La “oportuna” muerte de Linares Alcántara
Escrito por Javier Escala   

altLa Guaira, sábado 30 de noviembre de 1878. El presidente de Venezuela, general Francisco Linares Alcántara (n. Turmero. 1825)

ha muerto a las once y media de la noche de afección bronquial. Contaba con apenas 53 años. Su súbito deceso representó el primer caso de mandatario fallecido en funciones de gobierno[1].

Fue Linares Alcántara figura de efímera jefatura nacional. Mandó un año, nueve meses y veintiocho días[2]. Sin embargo, el tiempo que presidió los destinos de la república resultó suficiente para dividir el Partido Liberal Amarillo en dos corrientes, reñir contra el tutelaje de Guzmán Blanco, llevar los restos del ilustre José María Vargas al Panteón Nacional[3], promover la publicación de obras valiosas para el acervo cultural de Venezuela[4], abrir el comercio entre los puertos de La Vela y Maracaibo con Curazao, regular el tránsito marítimo de mercancías en la Goajira y sofocar sin menoscabo político a guzmancistas en armas.

La elección de este caudillo aragüeño, hijo de prócer[5], participe de la Guerra Federal y defensor de la bandera liberal pasó por la venia del único gran elector de Venezuela, Antonio Guzmán Blanco. Nada caminaba en el país de entonces sin la aprobación del líder de la Revolución de Abril. El nombramiento no fue sencillo. Linares había ejercido fielmente, en calidad de Primer Designado, la presidencia en 1873 y 1874 y actuado de forma contundente contra los enemigos del Ilustre Americano durante el septenio[6]. No obstante, Guzmán tenía entre sus miras sucesorias al general Hermenegildo G. Zavarse, hombre de más vuelo dentro del liberalismo. La campaña fue reñida y Zavarse termina por enfermar y dejar el camino servido a su rival, como recompensa el Congreso, en abril de 1877, le entrega en calidad de “donación” 20.000 venezolanos por servicios a la patria.

En principio, la elección de Linares Alcántara no parecía entrar en contradicción con las líneas de Guzmán. Su primer gabinete estuvo compuesto por hombres de reputada lealtad. El propio Linares le haría saber al saliente presidente el día de su elección: “…me complazco en asegurarle que seré para usted lo que siempre he sido y que nunca jamás se arrepentirá de haberme abrumado con su confianza… mi elección significa que el pueblo de Venezuela me juzga digno de conservar con lealtad inquebrantable este precioso depósito de gloria que usted ha acumulado para hacer inmortal su nombre y para honra eterna de la Patria[7]. Sin embargo, el distanciamiento inicia a los pocos días de salir Guzmán del país[8]. Se acepta la prensa libre y con ello las críticas abiertas contra el Autócrata Civilizador. El 24 de mayo de 1877 se emite el llamado Decreto de la Paz, que permite el retorno de los exiliados del septenio. El hecho fue celebrado y explotado en beneficio de la reacción por Nicanor Bolet Peraza, el mayor publicista del breve régimen. Asimismo, el Congreso tributó a Linares Alcántara el título de “Gran Demócrata” en señal de adulación y más tarde la suma de 100 mil venezolanos. 

La estrategia de Alcántara no era otra que la de ganar confianza entre la oposición con el desmontaje selectivo de las  políticas precedentes para captar aliados y crear nuevos grupos de poder en torno de sí, aunque sus acciones fueron graduales y en apariencia justificadas bajo un signo de respeto a las libertades individuales. 

El nuevo mandatario simpatizaba con la idea de retornar a la Constitución de 1864, la cual no solo ampliaba el número de estados y su autonomía sino el periodo presidencial a 4 años. La ambición de proseguir en el ejecutivo quedó anunciada al público el 15 de septiembre de 1878, fecha en la que el propio presidente, con el empuje de Laureano Villanueva, convocó para el 10 de diciembre, aniversario de la emblemática batalla de Santa Inés, una Asamblea Constituyente para reformar “el pacto de unión bajo las bases establecidas en la inmortal constitución de 1864”. 

Fue aquello la gota que derramó el vaso para los fieles del Ilustre Americano. El general Joaquín Crespo y Diego Bautista Urbaneja se rebelan en Trinidad contra tal pretensión. Las aspiraciones de Andueza Palacio, favorito para la sucesión antes de la constituyente, León Colina, José Ignacio Pulido y Juan Antonio Machado  fueron eliminadas, pues las elecciones quedaban suspendidas de hecho[9]. Andueza, canciller y ministro de hacienda del régimen[10],  resulta acusado por la prensa de ser reaccionario contra Alcántara y sin hoja militar para dirigir la nación; terminó optando por el exilio en junio de 1878. El general Pulido, para entonces antiguzmancista, va a las armas en protesta por la anulación de los comicios pero es derrotado pronto. Colina y Machado se mantienen indiferentes.

Ese era el escenario político para noviembre de 1878. Todo parecía ir en contra de Guzmán Blanco, quien en París publicaba En defensa del septenio. Sus aliados se hallaban acorralados y exiliados, su constitución a punto de sucumbir y el país prácticamente fuera de su mano. En diciembre de 1878 el Congreso Constituyente materializa el acto final contra  el guzmancismo con la promulgación de un decreto que manda a retirar sus estatuas en Caracas y la reinstauración de la carta del 64. Fue esta una medida sin fuerza en el tiempo. La muerte de Linares Alcántara cambió todo[11]. La reacción quedó sin líder y aquellos llamados a mantenerla aclaman el retorno del Autócrata Civilizador. Desde Valencia, los acólitos de Guzmán, promueven la Revolución Reivindicadora que dirige el general Gregorio Cedeño[12]. Crespo se unió a este movimiento en Guárico, armándose así todo el centro del país contra el débil gobierno de José Gregorio Valera. En febrero de 1879 los revolucionarios combaten y vencen en La Victoria tras 5 días de batalla. El 13 de ese mes Cedeño ocupa con 10.000 hombres la capital. El Congreso llamado por Alcántara cesa, Guzmán retorna al poder y en abril es nombrado Presidente Provisional, luego en marzo de 1880 Presidente Constitucional y en 1882 reelecto hasta 1884, fue este el periodo conocido como El Quinquenio.  

Las estatuas para su vanagloria fueron erigidas de nuevo[13], la constitución reformada en 1881, los enemigos más acérrimos desterrados, caso de Bolet Peraza y Laureano Villanueva, otros menos desafortunados retornan a la vida pública como Andueza Palacio, el cual logra la presidencia en 1890. Para cerciorarse de no repetir la amarga experiencia El Ilustre Americano delegó en 1884 el poder en Crespo, quien sin inconvenientes lo devolvió al jefe liberal dos años más tarde. La égida de Guzmán sobre Venezuela concluiría con una rebelión definitiva llevada por su propia gente en 1889. 

El general Francisco Linares Alcántara quedó olvidado bajo una losa en el Panteón Nacional. Su mandato breve fue tildado por la oposición de desastroso en lo económico y abusivo en el campo político. En suma, su periodo fue un interregno para la autocracia guzmancista y un ofrecimiento más de cambio con visos de continuismo. 

   

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Exequias al general Francisco Linares Alcántara en la Catedral de Caracas, diciembre 1878.

  

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Retrato del general Linares Alcántara hecho por Antonio Esteban Frías en 1911. Ministerio de Relaciones Exteriores. Caracas. Venezuela. 


Notas

[1] Los otros presidentes que han dejado de vivir en funciones son: Juan Vicente Gómez (1935), Carlos Delgado Chalbaud (1950) y Hugo Chávez (2013). 

[2] Electo por Congreso con 14 votos a favor y 6 en contra, el 27 de febrero de 1877. El 2 de marzo, Linares Alcántara presta juramento y el 6 emite su primera alocución. La Constitución vigente de 1874 establecía el periodo presidencial a 2 años, sin reelección inmediata (Art. 69 y 70). La nueva fórmula constitucional entraría en vigor el 20 de febrero de 1877, fecha en la que Guzmán Blanco abandona la presidencia para poner en orden sus negocios en Francia. 

[3] Las solemnidades con motivo de la inhumación de los restos de Vargas en el Panteón, el 27 de abril de 1877,  quedaron reunidas en el libro titulado Apoteosis del eminente ciudadano doctor José María Vargas.

[4]  Entre las obras publicadas durante su periodo se encuentran las de Ramón Azpúrua (Anales de Venezuela y Biografías de hombres notables de Hispanoamérica). Los últimos volúmenes de la recopilación de Ramón Azpúrua con José Félix Blanco (Documentos para la historia de la vida pública del Libertador de Colombia, Perú y Bolivia); Miguel Tejera, Venezuela en la exposición de París en 1878; Amenodoro Urdaneta, Catecismo republicano, entre otros.

[5] Su padre fue el general Francisco de Paula Alcántara (1878-1848).

[6] Linares Alcántara había prestado apoyo a la causa de Guzmán Blanco desde finales de 1869. Entró con éste triunfal a Caracas el 27 de abril del 1870. El 7 de septiembre de 1870 derrota al general Wenceslao Casado en Villa de Cura. En 1872 fue nombrado miembro del Consejo de guerra seguido contra Matías Salazar. En 1874 combate al general León Colina en Coro. Además de ser designado en dos ocasiones presidente provisional era compadre de Guzmán Blanco.  Era, en suma, un hombre muy cercano a Guzmán y en apariencia leal. 

[7] Citado por David Ruiz Chataing. Francisco Linares Alcántara. Caracas. Biblioteca Biográfica  Venezolana. Vol. 73. p 40.

[8] Guzmán Blanco y su familia partieron a Europa el 18 de mayo de 1877. Antes de viajar el clima de reacción contra su persona era palpable. Linares procuró desligarse de lo que sucedía ofreciéndole el cargo de embajador ante Francia, Alemania, Italia, La Santa Sede y la Liga Helvética. Sin embargo, las críticas en la prensa crecían bajo la mirada tolerante del gobierno, la estatua del Saludante era mancillada, el viejo Antonio Leocadio atacado por antiguos rivales, el contrato del ferrocarril Caracas-La Guaira que aprobó con Antomarchi Herreros anulado y él mismo acusado de controlar Alcántara como marioneta. Se suma también el estado de salud de sus hijos y los negocios pendientes en Europa. Finalmente, no solo decide irse sino renunciar a todos los cargos ofrecidos. Creía que su salida y renuncia acallaría las críticas y daría el reposo que necesitaba tras siete años de gobierno.

[9]  Alcántara suspendió las elecciones, anunció la reforma constitucional y dejó al país sin renovación de los poderes públicos. Todo quedó volcado a la asamblea constituyente. 

[10]  Como canciller Andueza Palacio suspendió el pago de las deudas dejadas por el septenio y recomendó reestablecer las relaciones con Holanda, las cuales habían sido rotas por el apoyo que en Curazao tuvo el alzamiento de León Colina en 1874. No se logra la reanudación pero si la apertura comercial entre Curazao y los puertos de La Vela y Maracaibo.

[11] Sobre la muerte de Linares Alcántara hay varias versiones. Se afirma que fue a causa de una afección pulmonar, otra cerebral y no falta la hipótesis del envenenamiento. Lo único cierto es que el presidente  presentaba malestar de salud días antes, camino a La Guaira.  Su condición parece agravar tras comer una lechosa, de allí la tesis no probada del envenenamiento. Finalmente, deliró por  varias horas hasta morir el 30 de noviembre. El Congreso le endilgó honores y su cadáver fue sepultado en el Panteón el 4 de diciembre. Quedó encargado del poder Jacinto Gutiérrez, presidente de la Corte Federal. El 20 de diciembre, el Congreso eligió a los generales José Gregorio Varela, hermano paterno de Alcántara,  y Gregorio Cedeño, primer y segundo designados.

[12] La Revolución Reivindicadora tuvo por cerebros a González Guinán, Eloy González y el propio Guzmán Blanco desde Francia. Fue un movimiento secundado por Crespo, José Ignacio Pulido, Ramón Ayala, Hermógenes López y demás caudillos. 

[13] Las estatuas habían sido derribadas el 22 de diciembre de 1878.

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