El 10E y la economía
Escrito por Alexis Aponte | TW: @alexisaponte14   
Martes, 15 de Enero de 2019 07:26

altA partir del pasado 10 de enero,  Venezuela se ha sumergido en la mayor crisis política que hayamos podido vivir como país.

Más aún, su manifestación en las contradicciones existentes en la superestructura jurídica política son inéditas en la historia reciente del mundo civilizado, por lo tanto, la solución, por no decir desenlace, debe ser también original. 

Lo anterior sumado  a una falta de visión política y de desprendimiento personal en los dirigentes de los partidos políticos tradicionales, que no han sabido estar a la altura de las circunstancias, nos han arreado a este cuadrilátero llamado Venezuela, en la cual no está quedando “hueso sano”.

 

LO INSTITUCIONAL

La dualidad nos circunda: tenemos una Asamblea Nacional Constituyente, una Asamblea Nacional, un Tribunal Supremo de Justicia y otro en el exilio, partidos políticos con decenas de años, que por negarse a participar en una contienda electoral, pierden su condición política electoral. Políticos en el exilio, otros presos, en embajadas o inhabilitados. Adversarios que no se reconocen mutuamente, siendo esto lo fundamental en el sistema democrático. 

 

LO INTERNACIONAL

A nivel internacional se estrecha el cerco económico político, restando aliados, amigos y apoyo financiero. Como consecuencia de la juramentación para el nuevo período de gobierno, la comunidad internacional, el Grupo de Lima y los representantes de 13 países acordaron desconocerlo, igual han hecho países como Canadá, los Estados Unidos, la Unión Europea y por si fuera poco, España a quien se consideraba por lo menos neutro frente a la crisis,  se acaba de pronunciar con una crítica muy fuerte frente al gobierno venezolano. 

  

LO INTERNO

Para colmo, la única columna de sustentación económica para el gobierno representada en el petróleo, refleja en los mercados un precio inestable y reacio a aumentar y alcanzar los tres (3) dígitos tan ansiados por el gobierno. La incapacidad gerencial para manejar la industria petrolera le coloca la “guinda” a la crisis al disminuir su nivel de producción en los últimos 15 meses. 

El gobierno no tiene soporte social interno, lo demuestran las encuestas al situarlo por debajo de un 20%, si a eso le agregamos las contradicciones intestinas del partido de gobierno, que ya carece de movilización social, agotado y sin respuestas a la crisis,  coloca en la mesa un plato muy difícil de digerir para el propio gobierno. 

 

EL FUTURO INCIERTO

En estas circunstancias la gobernabilidad democrática tiende a cero, y nos convertimos en un país inviable. Más aún, su condición de país se ve seriamente comprometida en lo institucional a lo interno y en el concierto internacional. La incertidumbre es muy elevada, con el agravante que no podemos ponderarla ni imaginarla. Los riesgos son muy elevados y estos sin pueden ser cuantificables y podríamos elaborar escenarios y adjudicarles probabilidades de certeza. Los riesgos políticos y sociales son infinitos y pueden colocarnos a niveles de la frontera de violencia, con consecuencias impredecibles. 

 

RESPONSABILIDAD COMPARTIDA

La primera línea de  responsabilidad para la solución de la crisis política la tiene el gobierno nacional. Es el gobierno quien debería procurar iniciativas para lograr una salida política. Si el gobierno no la comienza y en ausencia de instituciones con credibilidad y autoridad, le corresponde a los factores de poder que dan soporte al gobierno tomar la iniciativa y plantearla ante la sociedad venezolana. 

Es imperativo una solución y un gran acuerdo nacional, porque de lo contrario, esta crisis de prolongarse en el tiempo, las consecuencias para la sociedad serán terribles. Nadie va a invertir en la Venezuela descrita, las fuentes de financiamiento cerradas, con litigios  a montón por expropiaciones de empresas, demandas por intereses no pagados a los tenedores de bonos, no podemos ni siquiera comenzar un proceso de renegociación de la deuda externa, porque esos tenedores y acreedores no reconocen al gobierno como legítimo para una renegociación. Con menores ingresos petroleros, tendremos mayor escasez de comida y medicinas, crisis eléctrica, fallas en el suministro de gas, escasez de gasolina, un suministro de agua intermitente. Todo un marco negativo para la actividad económica, la inversión y las iniciativas privadas y públicas. 

Es de tal magnitud la crisis política venezolana, que en un supuesto negado,  cualquier decisión económica con cierta viabilidad y acierto, se anulará en el tiempo si no se corrige la crisis institucional, mediante un acuerdo político con reconocimiento nacional e internacional, apoyo financiero externo, ayuda humanitaria, soporte y seguimiento político de instituciones supranacionales para garantizar el fiel cumplimiento del acuerdo por las partes. 

Si no hay un acuerdo político, habrá un desenlace con consecuencias impredecibles para todas las partes en conflicto. Pero desenlace al fin, será una solución, porque en política el vacío no existe.

 

   

 

 

 


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