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Régimen cambiario alternativo
Escrito por D. F. Maza Zavala   
Jueves, 17 de Junio de 2010 07:38

altEl régimen cambiario controlado ha sido modificado por la decisión conjunta del BCV y el Ejecutivo para incorporar las transacciones calificadas como de permuta que se realizaban en el llamado mercado paralelo. Esto significa una ampliación del control de cambio y una modificación importante de éste: el Banco Central de Venezuela interviene directamente en el régimen cambiario mediante una modalidad denominada Sistema de Transacciones de Títulos en Moneda Extranjera, Sitme, que funciona con unas bandas con un margen comprendido entre el límite superior (7 bolívares por dólar) y el inferior (5 bolívares por dólar), con un eje promedio de 6 bolívares.

A las operaciones del sistema concurren del lado de la oferta los interesados en vender los títulos públicos (Gobierno y Pdvsa) que poseen contra bolívares, y del lado de la demanda los interesados en adquirirlos con bolívares. La relación entre oferta y demanda determina día a día hábil un tipo de cambio: si la oferta supera la demanda, el tipo de cambio se sitúa hacia el límite inferior y si ocurre lo contrario, se desplaza hacia el límite superior; si hubiere equilibrio el tipo de cambio se situaría en el promedio de 6 bolívares.

No se trata de un mercado libre de títulos cambiarios, ya que tanto la oferta como la demanda están restringidos y el tipo de cambio regulado. Los títulos se ofrecen a través de los bancos y entidades de ahorro y préstamo, bien sea por cuenta de estos o por la de clientes.

Hasta ahora la disposición a vender es voluntaria y el acervo de títulos bastante limitado; sus precios dependen mucho de las cotizaciones de ellos en los mercados internacionales, hasta ahora por debajo de su precio de compra y de su valor nominal.

La demanda está muy restringida y condicionada, con cupos determinados para personas naturales y jurídicas y para atender necesidades específicas de pago o gasto en el exterior. Los potenciales compradores deben tener una cuenta bancaria en el exterior en la cual se depositen las divisas obtenidas, lo que virtualmente excluye a buen número de particulares y de pequeñas empresas. El Banco Central de Venezuela, como árbitro y operador, consulta si los demandantes han obtenido divisas de Cadivi y el margen no satisfecho de sus requerimientos, así como las aplicaciones de las divisas que pudieran obtener en el Sitme. Ello permite advertir que se trata de una extensión del control de cambio y que es complementario de Cadivi.

Los particulares van a experimentar dificultades para acceder a ese sistema, lo mismo que pequeñas empresas, tanto para vender como para comprar títulos (divisas). La evolución de este régimen de transacciones va a ser lenta y sufrirá modificaciones, una de las cuales podría ser la de las bandas limitantes. Podría presentarse el problema de la escasez de títulos en oferta, lo cual entrabaría las operaciones. Quizá el Gobierno y Petróleos de Venezuela tendrían necesidad de emitir nuevos títulos cambiarios y acaso el propio Banco Central de Venezuela . La capacidad de endeudamiento de estos entes públicos está en el trasfondo del sistema, así como el curso de las cotizaciones de los títulos en el mercado internacional.

La demanda podría superar la oferta en un margen de entre 4 millardos a 6 millardos de dólares, lo que determinaría que el tipo de cambio alternativo se moviera al límite superior.

En todo caso, aunque existan fuertes sanciones para el presunto mercado paralelo, habrá posibilidad de que las demandas no cubiertas ni por Cadivi ni por el Sitme lo fuesen en el mercado paralelo, que pasaría a ser "negro", lo que arrojaría su sombra en la formación de precios de bienes y servicios en alguna proporción.

Si el clima general del país fuese estable, normal, quizá no fuese necesario el control de cambio, porque la moneda nacional se apreciaría y la propensión a tener dólares sería menos acentuada. En ese supuesto, la producción nacional abastecería en alta proporción las necesidades de la población y la economía y la recurrencia a la importación (principal motivo de la demanda de divisas) sería para complementar y no para llenar el vacío de la producción propia. La salida de capital no alcanzaría las magnitudes inquietantes que se registran (un promedio anual de 20 millardos de dólares los últimos 10 años) y esos fondos se aplicarían a la inversión en el país.

El control de cambio es necesario porque si se suspendiera, la salida de dinero al exterior sería incontenible y las reservas del BCV se agotarían.

Algunos sostienen que la liberación del cambio contribuiría a la recuperación de la economía. Yo diría que esa liberación sería favorable con un cambio positivo de la situación política e institucional del país.

El Nacional


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