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Cuidado con la estrategia MerentesResulta muy positivo que -por fin- el gobierno haya decidido dialogar con el sector privado para solucionar el problema del desabastecimiento. Todo indica que este ... |
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Paquetazo y fraude económicoExiste una evidente contradicción entre los aspectos teorico-practicos del socialismo científico (marxismo leninismo) y las medidas de estos autodenominados revolucionarios del siglo ... |
Venezuela militarizadaLa quimera oficial se está desvaneciendo La crisis está socavando las bases del gobierno ilegítimo. Estamos despojando de futuro a las nuevas ... |
| El niño, la cerca y el perro |
| Escrito por Francisco Gámez Arcaya |
Hay un episodio, muchas veces graficado en comiquitas, sobre un niño, una cerca y un perro. Se refiere a un niño que se creía muy valiente
ante un fuerte e imponente perro, cuando una inmensa cerca lo separaba de él. Su valentía, sin embargo, no era el resultado de sus fuerzas o de su coraje, sino de la capacidad que tenía aquella cerca de mantenerlo a salvo.Mientras la cerca existe, el niño agrede al perro. Al comienzo su conducta no pasaba de unos tímidos insultos. Luego, al verificar que la cerca era confiable, el niño pasaba de los gritos a las piedras. En el desarrollo de sus provocaciones, el niño se mostraba cada vez más altanero, más arrogante, más seguro de sí mismo. Era dueño y señor de su espacio. Pensaba que el tiempo que vivía, de insultos y pedradas, era eterno. Se sentía cómodo. Con el tiempo, se le acercaron dos o tres amigos, adulantes e interesados y con igual carácter revanchista, que se unían a la fiesta de las vejaciones. Ellos detrás de la cerca y detrás del niño, insultaban y agredían. Sacaban provecho de la situación aplastante que poseía el niño frente al perro, cerca de por medio, obviamente. Del otro lado, el perro trataba de ajustar su vida a la lluvia de piedras y a la indefensión. Al comienzo ladraba y contraatacaba infructuosamente. Luego pensaba que no era mucho lo que podía hacer para defenderse. La cerca era grande y sólida. Nada podía impedir esas agresiones ilegítimas. Con rabia contenida por la cobardía del niño, su mayor decepción era el estado de putrefacción en que se había convertido su entorno. Mientras tanto, el perro resistía. Luego, algunos se aproximaron y le informaron al niño y a su pandilla que el fin de la cerca estaba al cruzar la esquina. No les creyeron. Embriagados de poder y de violencia no podían ver que unos metros más allá la cerca terminaba. El perro, sin embargo, con la esperanza puesta en el final, seguía resistiendo las pedradas, cada vez más intensas. Finalmente, el niño y sus secuaces se percataron de a golpe que efectivamente, mientras avanzaban lateralmente, la cerca concluía, dejándolos desnudos y desprovistos de sus protecciones pasadas. En ese preciso momento es cuando el verdadero carácter del niño quedaba al descubierto. Aquel que vociferaba insultos, que se mostraba con arrogancia petulante, que vejaba y apedreaba al compás del aplauso de los suyos, pasa a ser lo que siempre fue, un ser diminuto. Un individuo que pide treguas, suplicante, lloroso y sobre todo débil. Algunos de sus amigos huyen, otros intentan congraciarse disimuladamente con el perro. En Venezuela, identificar al niño y su pandilla, a quienes le sirven de cerca y a quienes representa el perro es tarea dejada al criterio y la conciencia de cada quien. @GamezArcaya |