Gonzalo Picón Febres y la fecha de fundación de la Universidad de Los Andes
Escrito por Alí Enrique López Bohórquez   

A Gonzalo Picón Febres correspondió el Discurso de Orden para conmemorar el primer centenario de la Universidad de Los Andes. Este merideño, abogado, escritor, diplomático, filólogo y periodista, realizó sus primeros estudios en la ULA, los que continuará en la Universidad Central de Venezuela, para luego culminarlos en la universidad merideña en la carrera de Ciencias Políticas o de Derecho en 1895. Su obra literaria, que comprende ensayos, poemas y novelas, es extensa; entre otras: ‘Páginas Sueltas’ (1889), ‘Revoltillo’ (1890), ‘Caléndulas y Fidelia’ (1893), ‘Flor’ (1898), ‘El Sargento Felipe’ (1899) y ‘La literatura venezolana en el siglo XIX’ (1906). Su prolífica actividad como escritor la compartió con funciones públicas como la de Cónsul de Venezuela en Francia (1888), de Canciller de la Legación de Venezuela en Colombia, Ecuador y Centroamérica (1890-1891), Ministro de Correos, Senador por el Gran Estado Los Andes y Primer Vicepresidente de la Cámara del Senado (1899), Director en el Ministerio de Relaciones Interiores (1906) y encargado de esa cartera en 1907, para asumir al año siguiente el cargo de Cónsul en New York. Al no avenirse con el Gobierno de Juan Vicente Gómez, Picón Febres decidió volver a Mérida, donde ejercerá como profesor de la universidad entre 1910 y 1913. Permanecerá en su ciudad natal por un tiempo, partiendo después a Curazao, lugar en el que fallecerá el 6 de junio de 1918.

 

Veamos ahora aspectos fundamentales del discurso de Gonzalo Picón Febres, con el cual seguía reforzándose la idea de que la ULA había sido fundada en 1810 y se enaltecía la labor cumplida desde entonces: “la verdadera y limpia gloria de esta universidad ilustre, matrona de prosapia esclarecida; tenía derecho a ser cantada en este día y por todos los labios ensalzada. En el primer centenario de su advenimiento a la vida de la inteligencia, tocaba a los hijos de la eminente sabia distinguirla, enaltecerla dignamente, coronarla de flores y laureles, bendecirla desde lo más hondo del alma y mostrarla con todas sus virtudes, con todo el esplendor de sus preseas, con la historia de su abnegada vida como brillante ejemplo y con la íntegra luz de su aureola al respeto y admiración de Venezuela. Los que al mundo intelectual nacimos de las entrañas de su ser, los que en su regazo blando logramos aprender los fundamentos de la sabiduría, los que de sus labios escuchamos por la primera vez el armoniosos cántico de la civilización, los que bebimos la cultura en la abundancia fragante de su seno y vimos en sus ojos aquella casta lumbre que ilumina las espaciosas rutas alfombradas de lirios y de rosas…, debíamos honrarnos al honrarla en este acto de singular nobleza, glorificarnos al exaltar su gloria y su renombre, y elevarnos un poco sobre la triste pequeñez de la miseria humana al colocarla a tanta altura como esa de las nevadas cumbres de Los Andes…”.

 

Picón Febres también reconoció el origen de la institución universitaria al señalar que “fue concebida a la sombra de Dios cerca del templo, la amparó la religión hasta el feliz momento de nacer; nació con los primeros resplandores de la mayoría de la magna revolución de independencia; y… desde entonces no hizo en su retiro, sino alumbrar a muchos pueblos de la nación venezolana...”. En tono romántico y literario, pero de contundencia política, también exaltó la labor que la universidad había realizado, criticando a los gobiernos que la habían mancillado: “durante un siglo de combate por el triunfo de la flor sobre los légamos, de la alegría del alba sobre el miedo de la sombra, del Dante sobre Atila, de Dios sobre el arcángel despeñado y eterno habitador de las tinieblas, instruyó, educó, civilizó, tuvo grande el corazón para preservar en la enseñanza de los hombres…; resistió como un baluarte poderoso, como un acantilado formidable la soberbia de los engreídos, las irrupciones de los bárbaros y los empujes de los retardatarios, a fin de persuadir que lo que salva a las naciones son las próvidas ideas condensadas en las letras radiosas de los libros; llevó a ciudades numerosos cerebros conscientes e ilustrados, para decir la eterna bella nueva de que el mundo no hace altos en el camino del progreso; conservó en la humildad y modestia de ese Claustro….”. Para concluir que la ULA “fue la que dio más alta prez, honra y provecho a la ciudad, la que sacó un nombre fuera de las estribaciones de Los Andes, y la que puso como en mármol y en bronce trabajados los más hermosos timbres en los claros anales de su historia”. Esta pieza oratoria se sumaba a los citados escritos de Febres Cordero, Pagés Monsant, Salas y Parra Picón, los cuales representarán, junto con los documentos, la base fundamental historiográfica sobre la que se sostendrá por más de medio siglo, que la Universidad de Los Andes había sido creada en 1810, y que comenzará a ser tergiversado a partir de 1950.

 


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