El BCV y las estadísticas del holocausto económico venezolano
Escrito por Enrique González Porras   
Viernes, 31 de Mayo de 2019 05:46

altDará mucho que hablar el hecho que finalmente el BCV se dignó a hacer públicas estadísticas macroeconómicas,

que más que confirmar algo que notoriamente padecen los nacionales, como es una contracción económica sin precedentes en la historia venezolana y una hiperinflación que depauperó el poder de compra de sueldos y salarios; constituye una estruendosa declaratoria pública del fracaso de la gestión de Maduro y de la revolución.

Por ejemplo, siendo que se reconoce el fenómeno hiperinflacionario, haciéndolo oficialmente público, y evidenciar el fracaso o la inexistencia de una política de estabilización macroeconómica, resulta oportuno cuestionar, cuando menos, las políticas públicas de controles y regulaciones sobre los mercados en Venezuela.

Cuando no inocuos, resultan inflacionarios los controles de precios que desincentivan a la oferta, cuando dicha oferta mermada por el control termina determinando, sobre la curva de demanda, precios superiores a los que se determinarían en el mercado. Es decir, producto de los controles de precios se crea una pérdida de peso muerto o de ineficiencia asignativa, estricta y exclusivamente provocada por el control de precios.

Adicionalmente vale destacar que la inflación no puede ser producto de una decisión individual de un agente económico u oferente. Recordemos que nos estaríamos refiriendo a aumentos continuos e intertemporales de los precios. Sin embargo, ningún oferente, por más poder de mercado que posea, tiene incentivos irrestrictos para aumentar los precios intertemporalmente, de forma estrictamente unilateral sin considerar la elasticidad de la demanda (ni siquiera en el caso extremo de un monopolio natural). Incluso en el caso de un monopolio natural, de no estar sometido a controles, primero fijará su precio de monopolio inmediatamente, sin esperar un periodo posterior para aumentar el precio hasta llegar a este nivel del precio, y segundo, no aumentará el precio más allá del nivel del precio de monopolio porque la pérdida de ingreso asociado a la demanda supramarginal que deja de consumir el producto supera a los ingresos de descreme de mercado sobre la demanda cautiva o inframarginal.

Las políticas públicas en Venezuela, a lo largo de cuando menos los últimos 17 años han estado basadas en retóricas y en normas vacías referidas al ejercicio de poder de mercado de los agentes económicos como componente inflacionario (algo absolutamente falaz).

De hecho, cualquier política pública y regulatoria, que se jacte de pretender garantizar el acceso a bienes y servicios debe primeramente garantizar la restricción de participación del oferente. Lo anterior ante escenarios inflacionarios, exige evitar controles de precios que pincen los márgenes de los oferentes, porque profundiza la recesión económica, la disminución de la oferta, y el eventual salto de los precios, determinados por pocos demandantes con, todavía, algún poder de compra.

La falta de credibilidad sobre el signo monetario como eventual mal público, constituye responsabilidad de la credibilidad del Gobierno y no de un supuesto poder de mercado de oferentes atomizados.

Sirva la revelación de las estadísticas macroeconómicas para derogar todo un modelo de control del comercio, los mercados y la actividad económica que lejos de corregir o contener coyunturalmente un mal público, lo exacerba.

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