrado de viejas y nuevas pintas oficialista, sumergido  en la suciedad y la delincuencia común, referido por varios semáforos ornamentales y una parada de transporte superficial, obviamente, no el mismo al de su inauguración, irrespetado con absoluta sinceridad por las autoridades d esta década. Un costado, por cierto, de un diferente y cuidado piso, se convirtió en coto cerrado de comerciantes presuntamente informales, mientras que, el otro, está abierto para la delincuencia común, ambientada la precariedad donde la mirada fue alguna vez grata.

Siendo otras las emergencias de la ciudad capital, el histórico casco central sufre de esa ya imperceptible e innecesaria remodelación de las aceras, las que conducen a la Plaza de El Venezolano de numerosos locales expropiados. Aparentemente, esta histórica plaza será el epicentro de restaurantes y otros servicios de exquisitez, según el criterio de las autoridades de turno, tejidos sus accesos por el rústico cemento que, en todo caso, deja abierta  la ocasión para una cerámica que jamás será la que muy vistosa, resistente y duradera que dejó el siglo XX.

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Fotografías: LB, Caracas, 07,29 y 31/07/2018; y 03 y 13/08/18.  Video corto, Caracas,  31/07/2018.  Difíciles de tomar en el lugar, por su obvia peligrosidad,gráficamente reseña el lugar, la estación, la nobleza del piso taladrado, el nuevo piso. Es una muestra de las fotografías que anexan una denuncia interpuesta ante la Comisión Permanente de Cultura de la Asamblea Nacional, pendiente de evacuar al concluir el receso parlamentario.


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