Breve historia republicana
Escrito por Nicomedes Febres Luces   

altViendo tantas torpezas en el entorno uno se asombra que la gente no entienda lo que está pasando.

Todos opinan, creen que saben, propalan rumores, invocan a Dios, consultan brujos y videntes y cualquier pendejada más. Allí es que se ve la casta a los pueblos, en especial a sus elites.

Aquí los déspotas no nacen, los hacemos nosotros, y eso lo vemos a través de la Historia y surgen porque los llamamos como último recurso para superar la guachafita.

Bolívar pidió ser llamado Libertador para asumir no solo el liderazgo sino también el despotismo. Culpa de todo lo tuvo la periquera del Congreso de 1811 y la derrota de Miranda fue por la misma causa de siempre: el bochinche; todos opinando por la tapa de la barriga de lo que no saben ni entienden, unos cuantos de esos diputados después se volvieron realistas.

Páez se mantuvo en el cargo de déspota porque no encontró un líder que lo sustituyera pues los otros estaban todo el día discutiendo entre ellos. Ni Julián Castro, ni Gual o Manuel F. Tovar tenían el fuelle para dirigir a la nación y vino la Guerra Federal, pero todos en el entorno se creían presidenciables. Solo fue cuando Guzmán Blanco tomó el poder y desarrolló su propia revolución burguesa, porque fue así que Venezuela progresó. Cuando Guzmán se retiró comenzó de nuevo la guachafita, y Rojas Paúl, Andueza Palacio, Ignacio Andrade y compañía creyeron que podían, pero no, se los tragó de nuevo la guachafita y por esos acomodos entre el alto comercio y los liberales amarillos, que eran unos guachafiteros empezando por el Mocho Hernández, llevaron al poder a Castro y Gómez con sus andinos. El poder volvió loco a Don Cipriano, y entre el brandy, los rapiditos con La Morocota y otras damiselas y las parrandas con Panchito Herbozo en Puente Hierro fue perdiendo el sentido del decoro y de la realidad. La gente volteó a ver al sobrio general Gómez, y este llegó con un gran consenso nacional producto del cansancio de la guachafita castrista.

Y Gómez con las Rehabilitación se autodefinió, no como un político sino como un hombre de trabajo, como un agricultor, como un empresario: Orden, Paz y Trabajo fue su lema de gobierno, puso orden pero se volvió el hombre dueño de la mitad de la riqueza de Venezuela. Murió en su cama y sus sucesores trataron de conducir la transición a la democracia. Pero tantos años después de Orden, Paz y Trabajo, la guachafita civil y militar se puso de acuerdo para regresar al gobierno.

Betancourt, que no era guachafitero, uso la guachafita para llegar a Miraflores, salvo la gente lúcida que lo acompañó, los adecos pequeños o minúsculos, que son la inmensa mayoría del whisky con chicha, rodearon a Gallegos, pero ya la guachafita se había extendido mucho y Pérez Jiménez se quedó con el coroto para imponer Orden, Paz y Trabajo, y después cayó porque no tenía nada de guachafitero, estaba cansado de mandar y la gente quería otra vez guachafita.

Luego Betancourt y Caldera firmaron Puntofijo para poner orden en la pea y controlar la guachafita en democracia. En eso le salió su número a CAP uno y se desató la rumba con ta barato dame dos, y por allí el país se endeudó. La guachafita le torció el brazo a Herrera y luego tumbó a CAP dos cuando quiso acabar con el desastre creado en su primer gobierno. Y el chavismo no es más que el verdadero imperio de la guachafita, como nunca antes. Y por eso estamos como estamos. Ya el gobierno de maduro que reprime pero ya no manda y no le hacen caso, pero por la guachafita excesiva la Historia lo fulminó. Y en la oposición, cualquier entendedor entiende lo que he dicho, unos queriendo enderezar al país junto con Guaidó y los otros, delirantes, creyendo ser serios, buscan más guachafita echándole paja a Guaidó. Cuidado si les sale el tiro por la culata y en vez de Guatemala caemos en Guatepeor. 

En la foto Guaidó subiendo cerro, que es donde están los votos.

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