Dolarizar
Escrito por Alexis Aponte | @alexisaponte14   
Martes, 13 de Marzo de 2018 00:00

altUna de los ofrecimientos del candidato Henry Falcón, es la dolarización de la economía venezolana.

A esa iniciativa se han sumado algunos actores económicos y profesionales de la economía y dada la tentación del tema es necesario abordarlo.

Normalmente en países azotados por la hiperinflación, la respuesta inmediata es la dolarización como si esta fuera una panacea a la solución de los problemas creados por una alta inflación. Una de las premisas fundamentales de la cual tenemos que partir para una discusión económica seria, es tener claro que, la hiperinflación es  consecuencia de malas políticas económicas. Por lo tanto, si queremos resolver las distorsiones económicas, tenemos que ir a lo medular del  problema.

Los argumentos que esgrimen a favor de la dolarización se fundamenta en:  

Se  le quita al gobierno la facultad emisión de dinero inorgánico. En otras palabras, se le confisca la fábrica de emitir billetes.

Obliga a la disciplina fiscal por parte del gobierno.

La dolarización de los salarios evita el deterioro de su  poder adquisitivo

El otro argumento se refiere a una dolarización de hecho en la economía venezolana.  

 

Consideraciones para el debate

A tal efecto y ante esos argumentos procedemos a aportar una serie de consideraciones para alimentar el debate y abordarlo con el mayor profesionalismo posible:

Una decisión de dolarizar la economía tiene que ser producto de un debate nacional. Hay sectores que se ven perjudicados en dicho proceso. Un ejemplo, aquellas personas y empresas que no están bancarizadas y otros, que se les hace más difícil el acceso al crédito.  

Los países con procesos hiperinflacionarios poseen características y estructuras económicas financieras desiguales. Esto incluye, niveles de reservas internacionales, ingresos diversificados, seguridad social y pasivos comerciales y laborales adeudados por el estado.

Dolarizar una economía implica hacer una serie de reformas monetarias y fiscales y he aquí una disyuntiva; hacemos dichas reformas previas a la dolarización o las hacemos después de la toma de decisión de dolarizar. Este debate se ha planteado en diversos foros donde se ha tratado el tema y no hay consenso al respecto. Más aún, en el caso venezolano  la actual Constitución deja muy claro el tema monetario. Probablemente tendremos que ir a una Constituyente o someter a consideración una enmienda constitucional.

Se requiere tener conocimiento claro y preciso de algunas cifras de las cuentas nacionales. Por ejemplo: la deuda comercial contraída con proveedores de alimentos y medicinas, compromisos de aporte de capital en asociaciones estratégicas, los montos mil millonarios de bolívares represados por concepto de repatriación de dividendos en poder de empresas privadas. Las numerosas demandas, algunas, ya con dictamen en perjuicio del país. Lo más grave de todo esto, es la opacidad y falta de  información de la cual adolecemos para poder cuantificar y planificar.

Algunos colegas han planteado que podemos hacer una dolarización inmediata (fast track). Esa decisión tiene que tomar en cuenta los niveles de reservas internacionales de Venezuela, con reservas líquidas que probablemente no llegan a los US$ 2.000 millones. Claro, ante esto podrán argumentar que se podría acudir al Fondo Monetario Internacional, Banco Interamericano de Desarrollo, y a la banca internacional. Claro que podemos recurrir a los multilaterales, pero materializar esos préstamos lleva meses de negociación, necesidad de derogar la prohibición emitida por el gobierno americano contenida en la OFAC y otro detalle; Venezuela es un país en “default” crediticio. 

Se necesita cuantificar el monto de auxilio financiero que permita atender la demanda de dólares en las primeras semanas del proceso de dolarización. Según cálculos efectuados y sin información fidedigna gubernamental se estiman  unos US$ 60.000 millones para mantener un dólar dentro de los parámetros esperados.

Hay otras consideraciones de experiencia internacional, que ratifican que una dolarización no es suficiente para lograr tener un país que retome el camino del desarrollo y más aún  democrático. En el corto plazo puede  reducir la inflación, más allá lograr cierta estabilidad económica, pero eso no es suficiente. Tenemos tres (3) experiencias recientes que demuestran la necesidad de algo más que una dolarización:

 

  • El primer caso es el de Puerto Rico, estado libre asociado de los Estados Unidos. Su situación actual es la de un estado “declarado en quiebra”. Como es conocido, su moneda de uso corriente es el dólar americano. Tiene una deuda aproximadamente de unos US$ 72.000 millones. El hecho de tener una economía dolarizada no fue suficiente para evitar el desastre financiero.

  • Un segundo ejemplo lo tenemos en Ecuador. Con una economía totalmente dolarizada y una industria petrolera que se benefició del boom de los precios petroleros y que ahora atraviesa una crisis dada la caída de los precios. El ex presidente Correa hablaba de una deuda externa de US$ 27.8 millardos, y en auditorías realizadas por su sucesor, el presidente Lenín Moreno, aparecen pasivos subyacentes que la elevan a US$ 42.000 millardos, a pesar que la actual Constitución impone límites de endeudamiento en relación al PIB. 

  • El tercer y último caso lo tenemos en Grecia. País miembro de la Unión Europea con el Euro como moneda de uso corriente. Es conocida la situación en la cual se encuentra la economía helena, con una deuda pública cercana a los US$ 350 mil millones de dólares, hoy día auxiliada por el Banco Central Europeo y todo ello producto de un mal manejo de las finanzas, un endeudamiento soberano desenfrenado y políticas públicas desacertadas.

Traemos estos ejemplos para graficar que no es suficiente dolarizar y ofrecer esto como una solución a los problemas estructurales de una sociedad aquejada con grandes distorsiones económicas, sociales e institucionales. Más aún, en la guerra, la política y la economía hay decisiones donde el “costo de retorno”, es muy elevado y la dolarización es una de ellas y siempre es una tentación.

En esta emergencia nacional tenemos que tomar una serie de decisiones de acción inmediata, entre ellas la eliminación del control de cambios,  pero todas concatenadas con un plan de mediano y largo plazo, lo cual implica diseñar una ejecutoria económica coherente, holística y sistemática, que sumado al ejercicio y soberanía de instituciones fuertes, independencia de poderes públicos y un marco normativo que respete e incentive a la iniciativa privada, podríamos  diseñar y reconstruir una república viable. 

Pudiéramos hablar más del tema, pero el tamaño del escrito lo impide. Es necesario debatirlo, y explorar diversas opciones y escenarios, porque  20 años de fracaso nos impide equivocarnos.

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