Soberanía del consumidor: de Venezuela a Alemania
Escrito por Enrique González Porras   
Jueves, 09 de Julio de 2020 00:00

altLa soberanía del consumidor suele constituir un derecho y un principio en las sociedades que protegen y valoran el bienestar de sus ciudadanos.

Lo anterior ocurre no sólo por el principio básico que el Bienestar Social estaría conformado por la sumatoria de los excedentes y las utilidades de todos y cada uno de los ciudadanos que conforman dicha sociedad, sino por el propio rol activo que la soberanía del consumidor puede ejercer en ese sentido.

La soberanía del consumidor constituye un medio en la medida que representa el disciplinador por excelencia en los mercados, permitiendo que la competencia entre los oferentes trasladen eficiencias y beneficios hacia los consumidores materializados en menores precios, mejores productos, mayor calidad, así como innovaciones y nuevos productos.

Por otra parte, muchos coincidirán en que la soberanía del consumidor resulta intrínseca al propio ciudadano y/o ser humano, lo que hace de esta un fin o un principio en sí misma.

Así las cosas, la soberanía del consumidor representa un principio en sí mismo y un medio, lo que ciertamente enriquece el tema.

Sin menoscabo de lo dicho anteriormente, en la actualidad podemos observar dos casos, evidencia bipolar de cómo ciertos países y sus entes regulatorios conciben, tratan y (des)protegen a la soberanía del consumidor. Por un lado, tenemos a Venezuela y en el otro a Alemania. La escogencia que hiciéramos de estos países no resulta fortuita, por el contrario sirve para enmarcar o limitar el espectro de acción pública desde el extremo más arbitrario y violatorio de dicha soberanía tanto como principio en sí mismo como medio (Venezuela), hasta un caso como el alemán normativamente fundado en las más modernas teorías económicas que no sólo hacen uso de la Teoría de la Elección Racional (Rationality Choice Theory, RCT) sino que la complementan con la Economía del Comportamiento (Behavioral Economics).

En Venezuela el Gobierno y sus entes administrativos suelen desconocer en ocasiones, y conculcar en otras la soberanía del consumidor, sin que siquiera se exponga motivación alguna, en un ejercicio autoritario en detrimento del ciudadano y del Bienestar Social. Esta postura la ubicamos en el extremo más negativo y deplorable de las actuaciones públicas en materia del consumidor y el ciudadano, mucho peor que un contrafactual de cero intervención regulatoria porque incluso las posiciones más liberales han solido reconocer que ante la presencia de fallas de mercado -aún estando aferrados a la premisa del agente económico racional-, por ejemplo poder de mercado significativo o asimetrías de información podría justificarse el diseño de una regulación económica o de normativas de protección al consumidor, respectivamente. 

Desde declaraciones por parte de responsables de las políticas regulatorias del comercio interno -recordemos a la máxima representante del SUNDECOP en 2012-  quien habría asomado el interés por parte de la actual administración de modificar e imponer nuevos patrones de consumo a los venezolanos, pasando por la salida forzosa de alternativas de marcas, bienes y prestadores de servicios producto de acciones regulatorias que desalientan la permanencia en el mercado independientemente de las preferencias del público y la soberanía del consumidor; existe una larga lista de evidencia de acciones públicas que no tutelarían a la soberanía del consumidor ni como fin en sí mismo ni como medio para el funcionamiento eficiente de los mercados en favor del Bienestar Social.

En otro orden de ideas, el tema de los modelos de negocio de plataformas basados en la recolección de data por parte de sus usuarios resulta relativamente nuevo y de cierta complejidad. En la actualidad se discute a nivel mundial la necesidad de regular la forma en la que actúan las gigantes de las tecnologías, de las plataformas y de las redes sociales, justificada por un lado dado por el hecho de que el consumidor posee racionalidad limitada y su privacidad así como el uso de sus datos no estarían necesariamente orientados por sus deseos y su voluntad, sino por la búsqueda  de lucro de estos grandes operadores. Por el otro lado, dada la característica del sector de las plataformas cuyos efectos de red suelen hacer de estos mercados del tipo “The-Winner-Takes-All”, implica que la amenaza de entrada de un competidor en el mercado donde el incumbente posea el poder de mercado representa un costo de oportunidad de pérdida de beneficios monopólicos frente a los beneficios bajo competencia en mercados subyacentes de otros operadores -esto podría facilitar el despliegue de prácticas del tipo predación o Entry deterrence(dicha eventual dinámica la ha dado a conocer la literatura de la Economía de las Plataformas como el “Imperialismo” de las plataformas, aún cuando está hipótesis exige un estándar de prueba cuidadoso porque por otro lado crear mayor valor por el ecosistema de una plataforma puede, “On-The-Merits”, crear incentivos para entrar en mercados subyacentes que generen mayor valor intrínseco no sólo al usuario sino a los otros lados de la plataforma).

Recientemente las autoridades regulatorias en Alemania, así como su Corte Federal el pasado 23 de junio de 2020, habrían sentado un precedente “innovador”, por medio de la decisión en contra Facebook por haber abusado de su dominancia en el mercado de plataformas dificultando la competencia.

En un Webinar organizado por el Kings College London realizado el 06 de julio de 2020, Andreas Mundt, jefe del Bundeskartellamt, alta autoridad federal independiente responsable de la política de defensa de la competencia alemana, comentaba que justamente la política de competencia y la protección al consumidor implica resguardar la soberanía del consumidor, que en el presente caso implicaría que la decisión sobre la recolección y uso de sus datos esté en manos del consumidor y/o usuario y no en manos de un operador con poder de mercado.

Si bien la presente reflexión no busca en ningún momento profundizar y prestar detalle al reciente caso de Facebook en Alemania, lo que sí pretendemos es mostrar la diferencia y la distancia, en la naturaleza regulatoria, los principios, objetivos y el contenido respecto a la importancia que se le otorga a la Soberanía del Consumidor en un país como Alemania comparado con el caso de Venezuela donde simple y llanamente se desprecia y conculca.

 

 


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