Rentismo más allá del petróleo
Escrito por Enrique González Porras   
Miércoles, 18 de Diciembre de 2019 08:05

alt¿Ha dejado de ser rentista la economía venezolana? Bajo la “nueva teoría de la renta”, ésta constituiría un monto de dinero o ingreso que sobrepasaría a los ingresos esperados;

implicaría ingresos que superarían el costo de replicar los factores productivos o activos en cuestión; o constituirían ingresos superiores a los que competitivamente percibiría un agente económico –por ejemplo, la renta del monopolio-. Dicho lo anterior, parece difícil asomar el fin del rentismo en una economía que no posee por referente la economía de mercado y que se encontraría lejos de la competencia efectiva.

Por otra parte, la ausencia flagrante de un estado benevolente –y de sus mecanismos de check and balance- que procure coadyuvar en llevar a la sociedad venezolana a estadios superiores de bienestar social podría suponerse producto de instituciones débiles y de su captura por parte de grupos de interés, en búsqueda, justamente, de rentas, prebendas y poder.

Adicionalmente, la gratuidad de bienes y servicios como la gasolina, o las reducidas tarifas de servicios públicos, por un lado, no implican inexistencia de costos y por el otro lado implica que alguien debe estar financiándolos, lo que significa que existe transferencia de rentas entre individuos. En un extremo, como ocurre con el caso de los servicios públicos de red que se encuentran sometidos a regímenes legales de controles de precios o en el caso de aquellos como la telefonía móvil que aun contando con un régimen de libertad tarifaria, el mismo no es respetado por los reguladores sectoriales o de protección al consumidor: termina lesionándose inter-temporalmente, inter-generacionalmente o incluso en un extremo a los mismos consumidores respecto a la posibilidad que estos cuenten con infraestructura, conectividad y capacidad de acceso efectivo a servicios de red de calidad en el futuro producto de oportunismos y miopías de corto plazo.

El subsidio y gratuidad de bienes y servicios, debiendo éstos ser finalmente financiados por alguien–que podríamos concebir como transferencias de rentas-, en un extremo terminarían siendo financiados vía emisión de dinero que presiona la inflación materializando uno de los impuestos más regresivos, la inflación.

El hecho que la industria petrolera venezolana haya colapsado por el pésimo manejo que la actual gestión de gobierno ha hecho de dicha industria no tiene por qué implicar el fin del rentismo. No existe una recuperación del PIB motorizado por la creación de valor y la producción proveniente de otros sectores distintos al sector petrolero. No se observan nuevos encadenamientos de valor que verticalmente describan el desarrollo de actividad económica, productiva y la generación de empleo productivo. En todo caso el rentismo no es sólo un resultado –materializado en la renta petrolera- sino que constituiría un esquema de incentivos o un marco económico e institucional sobre el cual dicho modelo se basa, por lo que el colapso de dichos ingresos no implica necesariamente la desaparición de las instituciones formales e informales, así como los incentivos que lo explican.

Una dimensión del rentismo lo constituye aquellas actividades de Rent Seeking, que, en sociedades sobre-reguladas con numerosas alcabalas para el desarrollo de las actividades económicas, suele proliferar.

Lo lamentable de la proliferación de dichos comportamientos es que justamente los economistas coinciden en que probablemente el único caso de competencia socialmente lesiva, lo constituye este tipo de conductas –así como una eventual competencia vía efectos demostración socialmente, donde los individuos realizan sobreconsumo o gastos no necesarios-. En un extremo, las rentas terminas siendo destruidas en labores de rent seekinglobbyadvocacy, captura y coimas.

Más allá, en países como Venezuela que encabezan la lista de países menos amigables y más engorrosos para iniciar o desarrollar actividades económicas suele presentarse un problema de tragedia de los anticomunes, consistente en que cada alcabala de trámites pretende descremar al inversor, al extremo de hacer inviable numerosos emprendimientos.

El rentismo no significa únicamente que el país dependa de la extracción petrolera y que numerosas actividades económicas hayan sido desarrolladas a partir de la captura de parte de las rentas de poder de compra que dicho sector le habría otorgado a la sociedad venezolana. El rentismo en un extremo, puede igualmente ser concebido como la lesiva concepción de juego suma cero que el actual gobierno le ha otorgado a las relaciones económicas y comerciales, que perennemente “exigen” la aprobación o la concesión graciosa del estado, mientras se siembra incertidumbre y se lesionan los incentivos en favor de la actividad económica generadora de bienestar y riqueza.

Analizar y desentrañar dichos esquemas institucionales perversos, y fortalecer un marco institucional eficiente, constituye sin lugar a dudas el mayor reto que encara Venezuela para entrar definitivamente a una ruta de progreso y bienestar.



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