La toma de San Fernando: 7 de marzo de 1818
Escrito por Javier Escala   

altEl cerco y captura de Puerto Cabello, evento que estampa el cese de la guerra de independencia, resulta la acción militar de este tipo más conocida de José Antonio Páez.

Su importancia y duración, entre 1822 y 1823, ha marginado a tema de especialistas y conocedores regionales otro asedio en San Fernando de Apure, menos prolongado y de consecuencias más limitadas pero no por ello insignificante.

Esta aventura militar, sujeta al contexto de la Campaña del Centro, ha costado a Páez la crítica de algunos historiadores bolivarianos. José Manuel Restrepo, por ejemplo, sentenció que el jefe llanero creó con este designio suyo una fractura importante dentro de las filas republicanas: “Ninguna reflexión  fue bastante para disuadir a Páez de su proyecto favorito. Él desmembró el ejército, marchando el 23 de febrero, con su división de caballería, menos el escuadrón del coronel Vásquez, y con el batallón Apure”. El acusado ejerció la defensa en su Autobiografía, exponiendo que toda la hazaña fue bajo instrucciones del Libertador.  Vicente Lecuna, un siglo después, también imputó a Páez como causante del escape realista hacia los valles de Aragua por desear retornar a sus predios favoritos: “Obedeciendo a Páez y a los otros jefes de caballería incapaces de oponerse al de Apure, el ejército retrocedió a Calabozo bajo pretexto de remontar la caballería, pero en dicha ciudad Páez se empeñó en llevar su división a tomar San Fernando y naturalmente su plan fue aprobado”. Augusto Mijares, uno de los biógrafos más notorios de Bolívar en Venezuela, fue de igual parecer: “Páez se había negado a seguir la campaña fuera de los llanos, a pretexto de que antes debía tomar a San Fernando de Apure y de que su caballería no estaba en situación de combatir en terrenos semimontañosos. Esta última razón la admiten como fidedigna muchos historiadores”. Sin embargo, la toma de San Fernando resultó valiosa y fundamental para los republicanos en los años restantes de guerra.

Pero no conviene adelantarnos. Antes de evaluar el hecho se debe, por ser el motivo de estos artículos el relato divulgativo, contextualizar y presentar las acciones que lo generaron.

El 12 de febrero de 1818 Morillo fue sorprendido por Bolívar y Páez en Calabozo. No obstante, de manera muy hábil y con el favor de la noche logró huir con su ejército hacia El Sombrero. En ese lugar, según O’Leary, ofreció: “una resistencia vigorosa, sosteniendo por dos horas un fuego incesante y mortífero al abrigo de su formidable posición”. Para las huestes de Bolívar tal aguante hizo perder un centenar de hombres y producir descontento entre algunos oficiales, quienes exponían la fatiga, humana y animal, como argumento tras cinco días de lucha y persecución entre Calabozo, La Uriosa y El Sombrero (12-16 de febrero de 1818).  El Libertador comprendió la situación y la desmoralización que una pérdida mayor en bajas y deserciones ocasionaría a sus fuerzas y liderazgo, no del todo consolidado aún sobre los llaneros del Apure: “La necesidad—escribía el día 17  desde Calabozo al comandante de la fuerzas sutiles— de remontar nuestra caballería y de dar algún reposo a nuestra infantería, que también lo necesitaba, nos ha hecho suspender la persecución con todo el ejército”. Así fue como los monárquicos no resultaron doblegados a pesar del fiero combate entablado el día 16, pudiendo continuar su marcha hacia los valles de Aragua sin ningún otro acoso. 

Llegados a este punto encontramos la decisión de Páez de ir a San Fernando y concluir el asedio allí establecido hacía una semana. Sus argumentos eran válidos desde el aspecto militar porque exponían la necesidad de proteger la retaguardia, asegurar una base de operaciones en la villa mencionada y proteger con su captura el núcleo de la república en Guayana: “Si la fortuna no nos daba una victoria en los valles de Aragua o en su tránsito, era más que probable nuestra completa ruina, porque los llaneros de Calabozo acabarían con nosotros antes de llegar a Apure y el ejército enemigo nos seguiría hasta su plaza fortificada de San Fernando, y embarcando allí con la mayor facilidad mil o dos mil hombres en cinco o seis días, iría a Guayana, río abajo, la cual ocuparía sin oposición porque nosotros no teníamos allí fuerzas ningunas”. Esta apreciación de Páez, escrita casi medio siglo después, está muy ajustada a la situación de Angostura tras la salida del Libertador con el grueso del ejército en diciembre de 1817. La carta de éste a Bermúdez el 8 de febrero de 1818 lo demuestra: “Se lamenta Ud. de haber hallado en la plaza (de Angostura) y en la provincia (de Guayana) en un estado miserable, sin armas ni municiones, sin tropa y sin marina… pero Ud. sabe que de otro modo no podría hacerse la campaña”.  Asimismo, señaló la poca utilidad de avanzar con una caballería repleta de bestias maltratadas hacia terrenos accidentados como los de Aragua y recordó la limitada aceptación de los llaneros centrales a la causa insurgente. Este asunto, muy palpable con la presencia del canario Francisco Tomás Morales, procuró ser resuelto con dictámenes de Bolívar a Rangel y Lara, invitando mantener la disciplina, combatir las injusticias contra la población civil y ofrecer amnistía a todo hombre que uniera su destino al ejército libertador.

A pesar de lo expuesto, las intenciones de Bolívar fueron en principio otras. El 19 de febrero manifestó su resolución de marchar hacia Ortiz, donde repondría las tropas con los pastos y víveres del lugar, presentaría defensa en caso de ser hostigado, atendería con más celeridad la pacificación del llano central y tomaría cualquier medida perentoria sobre los valles de Aragua, San Carlos o Valencia. Sin embargo, advertido de que Morillo había robustecido sus fuerzas en Barbacoas, sin la caballería dispuesta a seguirle y con una infantería molida, aceptó las sugerencias de Páez y Cedeño, quienes instaban una reconcentración en Calabozo.

El 22 de febrero consintió Bolívar las miras de Páez sobre San Fernando, nombrándolo Comandante General de Barinas y con órdenes precisas: “Tomada San Fernando (…) marchará (sin embargo) Ud. sobre San Carlos, si estuviere en poder del enemigo, o sobre Valencia a reunirse al ejército que probablemente estará entonces obrando por aquella parte; pero si Calzada, no hubiere aun evacuado del todo a Barinas, se dirigirá a donde él esté, y no vendrá a reunírseme hasta no haberlo batido, u obligado abandonar aquella provincia”. Al día siguiente de ser designado, salió con toda la división Apure, unos 1.000 hombres, a la tierra que tantos triunfos le había ofrendado. No volvería reunirse con el Libertador sino un mes después en El Rastro (Guárico), trasladando consigo una fuerza de 2.100 hombres para iniciar operaciones sobre los llanos de Cojedes. 

El poblado de San Fernando, fundado en 1788 por el gobernador Fernando Miyares y González, contaba para entonces con una población inferior a los dos mil habitantes (1.795 hab. según fray Joaquín María de Málaga en 1815). Su posición rayana al río Apure, afluente del Orinoco, le brindaba una relevancia comercial incuestionable sobre el territorio. El sabio Humboldt declaró que gran parte de los productos generados en la provincia de Barinas (cueros, cacao, algodón, añil) tocaban aquel poblado antes de Angostura y demás aldeas de Guayana. 

Para 1818 moradores y soldados de la villa, compuesta de veinte manzanas cuadradas, tres calles horizontales, siete verticales y unas cien casas, enfrentaban el ataque del coronel Miguel Guerrero, delegado el 9 de febrero por el propio Bolívar para ejercer cerco sobre la guarnición realista allí apostada. Sin embargo, poco pudo hacer el oficial republicano con apenas dos escuadrones. La plaza disponía de una efectiva protección, según descripción del legionario Richard Vowell: “Estaba bien defendida de frente con varias piezas de artillería gruesa. Del lado de tierra firme había un bosque espeso donde las tropas no podían penetrar más que por un punto, y este punto importante estaba a su vez guarnecido por numerosos cañones”. Páez, pese a estos obstáculos, fue más severo y culpó del fracaso al propio Guerrero: “pues el enemigo despreciaba tanto a este jefe que con toda impunidad hacia frecuentes salidas de la plaza para ir a forrajear por la ribera derecha del Apure y en las orillas del caño de Biruaca”. Tal juicio parece encontrar más sustento en la enemistad entre ambos hombres por los sucesos de La Cosiata que por una acción real en el terreno. Esto sería largo e inoportuno de relatar, creando desviación al tema tratado aquí.

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El 26 de febrero se presentó en San Fernando el general Páez con 400 hombres; el resto de sus fuerzas las apostó en San Jaime con el coronel Rangel y en San Antonio a fin de privar a los realistas sitiados de toda comunicación con Caracas. Debe mencionarse que dos días atrás, el coronel Guerrero había conseguido estrechar el sitio con el arribo de 200 hombres provenientes de Guayana.  

La primera acción emprendida por Páez fue intimar por tres veces la rendición del comandante realista José María Quero, el cual se negó cualquier diálogo. Enseguida, el jefe llanero hizo construir una batería con dos cañones al otro lado del río Apure, custodiada por un piquete de infantería; y en la otra margen, bajo fuego del enemigo, dos baterías más, defendidas por el resto del ejército sitiador. Simultáneamente, llegaron las fuerzas sutiles del comandante Antonio Díaz, organizada en 17 embarcaciones, de las cuales 6 ocuparon la parte superior del río.

En la madrugada del 6 de marzo, cañoneados durante 12 días, desmoralizados, sin esperanza de auxilio y con los víveres agotados, los realistas abandonaron la plaza de San Fernando con dirección Achaguas. Páez abrió entonces persecución con toda la infantería (600 hombres) y parte de la caballería (600 lanzas) hasta enfrentarlos 3 leguas más adelante, en Caño Biruaca, donde resistieron con empeño las embestidas de los coroneles Juan Francisco Sánchez y Cruz Carrillo, así como otra más en Caño Negro. Sin embargo, el aguante cesó pronto. Al amanecer del día 7, con el comandante Quero herido, sin munición y con grandes bajas, los leales del rey no tuvieron más opción que rendirse en La Enea. 11 oficiales y 174 soldados fue todo lo que quedó de las tropas defensoras, constituidas en principio por 650 hombres entre españoles, venezolanos y granadinos. Las bajas llaneras fueron de 54 muertos, incluyendo siete oficiales y 62 heridos.

Narró Páez que al entrar en San Fernando encontró en la plaza mayor la cabeza del coronel Pedro Aldao, remitida por Boves desde Calabozo y puesta allí en una pica para infundir escarnio. Aldao nació en Caracas hacia 1779. En 1791 se alistó con su hermano Manuel como cadete en el batallón “Veteranos de Caracas”. Entre 1811 y 1812 fue comandante militar de San Fernando y en 1813 murió a manos del propio Boves en el combate del paso de San Mateo. 

La toma de San Fernando representó para los republicanos el dominio del Apure, la posesión de un enclave con gran relevancia comercial y la ganancia de otro acceso fluvial hacia Guayana. Tan anhelada y significativa resultaba la conquista de esta villa que en 1819, cuando Morillo organizó una ofensiva sobre la zona, Páez prefirió quemarla que dejarla en sus manos.

En suma, la captura de San Fernando fue el saldo más positivo para Bolívar de toda la Campaña del Centro. 


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