Esquizofrenia distópica
Escrito por Enrique González Porras   
Viernes, 29 de Mayo de 2020 00:00

altLa crisis de la gasolina puede constituir un buen ejemplo del entrampamiento en el cual Venezuela se encuentra cautiva.

Distintos representantes oficialistas asoman “soluciones” y “alternativas” a la crisis, todas que apuntan a las consecuencias y ninguna a las causas de la crisis.

En este sentido, se escucha que gobernadores oficialistas asoman sistemas de razonamiento de la gasolina basados en el número de terminación de la placa del vehículo, otros asoman la creación de un sistema de información centralizado que les permita racionar la gasolina regionalmente. Probablemente el más llamativo es el gobernador oficialista que plantea rifarla, hacer una lotería. Este gobernador tomando como dada e irremediable la situación de escasez, tampoco se mortifica mucho por razonar cuál puede constituir el mecanismo más eficiente socialmente o incluso de justicia, sino que se lava las manos, como buena costumbre oficialista, y dejarlo a la suerte, al azar (al menos de no estar amañado el sorteo, se evitaría el uso discrecional, político, clientelar y oportunista que suelen hacer de recursos públicos).

Pareciera que les diera flojera o que poco les importará el bienestar social, y cómo hacer para corregir las causas de la escasez y cuál mecanismo de asignación, por ejemplo uno descentralizado y de bajo costo administrativo como podría ser el libre mercado, el que pudiera resolver, en extremo ambos temas, tanto la escasez como la asignación.

Es así como desde hace 20 años en Venezuela el único objetivo de política pública es el racionamiento y no identificar y resolver las barreras que produce la escasez. A estas alturas el lector tiene claro que en la medida que el Gobierno y su marco institucional sean los responsables de la escasez, este último sólo atenderá el problema de racionamiento, y obviamente, en su beneficio propio.

Más allá que cualquiera pudiera decir que los mercados y su sistema de precios si bien resultando ser mecanismos generalmente eficientes para garantizar el acceso a bienes y servicios a quienes más valoran los bienes (permitiendo a la sociedad el mayor Bienestar Social posible) pueden presentar fallas o adicionalmente existir un problema grave de dotación inicial de renta; destaca que el mercado ha sido negado por la presente administración no basada en argumentos sobre la necesidad en ocasiones de sistemas de racionamiento más equitativos que el mercado, sino porque negarlo implica desconocer las libertades y los derechos económicos que por un lado resultan origen y fuente de los incentivos para generar riqueza y por el otro fuente de “erosión” de su poder político-económico.

La asociación entre marco institucional robusto, Estado de Derecho, protección de derechos económicos y derechos de propiedad privada, con niveles de bienestar económicos y sociales es innegable a nivel global.

Sin embargo, para aquellos que pudieran alegar que cuando menos teóricamente un dictador paternalista que haga las de Estado Benevolente pudiera ubicar al desempeño económico de su país entre la élite mundial en crecimiento; el hecho cierto es que primero tendría que ser efectivamente Benevolente lo que lo obligaría a hacer uso de instituciones económicas-jurídicas como los incentivos y respeto a los derechos de propiedad privada y aún así sería susceptible de crítica por ausencia de derechos políticos y civiles. Casos como el anterior, entiéndase China, son más la excepción que la regla.

En nuestro caso, la evidencia rechaza dicha hipótesis, día tras día a lo largo de los últimos 20 años. El nuestro es un régimen autoritario expoliador que le es imposible siquiera pensar en que para expoliar intertemporalmente habría que permitir la generación de riqueza a partir de la cual contar con una base material mínima.

El tema es complejo, pero podríamos asomar que no tiene por qué resultar irracional dicho comportamiento sí adicionalmente lo entendemos como un régimen rentista por un lado, y luego sometido a un problema de acción colectiva donde grupos de poder expoliadores prefieren expoliar hoy y no dejar la oportunidad que otro grupo expoliador de los muchos que configuran el poder capturan o expolien rentas o riqueza primero que éstos.

De hecho, la literatura económica reconoce que incluso en estados delincuenciales resulta preferible un único capo -un único líder intergaláctico- que numerosos pranatos que crean problemas de “doble-marginalización”, congestión, problemas de acción colectiva, tragedia de los anticomunes o sobre explotación de los pocos que generan riqueza.

Lo anterior puede constituir un equilibrio de Nash, por lo que ninguno de los actores relevantes tienen incentivos en cambiar su comportamiento ni incidencia en la posibilidad de cambio de decisiones de los demás jugadores. Especulando un poco, tomando como dadas las premisas que generan dicho equilibrio, y considerando los jugadores efectivamente relevantes hoy día, la suerte de Venezuela estaría echada hacia una depauperación sin límites.

Habría que cambiar el juego, los jugadores o crear incentivos distintos para que eventualmente pueda producirse un equilibrio diferente. Con la fotografía de hoy, dicho jugador o los cambios en los pagos parece que sólo puede provenir fuera del tablero venezolano -uno jugador que no blofee por cierto-.

 

 


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