Nobel de Economía 2020 y la Ley Antibloqueo
Escrito por Enrique González Porras   
Jueves, 15 de Octubre de 2020 00:12

altLos mecanismos de asignación de licencias y recursos escasos ha evolucionado a lo largo del tiempo a la par que ciertas deficiencias

en algunos de estos tipos mecanismos han sido identificadas y la teoría económica ha realizado aportes sobre buenas prácticas y el buen diseño de mecanismos de subastas y de “competencia por el mercado”.

En sus orígenes, las audiencias comparativas -beauty contests licensing- y las loterías habían sido mecanismos comúnmente utilizados. Estos mecanismos, en especial los primeros resultaban procesos difícilmente objetivos, una vez involucraban abogados y lobistas quienes solían asegurar que los planes de desarrollo de sus clientes merecían una asignación de la licencia de forma irrestricta. Mediante procedimientos formales, sujetas a reclamos y objeciones, las audiencias podrían tomar numerosos años en completarse.

Escenarios donde se requerían asignar numerosas licencias sin mayor capacidad de respuesta por parte del Estado dio lugar a la asignación vía loterías de forma aleatoria.

Esta modalidad si bien incrementó la velocidad de asignación traía asociados problemas como oportunismo por parte de ciertos participantes -por ejemplo ante la posibilidad de revender las licencias- o la adjudicación a corporaciones sin la cualificación, experticia, ni recursos para desarrollar correcta y eficientemente la actividad asociada a la licencia.

Este tipo de loterías tampoco contribuyó, en el caso del sector telecomunicaciones, a la asignación ordenada del espectro radioeléctrico de manera que facilitara un despliegue de la infraestructura, una cobertura y un desarrollo de servicios como la telefonía móvil producto de la fragmentación que se producía (así como tampoco contribuía a prestar una atención cuidadosa a la necesidad que apareció en el futuro de reasignar espectro entre distintos operadores de servicios -entre instalados y entrantes-).

La decisión de diseñar una subasta necesitaría encontrarse basada en información y evidencia pública adecuada, lo que exigiría de la instancia pública acometer una serie de pasos previos a la adjudicación. Entre otros podría requerirse redactar y emitir una propuesta de reglas, permitiendo un periodo de consultas y comentarios, facilitando asimismo réplicas coadyuvando a las partes interesadas a discutir y aclarar puntos o temas de desencuentro, resolverlos, incorporarlos en las reglas, permitir nuevas observaciones y finalmente realizar la subasta (Paul Milgrom: Discovering Prices: Auction Desing in Markets with Complex Constraints. Columbia University Press, 2017).

En 1996 el Nobel de Economía se concedió a William Spencer Vickrey por sus aportes en el desarrollo de la teoría sobre información asimétrica y las subastas. En este sentido, no es la primera vez que las subastas atraen la atención del Comité responsable de dicho premio.

En esta ocasión, el Nobel de Economía 2020 correspondió a Paul Milgrom y a su colega Robert B. Wilson, reconociendo sus aportes y avances en materia de subastas, facilitando su profunda aplicación concreta en políticas públicas, por ejemplo, en la asignación del espectro radioeléctrico para operados en el sector telecomunicaciones y audiovisual. El propio Milgrom resultó testigo y protagonista como asesor en dicho proceso en USA (incluso fundó una empresa dedicada a la asesoría en materia de desarrollo de software y el diseño de subastas denominada Auctionomics). Sus aportes no se limitan a la teoría de las subastas, asimismo abarcan la teoría de la organización industrial por medio del desarrollo de modelos que explican estrategias y conductas corporativas de bloqueo a la entrada y la exclusión de competidores del mercado por parte de empresas previamente instaladas o Incumbentes, entre otras contribuciones.

En este sentido, parte de su contribuciones se centran en proponer Mecanismos de Mercado y el Diseños de Mercados por medio de subastas, en aras del uso y la asignación eficiente, en situaciones complejas , de recursos, activos, etc.

Una arista interesante del tema de subastas lo constituye el escepticismo que mostraron algunos defensores del libre mercado y el liberalismo durante los años 1990s, cuando la aplicación de las subastas por medio de políticas públicas y regulatorias cobró especial protagonismo a nivel mundial, especialmente en USA. Algunos representantes de dicha doctrina liberal se preguntaban ¿Si los mercados libres logran equilibrios de precios que vacían los mercados y asignan eficientemente los recursos por qué tendría que existir Diseños de Mercados y Mecanismos basados en Mercados como las subastas? De hecho, remarcaban que si se cumplía el teorema de Coase, no sólo no importaría la asignación inicial de los derechos de propiedad sino que tampoco resultaría relevante el marco legal -por ejemplo y más específicamente en materia de responsabilidad civil- en la medida que bajos costos transaccionales y negociaciones libres y voluntarias arrojarían finalmente una asignación eficiente de los recursos y/o de los derechos de propiedad.

Si bien como principio general lo anterior resulta una poderosa advertencia, que bajo el cumplimiento de ciertos supuestos específicos, los mercados resultan socialmente deseables y eficientes; algunos mercados pueden presentar una caracterización que levantarían preocupaciones sobre la eficiencia social de dicho “equilibrio” de mercado (a partir de estos hechos es que los aportes de Milgrom son sustantivos).

Para ilustrar lo anterior, en el mercado eléctrico, la desalineación entre la oferta y la demanda de electricidad no se corrige simplemente por medio de un precio de mercado que “vacíe” o equilibre el mercado, sino que podría producirse un blackout o apagón de concretarse un desbalance entre oferta y demanda. En ocasiones, pueden existir mercados que descentralizadamente no arrojan en tiempo y forma un resultado socialmente deseable. Un supuesto de la economía clásica que se requiere para que la eficiencia de los resultados de los mercados se mantenga, consiste en que los productos dentro de dicho mercado tienen que ser homogéneos. Sin embargo, el laureado premio Nobel de economía 2020, Paul Milgrom, destaca que la ausencia de dicho supuesto, significa que existen bienes o procesos que no resultan divisibles por razones intrínsecas o producto de que resultaría ineficiente su funcionalidad, su utilidad o la productividad al ser fragmentados (pensemos en una casa o en una línea de ensamblaje integrada técnicamente a lo largo de un proceso productivo).

En palabras de Milgrom, “la complejidad puede, por sí misma, constituir una razón importante por la que ciertos mercados se beneficiarían de una organización cuidadosa” (Milgrom, 2017).

Otro ejemplo lo representa el caso de recursos escasos como el espectro radioeléctrico, el cual requiere una coordinación en su asignación de frecuencias regional y nacionalmente, incluso con incidencia sobre el funcionamiento de los dispositivos de telefonía móvil para que éstos puedan comercializarse a nivel mundial (constituyendo una especie de estándar en la frecuencia que operan). Esto exige una coordinación más allá de un mercado descentralizado. La complementariedad y el funcionamiento eficiente de ciertas frecuencias contiguas, la aparición de la telefonía celular o móvil cuya eficiencia operativa exige una eventual reasignación de frecuencias previamente asignadas para otros usos como la señal de televisión abierta, requiere un proceso complejo de reordenamiento. Adicionalmente, la necesidad de evitar interferencia de señales de forma contigua requiere alguna forma de coordinación centralizada que optimice la asignación y el uso del espectro. Mercados con potenciales efectos externos negativos de esta naturaleza y frecuentes, hacen pensar la necesidad de una coordinación que evite destrucción de eficiencia y valor social en el uso de un recurso escaso.

En términos llanos, el poder práctico y el mensaje de los aportes de Milgrom redundan primero en que existen sectores o mercados que requieren y exigen una “regulación” o una política pública porque su desempeño descentralizados vía mercados resulta socialmente muy costoso y/o ineficiente, y segundo, que la solución, adicionalmente a la eventual coordinación, implica diseñar un mercado y/o Subasta de Incentivos por medio de la cual se alineen incentivos en aras de los objetivos específicos.

Milgrom avanza más allá de los aportes de Vickrey quien en su momento estudia la posibilidad de ofrecer incentivos, a través de un correcto diseño de las subastas, para que los participantes de la misma se incorporen de manera veraz en dicho proceso, de modo que se puedan promover resultados eficientes. En este sentido, las subastas pueden constituir mecanismos para describir y revelar valoraciones, disponibilidades a pagar y precios, así como para guiar la asignación eficiente de recursos. Las subastas resultan especialmente efectivas cuando los bienes que resultan subastados son “sustitutos” o presentan baja complementariedad con otras actividades. Los mercados de complementos pueden constituir mercados más complejos que pueden exigir mayor planificación y coordinación. A partir de estas complejidades es que Milgrom realiza sus aportes.

El título del presente artículo hace mención a la Ley Antibloqueo por lo antagónica que resulta respecto a los principios y aportes de los premios Nobel mencionados, quienes contribuyeron en favor de mecanismos y buenas prácticas en materia de subastas para asignar eficientemente recursos -que pueden ser en nuestro caso empresas en manos públicas, y factores como activos y tierras, etc.- y permitir revelar precios por parte de sus interesados y/o participantes.

Uno de los principios generales y elementales de las subastas es analizar el mercado y convocar la mayoría de interesados para que se produzca una competencia por dicho mercado o por hacerse con la empresa o el activo subastado. 

Por más que se alegue que en un “mundo Coasiano” la propiedad terminará en manos de quien más la valora, la opacidad que promueve la Ley y la ausencia de mecanismos de subastas bien diseñados, sí tienen una incidencia redistributiva en favor de los beneficiarios iniciales del otorgamiento de la propiedad o la privatización en claro detrimento y lesión del patrimonio nacional.

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