El atentado contra Bolívar en el Rincón de los Toros
Escrito por Javier Escala   

altLa vida de Simón Bolívar estuvo comprometida por la mano de sus adversarios en múltiples oportunidades.

Sin embargo, sólo en tres de ellas ─ en la isla de Jamaica a manos de un esclavo pagado por los realistas en 1815; en el campamento del Rincón de los Toros tres años después; y en el palacio presidencial de Bogotá en 1828─ la existencia física del Libertador quedó realmente amenazada. La intentona en el Rincón de los Toros, hato a legua y media de San José de Tiznados en Guárico, fue la única ejecutada directamente por tropas realistas, quienes por medio de una hábil maniobra lograron burlar la seguridad militar, acabar con buena parte de la infantería republicana situada en el lugar y poner en fuga al mismo Bolívar.

Para un mejor entender del suceso debemos reseñar en algunos párrafos el contexto que lo arropó. Para abril de de 1818 la Campaña del Centro, planificada por El Libertador a fines del año anterior para tomar Caracas desde los llanos del Guárico, había fracasado. Morillo, sorprendido y derrotado inicialmente en Calabozo el 12 de febrero, logró refugiarse con sus unidades hasta los Valles de Aragua y voltear la balanza con la victoria en Semén, el 16 de marzo. 1.200 combatientes entre muertos, heridos, prisioneros y dispersos fue el saldo general de la acción para los republicanos. Inició así una penosa retirada hacia Calabozo en espera de Páez y sus valerosas lanzas. En principio el jefe llanero terminó uniendo sus fuerzas, 2.100 hombres, a las escasas 300 del Libertador en El Rastro, pero el 26 de marzo ambos generales enfrentaron sin éxito a La Torre en Ortiz. 

Tras esta nueva derrota, Bolívar marchó hacia el hato San Pablo donde  despachó una serie de disposiciones. Envió al general Soublette con dirección a Angostura a fin de apresurar la remisión de armas y pertrechos, así como recibir una expedición de legionarios ingleses próxima arribar en Margarita. Igualmente, emitió a Monagas, Cedeño, Justo Briceño y demás jefes orden de reclutar hombres por toda la región central. Páez fue destinado a San Carlos de Cojedes para obrar en conjunto con el coronel José Antonio Rangel. Por último, el propio Libertador resolvió ir a Calabozo y reorganizar la soldadesca que tenía con otras provenientes de Guayana. 700 infantes y unos 400 jinetes fue lo que consiguió concentrar. Asimismo, destinó a Justo Briceño hacia Barbacoas, el coronel Francisco Sánchez para Ortiz y Ambrosio Plaza a San José de Tiznados e instó al coronel Santander emitir un bando donde: “…todos los desertores del ejército que se presenten voluntariamente en el término de 8 días serán indultados de la pena de muerte a que la Ley los condena.”  

Su plan proyectaba mantener operaciones por occidente, zona en la cual los realistas tenían por custodio al coronel Rafael López. Este oficial evadió combate con Páez para ir contra Bolívar, objetivo máximo que por entonces era protegido por menos de 1.000 hombres. Estando ya López en Tiznados acometió la tarea.  He allí el comienzo del hecho que nos atañe en esta ocasión.

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El 16 de abril, El Libertador, reforzado en el Rastro por Cedeño con 300 jinetes y en Tiznados por Justo Briceño, resolvió pernoctar con su división en la sabana del Rincón de los Toros, antigua propiedad familiar, para proseguir marcha la jornada siguiente hacia la posición de Páez en el Pao de San Juan Bautista. Enterado el coronel López de la presencia del ejército de Bolívar a poco más de 5 kilómetros decidió atacar por sorpresa el campamento: “Estando en eso  ̶  escribió O´Leary  ̶  le presentaron un soldado cogido por sus avanzadas, que resultó ser asistente del padre Prado, capellán de Bolívar, de cuyo campamento que estaba cerca, acababa de desapartarse en busca de un caballo que se había soltado. Amenazado con la muerte, declaró el infeliz todo lo que sabía respecto del número y situación de las fuerzas patriotas, é indicó la mata donde dormía Bolívar con su estado mayor, sin guardia y algo apartado del campamento. Al poco rato, un sargento que acababa de desertar le comunicó el santo y seña”. De inmediato, López antecedió su ofensiva general por el asesinato del jefe insurgente. Reunió a la oficialidad, expuso su plan y encargó al capitán Tomás Renovales con 8 hombres del Burgos infiltrarse en el cuartel republicano para ejecutar el golpe de mano.

En la madrugada del viernes 17 de abril de 1818, Renovales, conociendo el santo y seña, burló la seguridad y al mismo Santander, por entonces Jefe del Estado Mayor. Ante éste se presentó como líder de una patrulla patriota que buscaba informar al Libertador. La intención no era otra que ser conducidos sin sospecha hasta su sitio de pernocta para darle muerte. Era una misión suicida. De seguida, se oyeron varias descargas de fusilería. El mismo Bolívar narró una década después a Perú de la Croix: “Los pocos que allí estábamos echamos a correr a campo traviesa, abandonando nuestros caballos y cuanto había en la mata. Mi hamaca, como lo supe después recibió dos o tres balas; yo, como he dicho, estaba sentado en ella pero no recibí herida ninguna, ni tampoco Santander, Ibarra y el general Briceño que estaban conmigo; la oscuridad nos salvó”. El coronel Fernando Galindo, defensor del general Piar en el juicio de 1817, cayó en la refriega, así como el coronel Salcedo y el capellán Prado. 

Bolívar, si bien logró huir ileso de la emboscada, quedó extraviado en la sabana por lo que no pudo reunirse a tiempo con su división que, atacada por el grueso de la fuerzas realistas de López y desmoralizada por su presunta muerte, fue completamente derrotada. El ejército republicano compuesto de 900 hombres sufrió la pérdida de 300 de estos, la mayoría parte de la infantería. Sin embargo, la derrota no fue del todo amarga al morir a manos de Leonardo Infante el coronel  López en el ocaso del combate, y a quien Páez llamó en su autobiografía: “el mejor jefe de caballería que llegaron a tener los realistas, tanto por su valor como por su sagacidad”.

Al amanecer del 17 se encontró Bolívar con los sobrevivientes que huían sin orden. Él hizo lo propio con el caballo finamente enjaezado del difunto coronel López hacia El Rastro, donde reportaría la acción al coronel Juan Francisco Sánchez y reconstruiría su ejército con una nueva división de 180 infantes y 600 jinetes. Todo había acabado. El Libertador retornaría a Angostura para proyectar miras sobre la Nueva Granada, territorio con los recursos necesarios para emprender la conquista de Caracas. Páez volvería hacia el Apure, escenario que más le favoreció. Los realistas, por su lado, mantendrían la Provincia de Caracas hasta 1821 y Morillo viviría literalmente para contarlo tras ser atravesado por una lanza en Semén.                                            

 

 

 

 


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