Educación
Resistir
Escrito por Juan Guerrero

altDe las escasas instituciones que en Venezuela aún siguen de pie, defendiendo su independencia de pensamiento es la universidad

 
Educar a los hijos en el siglo XXI
Escrito por José María Jiménez Ruiz

Educar a los hijos en el siglo XXI
La educación de los hijos debe ser una tarea compartida por ambos progenitores. En este terreno ya no parece que se puedan aceptar delegaciones. Este principio se hace especialmente necesario en los casos, cada vez más frecuentes, de separaciones o divorcios. Cuando una pareja se separa lo que se disuelve es la sociedad conyugal. Sin embargo, esa ruptura no exime del cumplimiento de los deberes con los hijos, de los que ambos progenitores son corresponsables.
El bienestar de los menores constituye una prioridad. La responsabilidad les exige velar por su educación, respetar sus sentimientos, no utilizarlos jamás como instrumentos de sus posibles frustraciones, expresar respeto hacia su excónyuge, reflexionar sobre qué es lo más conveniente para ellos, por encima de posibles derechos legales o intereses personales, y estar a su lado hasta que, alcanzada la madurez, conquisten su propia independencia.
Por otro lado, los padres deben asumir el protagonismo de la educación de los hijos en un momento en que otros muchos agentes van a ejercer una indiscutible influencia. Si la instrucción de los menores es delegada en las instituciones educativas, su formación en valores y en grandes principios morales que les ayuden a orientarse en la vida es competencia de unos padres comprometidos, que no se permiten sucumbir ante el cansancio, la impotencia o la creencia de que nada se puede hacer frente a la influencia que ejerce la calle o los medios de comunicación.
El sentido común es muy importante, pero quizás no sea suficiente. Hay que asumir el compromiso de formarse como padres y madres. Muchos jóvenes padres y madres no escatiman esfuerzos, ni regatean sacrificios para formarse profesionalmente cada vez mejor y, sin embargo, no han considerado necesario acudir a textos en los que se pueden encontrar pautas educativas bien documentadas. Los estudios sobre la psicología infantil ponen a nuestro alcance el conocimiento de cómo funciona el psiquismo infantil y aporta pautas sensatas de cómo favorecer su sano desarrollo.
Ignorar determinadas indicaciones educativas a las que cualquiera puede tener acceso, no dejaría de ser una incomprensible irresponsabilidad. Porque, como en tantos otros ámbitos de la vida, parece cuerdo no desatender las orientaciones que nos llegan de quienes investigan cuáles son las mejores condiciones para el desarrollo, lo más sano posible, de los seres humanos.
A las drogas y al alcohol que eran hasta hace algunos años los senderos por los que muchos jóvenes acababan perdiéndose, se añade ahora la dependencia creciente frente a móviles o  redes sociales. He aquí un nuevo reto para los padres. Porque deberán ser capaces de valorar las inmensas posibilidades que las nuevas tecnologías ofrecen, pero también los riesgos que entrañan.
Se trata de convertir el hogar, con independencia de la estructura que éste pueda tener, en una verdadera escuela de vida. Ese es el gran desafío y la gran oportunidad. Hacer de nuestras casas un espacio en el que los niños sean educados en el aprecio a la vida de todos los seres humanos. Alejándose, como insiste el Papa Francisco, de la política de los “descartes. Hay que educar en el respeto y amor a la naturaleza, como propone el Pontífice en su última Encíclica. También para que se desarrollen sanos emocionalmente, para que atesoren la capacidad de empatía que les permita conectar con las necesidades de los demás. Y, unida a una buena educación emocional que les habilite para reconocer sus propios sentimientos y los de los demás, para  expresarlos y permitir que los otros los expresen, también una sana educación sexual que, en un mundo hipersexualizado como lo es el nuestro, les ayude a integrar la sexualidad, no reducida a pura genitalidad, en tanto que componente esencial de su desarrollo personal. Una verdadera escuela donde los menores tengan la posibilidad de conocer el sentido más auténtico del amor y experimenten el valor de la solidaridad hacia los seres humanos más indefensos y más necesitados. Donde aprendan a embridar sus egoísmos y a dar la espalda a esas formas de individualismo feroz que ve en los demás competidores en lugar de hermanos, adversarios en lugar de compañeros de una aventura común. No son pocos los retos a los que se enfrenta la familia actual. Si atina en su respuesta, será la sociedad en su conjunto quien recogerá los más saludables beneficios.
José María Jiménez Ruiz
Terapeuta familiar y vicepresidente del Teléfono de la Esperanza

altLa educación de los hijos debe ser una tarea compartida por ambos progenitores. En este terreno ya no parece que se puedan aceptar delegaciones.

 
Cuando la educación es humillada por la politiquería
Escrito por Antonio José Monagas

alt¿Qué puede esperarse de la educación brindada en las instituciones escolares dependientes del Estado venezolano, si el ministro de Educación actúa

 
La universidad al desnudo
Escrito por Antonio José Monagas

Toda realidad encubre parajes en virtud de las controversias que sus propias condiciones inducen o generan.
Asimismo se comportan las organizaciones. Sólo que  en estas, particularmente cuando son de índole académicas, el problema suscita múltiples desenlaces debido a la pluralidad de consideraciones que, naturalmente, se producen dado los distintos intereses y posturas que se asumen cuando se intentan despejar las dudas que dichas situaciones animan. No obstante, ello es obvio no solamente por el carácter político que las caracteriza. Más, cuando se precian de su condición. Pero también, por la complejidad que determina sus procesos. Aunque lo que si no es pertinente, es precisamente el clima de rarezas, embrollos y maledicencias que, con perversidad, incita el gobierno a partir de un tendencioso cuadro de desviaciones de objetivos lo que da como resultado la ofuscación y anulación de pretensiones inicialmente aludidas en la dirección de una necesaria consolidación institucional.
A decir por lo que asoman las realidades, la Universidad autónoma venezolana atraviesa duras trabas por motivo de crudos desarreglos que están avivando particulares desavenencias cuyos efectos pueden poner en riesgo lo que lastimosamente queda de autonomía universitaria. Sobre todo, luego de ser vapuleada la institución por causa de la desmesurada y vulgar intromisión del gobierno central en sus asuntos eleccionarios, financieros y hasta propiamente académicos.
Precisamente, en medio de tan descarado zarandeo, algunos universitarios han asumido posiciones de confabulación con el poder gubernamental o de asechanza contra quienes en la Universidad han demostrado una verdadera e irrevocable actitud de transformación y de combate por el futuro. Es decir, estas personas empeñadas en asediar la institución universitaria desde adentro no sólo actúan equivocadamente lo cual puede convertirse en causa para su cadalso. Sino que además, dejan ver las costuras de principios que en otrora defendieron lo cual revela una crasa inconsistencia, incongruencia o debilidad ética en términos de lo que la Ley de Universidades discierne como valores trascendentales del Hombre.
Es inadmisible pensar que la democracia se construye con resentimiento, malevolencia, denigración y violencia. Sobre todo, la democracia que inspira la autonomía universitaria. Por el contrario, la democracia sólo puede edificarse y sustentarse sobre democracia. Mejor dicho, sobre más democracia. Desde luego, así es la Universidad cuyo cimiento funcional se asocia con la solidaridad, la dignidad y la honestidad. Por eso se dice que la “Universidad es una comunidad de intereses espirituales”. Evidentemente, por lo que representa su razón de ser afianzada sobre la sensibilidad que define la condición afectuosa y respetuosa tanto como la capacidad constructiva y diligente del universitario. Es el apesadumbrado cuadro que se devela al observar la Universidad al desnudo.

altToda realidad encubre parajes en virtud de las controversias que sus propias condiciones inducen o generan. Asimismo se comportan las organizaciones. Sólo que  en estas,

 
Arbitrarios
Escrito por Juan Guerrero

Lecturas de papel
Arbitrarios
Juan  Guerrero (*)
Hace pocos días asistí a un acto académico en el auditorio del hospital militar de Caracas, Dr. Carlos Arvelo.
Acostumbrado a la parafernalia ritual de los actos normales que se celebran en las universidades venezolanas, donde el protocolo lo impone el rigor de la academia y su Alma Mater. Resultó una jornada marcada por la improvisación, el mal gusto y la arbitrariedad.
Que sea presidido por militares resulta comprensible y aceptable, por cuando los graduandos, médicos que realizaron sus especialidades en diferentes áreas de las ciencias médicas, estaban bajo la supervisión académico-administrativa de autoridades castrenses.
Sin embargo, que en medio del acto el mismísimo encargado del área sociosanitaria del Ministerio de la Defensa, haya tomado el micrófono para destacar el esfuerzo de familiares y amigos de los graduandos, invitándoles a subir al escenario e imponerles, medalla y sobre todo, título, es cosa que llama a reflexión.
Subían madres, padres, hijos, hermanos, abuelos, novias, novios, y demás personas seleccionadas al azar. Mientras el moderador, con voz acartonada y marcial, destacaba los rasgos que distinguían a los invitados.
La reflexión no es tanto la improvisación de llamar a familiares y amigos para colocar los distintivos académicos, como la arbitrariedad de quien es responsable, por ser la autoridad en quien el Estado venezolano delegada atribuciones para otorgar títulos académicos.
Esta serie de decisiones a último momento son una de las características de la mentalidad autoritaria. Individuos que estando en posiciones de jerarquía institucional, violan flagrantemente las leyes y normas establecidas por el Estado venezolano para satisfacer necesidades caprichosas del momento.
Los individuos que ejercen funciones de jerarquía institucionales están investidos por el Estado, con atribuciones concretas, para ejecutar funciones y otorgar a terceros, por autoridad de la ley, títulos y otros documentos, y no personas absolutamente ajenas quienes, si bien han servido de apoyo y soporte económico a sacrificados parientes, pues son simples ciudadanos.
Permitir que terceros sean quienes entreguen títulos académicos es deslegitimar un acto y colocarlo en entredicho. Así, pues, pareciera que la totalidad de la realidad cotidiana venezolana, en sus funciones administrativas, se encuentra gravemente comprometida.
Es el caso de la creación de un supuesto Parlamento Comunal Nacional. Estructura seudojurídica que ha sido constituida en los días finales de las funciones ordinarias de la Asamblea Nacional.
Estas y otras tantas decisiones forman parte de un tipo de mentalidad que se caracteriza por su autoritarismo, militarismo y encuentra su soporte, evidentemente, en la fuerza física de fusiles, pistolas y cañones, y nunca en la reflexión pausada, calmada de las ideas, la lógica y el razonamiento coherentes.
No creo que esta mentalidad que se caracteriza por la arbitrariedad sea de uso exclusivo del estamento militar. Siendo una práctica común, desde hace varios siglos en la administración del Estado venezolano, ha pasado a formar parte de un tipo de venezolano, sea militar que civil, que se jacta del uso que le permite su jerarquía o posición institucional, para administrar e imponer una autoridad, donde sus decisiones se caracterizan por su absoluta improvisación y estado anímico.
Así andamos en la Venezuela del siglo XXI. Tarea de suprema y delicada solución, porque si bien pueda detenerse con decisiones políticas y cambios de personal en las miles de posiciones jerárquicas. Su verdadera desaparición y superación se encuentra en la formación de valores y principios, donde el reconocimiento del Otro, su valoración, respeto y sobre manera, entenderlo como al ciudadano a quien debe servir, involucra un cambio de paradigma: respetar a ultranza la ley y los procedimientos que imponen las normas y el rigor de los actos académicos y protocolares de Estado. Y eso, es cosa de paciente aprendizaje de eso que se llamaba Formación Moral y Cívica.
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altHace pocos días asistí a un acto académico en el auditorio del hospital militar de Caracas, Dr. Carlos Arvelo.

 
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