Del origen republicano
Escrito por Luis Barragán | @luisbarraganj   

altOtro es el contexto en el que irrumpe el ciclo virtual de las actividades de la Fundación Rómulo Betancourt, en el tránsito de una cuarentena que promete prolongarse.

Las distintas tele-conferencias, nos tientan al ejercicio de dos vicios inevitables frente a los hechos decisivos del pasado por siempre a redescubrir: el uno, hacer historia contra-factual, suponiendo que los sucesos pudieron generar otras consecuencias; y, el otro, el de la extrapolación de los eventos a un presente en el que, sencillamente, no caben. Sin embargo, uno y otro, ayudan a aguzar la imaginación y a desmantelar los mitos de una actualidad – digamos – predispuesta.

La profesora Carole Leal, erudita de los ácaros que aprisionan infinidades de documentos que ojalá sobrevivan a los días que corren, logró una magnífica y también erudita disertación (04/07/2020), sobre nuestra primera revolución, reacia a la nomenclatura tradicional de nuestros períodos históricos. Hemos creído, por siempre, en la preexistencia exacta de una nación al tocar  nuestras puertas aquellos acontecimientos que consagraron el 19 de abril de 1810, cuando formalmente ya estábamos integrados a la corona, cuyo titular era el padre común de acuerdo a la mentalidad de entonces; esto es, dejamos de ser colonia.

Nada redundante, fueron políticos nuestros orígenes republicanos, no sólo por  la emergencia de los nuevos planteamientos que aportaba, desde la curul, el diputado Álamo. A favor del derecho natural racionalista, por cierto, en un Congreso Constituyente que la tradición lo exhibe todavía débil y timorato (devenido prejuicio secular, a nuestro parecer), sino por las distintas negociaciones prácticas que supuso llegar posteriormente a la Independencia. Acotó la Dra. Leal, que la rica polémica de los congresistas ha sido subestimada a favor del encendido proselitismo de la Sociedad Patriótica, otro de los clubes políticos que esperan por la atención de los historiadores, recordando – nos permitimos – con nostalgia, los setenta tomos de documentos que todavía esperan en el Archivo General de la Nación; aunque, el politólogo también está llamado a concurrir, no todos estuvieron de acuerdo con la independencia inmediata, por lo que hay que reexaminar los modos adquiridos por un consenso después perfeccionado con sangre derramada.

En la exposición, destacaron dos datos relevantes, como la conformación de la Junta  Suprema Conservadora  de los Derechos de Fernando VII y sus intensas y rápidas negociaciones con otras provincias que supieron de divisiones y de las amenazas del empleo de la fuerza. Y a estas diligencias, sumemos la elección de dos grados para  los diputados, la evidencia del sufragio de dos negros libres, por ejemplo, como el propio reglamento redactado por Roscio.

Pudo frustrarse o tomar un inimaginable derrotero la Venezuela de entonces, en provecho de las circunstancias ibéricas de consecuencias impredecibles, pero también – apuntemos – que la distorsión, pérdida u olvido de importantes fuentes, nos domicilian en una versión de uso y abuso para el presente. Y ése, en plena era digital, pierde el soporte de sus evidencias con asombrosa rapidez, confundiéndonos: hacer política para la efectiva recuperación de nuestra Independencia, lo que fuerza a la negociación para la salida del régimen que la ha entregado, con dos notas igualmente inevitables, como la de las negociaciones colaboracionistas para que se quede (sin sincerar las capitulaciones) y el empleo de la fuerza  para que salga.

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