El Encaje Fatal
Escrito por Alexis Aponte | TW: @alexisaponte14   
Martes, 22 de Enero de 2019 00:00

altEn Venezuela  uno de los sectores que ha logrado sobrevivir con mucho esfuerzo ha sido el sistema bancario.

Los esfuerzos han sido heroicos, porque no solamente enfrenta un marco regulatorio punitivo, que abarca desde leyes laborales que garantizan la inamovilidad laboral,  hasta la regulación de las tasas de interés activas y pasivas. Amén, del control de cambio, las “gavetas” dirigidas a distintos sectores y el desarrollo del crimen organizado que obliga a tener especialistas y unidades organizadas investigando procedencia y origen de cada bolívar y de cada nuevo cliente. 

Por si fuera poco,  la banca venezolana se mueve en un entorno dominado por un desarrollo tecnológico inusitado que más temprano que tarde va a afectar la forma y manera de hacer negocios en el sistema financiero, mientras que nuestra banca no ha tenido el músculo financiero necesario para hacer las inversiones necesarias  en innovación y desarrollo y no quedar rezagada en los mercados internacionales. 

Afortunadamente la hiperinflación ha destruido el cono monetario, y esto potencia las transacciones digitales, dejando a un lado las monedas y el billete de papel. Atrás ha quedado el uso de chequeras y se ha venido imponiendo una mayor bancarización de personas y el uso de la banca virtual. 

La realidad objetiva de operar en un país aislado de los centros mundiales de negocio, acorralado por actores internacionales en lo político y financiero, el país refleja una imagen de corrupción pública y privada, de servir de “descanso” y soporte a sectores que constituyen una amenaza para el sistema político occidental, todo ello, nos crea un aura nada positivo para el negocio financiero. 

Son muchos los factores que inciden en el funcionamiento y resultado operativo y financiero de la banca. La mayoría, salvo excepciones, con una cartera de inversiones en papeles emitidos por el gobierno nacional, que hoy día practicamente no tienen valor. Una cartera al consumidor que se alimenta en su cuantum para especular el diferencial de tasas de interés e inflación. Las estafas y robos a bancos han migrado  al riesgo tecnológico, que garantiza un mayor retorno de las actividades delincuenciales. 

La  hiperinflación ha destruido la buena y sana administración de algunos bancos, convirtiéndolos en la práctica en simple operadores de transacciones de compra venta. No existe una banca de desarrollo, marginalmente subsiste un sector agrícola y agroindustrial, el sector turismo es una quimera, el sector hipotecario se mueve escasamente en muy contados centros comerciales, el sector manufacturero e industrial agonizando. En resumen las operaciones propias y productivas de un banco se han reducido a su mínima expresión. 

Si algo faltara para darle una estocada vital a la banca nacional, el gobierno se ha encargado de dirigir un proyectil a su banda de flotación, al aumentar el nivel del encaje legal a un 60% sobre los depósitos. Una medida sin ninguna lógica monetaria, porque estás colocando drenajes al final de la cadena, mientras que en las fuentes, estás alimentando la liquidez con un brutal incremento del gasto fiscal. En otras palabras,  que el costo de la hiperinflación lo asuma el sector privador, los consumidores y la clientela de los bancos.  Esto unido a la regulación de tasas de interés, coloca a los bancos en una intermediación financiera a pérdida, sin holgura ni  maniobra ante un panorama incierto, restringido y punitivo. 

Las opciones son pocas y dolorosas para las familias que dependen del sistema financiero, para la clientela que recurre a sus servicios y para los dueños del negocio. La banca no tiene más opciones que despedir personal, lo cual ha venido haciendo, cerrar oficinas de servicio, reducir el mantenimiento de la red tecnológica, es decir cajeros automáticos y puntos de servicios, transporte de valores, reducir el lanzamiento de nuevos productos, restringir el crédito salvo lo necesario como para subsistir como sistema, vender activos en conocimiento que no va a obtener su valor en libros. 

Una crisis bancaria en los actuales momentos pondría lo que queda del sistema financiero en manos del gobierno, sin destinar fondos para su compra, experiencia desarrollada en la intervención enmascarada de Banesco.  Con la ventaja para el gobierno, que tendría una red de bancos que comprarían aún más, todos los papeles que emita el BCV, PDVSA y otros organismos del estado para soportar este desastre económico. 

Resistir y hacer todo lo necesario por doloroso que sea,  para mantener el negocio y esperar mejores momentos debe ser el norte de todos aquellos que apostamos, por un país próspero, con una banca fuerte, internacionalizada y reconocida por su solvencia como era en el pasado. 

  

 


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