Betancourt, Castro y Neruda: vigencia de los (des) encuentros
Escrito por William Anseume | @WilliamAnseumeB   

altEl pasado 23 de enero se cumplieron 60 años del (des) encuentro de Rómulo Betancourt con Fidel Castro en Caracas.

Esa misteriosa entrevista de dos horas de duración no produjo una posición oficial conjunta –imposible-, ni siquiera separada. De ella conocemos las secuelas de seis decenios. Un enfrentamiento armado, político, económico e ideológico que nos lleva hasta hoy a los venezolanos en miseria luego de bonanzas, producto de la invasión cubana y el sometimiento dictatorial y a los cubanos en miseria permanente por los chulos que los someten dictatorialmente. 

Betancourt enfrentó a los cubanos, derrotándolos en todos los campos: la lucha armada que quisieron exportarnos, la política, la económica y, finalmente, el triunfante discurso capitalista libre sobre la ideología comunista retrógrada, estanca en el permanente atropello a los ciudadanos, en la contención abrupta de las libertades, en el pozo séptico de la ruina. Rómulo supo cojonudamente embraguetarse para contener el dislate cubano por largo tiempo, unos cuarenta años, ayudado por un plan y otros demócratas, provenientes casi todos de aquella “generación” del 28, la que no conquistó el triunfo ante el dictador Juan Vicente Gómez; pero, a posteriori de su muerte, encausó el país hacia las libertades democráticas. 

Una de las secuelas, hasta divertida, ocurrió en Caracas ante la insistencia de Pablo Neruda por lograr que Betancourt lo recibiera –sabemos que Fidel Castro y los rusos intentaron todo con todas sus fichas hasta lograr, cuarenta años después, apoderarse de la Venecia pequeña. La respuesta del líder venezolano ante la solicitud constante del poeta fue lapidaria, ya que el “…juglar chileno Pablo Neruda, quien vino a nuestra patria a cambiar por bolívares sus versos de aeda decadente y estipendiado, declamador de feria con el ojo puesto sobre la taquilla porque la mesada soviética no alcanza para financiar su dispendiosa vida aburguesada. Aquí estuvo y vanos fueron los esfuerzos que hicieron para que yo le concediera una audiencia. Argumenté que en Miraflores, ni menos en mi casa, podría recibir a un personaje que despreciaba por él mismo y por la causa servilizada al imperialismo ruso de la cual es agente tarifado”. 

Neruda, por su parte, luego del intento, múltiple, fallido por ser recibido con su mensaje comunista por Betancourt, al comprender cabalmente la negativa, recogió su profundo reconcomio en un poema que le dedicó al oriundo de Guatire: “Un demócrata extraño”: “Estudió mucho para presidente,/ pues para ser hombre nunca tuvo tiempo”. “Cuba le molestaba extremadamente./Por culpa de Fidel Castro perdía el sueño”. “Y así, Betancourt se convirtió en un triste/ Caín de nuestros tiempos”.

Quien no se acerque a explorar sesudamente la historia, las secuela,  de ese (des) encuentro de hace 60 años entre Rómulo Betancourt y Fidel Castro se perderá parte fundamental para el análisis de los sucesos acaecidos en Venezuela y Cuba, aunque también muy probablemente en toda América Latina, de estos últimos desgraciados años. No comprenderá el atolladero en el que no encontramos los ciudadanos venezolanos y cubanos en estos momentos cruciales de nuestra política, nuestra economía, nuestro manejo del discurso, nuestras tomas de decisiones, nuestro futuro, nuestro triste presente. 

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