¿Guerra económica? o riesgo regulatorio, expectativas - desconfianza y externalidad de participación
Escrito por Enrique González (economista)   
Martes, 08 de Agosto de 2017 06:49

altLa confianza, las expectativas y el Estado de Derecho son elementos de enorme incidencia en la toma decisiones de los agentes

económicos y en consecuencia sobre la economía toda y sobre la calidad de su desempeño. La dificultad con la que se desarrollen y multipliquen los círculos virtuosos de producción e intercambio que generan beneficio, satisfacción de necesidades, excedente del consumidor y su sumatoria -Bienestar Social-; puede deberse a problemas o fallas de coordinación -miscoordination o coordination failures-. Existen acciones de Gobierno que definitivamente inciden sobre la toma de decisiones de los agentes económicos y cuyo alcance de sus efectos pueden trascender al agente económico sobre el cual se aplica la acción pública o regulatoria.

Una economía consiste en un sistema formado por agentes y actores económicos que interactúan entre sí y que dependen o se complementan entre sí dependiendo de las funciones que cada uno desempeña y su caracterización -empresas y clientes-. Si se quiere, una manera de imaginar lo anterior podría ser por medio de una matriz insumo producto donde las variables agregadas, macroeconómicas, como por ejemplo la producción, la oferta, la remuneración de los actores y su uso en consumo puede resultar una identidad contable. En este sentido, la relación e incluso “interdependencia” puede ir desde una directa o explícita en un sentido fuerte hasta una interdependencia indirecta. El primer caso puede constituirlo una cadena de valor y/o de producción y transformación manufacturera o industrial, donde suele existir una larga relación vertical desde el primer proveedor aguas arriba de materia prima, pasando por transformadores de la materia prima, hasta eventuales ensambladores de piezas y partes para producir y ofertar un bien de consumo final. En este primer caso es directa y evidente la relación entre un proveedor aguas arriba y un consumidor intermedio transformador de la materia prima. Sin embargo, el segundo caso de relación indirecta podemos imaginarla como el efecto externo que una actividad económica genera sobre otras en la medida que remunera a sus trabajadores quienes tendrán poder de consumo -obviamente en términos reales- para poder coadyuvar a la formación de la demanda de otros bienes y servicios. Existen esfuerzos por modelar y comprender esta dinámica de interdependencia y por medio de esto crear y enriquecer con microfundamentos a la macroeconomía[1].

Esta interdependencia implica potenciales efectos externos o externalidades de una actividad económica hacia otra; que como la hemos descrito implicarían potenciales externalidades positivas[2][3]. Este tipo de externalidades positivas se conocen como externalidad de participación o externalidad del comercio[4].

Como cualquiera versado en economía podría intuir un potencial problema público podría ser el insuficiente nivel de actividad económica, en la medida que el efecto externo positivo no es totalmente internalizado por cada agente económico productor. Sin embargo, existe otra característica de una situación de externalidades como la descrita, consistente en que suele existir más de un equilibrio, y que cada quien prefiere a uno de estos equilibrios en comparación al otro.

Las externalidades de participación subyacen en el enfoque keynesiano de la economía. J. M. Keynes argumentaba que la economía podía desembocar en un equilibrio donde la producción sea extremadamente baja. En este equilibrio, cada empresa podría querer y estar dispuesta a producir y vender más de su producto, pero no incrementa su producción porque estima que cualquier cantidad adicional podría no ser vendida en el mercado -por ejemplo producto de las expectativas formadas en un escenario de continúa e ininterrumpida contracción económica-. Ante esta situación la empresa produce pocos bienes y emplea un número relativamente bajo de factores productivos. La situación anterior determinaría un elevado nivel de desempleo, así como unos ingresos agregados bajos, lo que en términos reales haría que existiese un nivel de compra bajo y una depresión del poder y capacidad de compra agregada. Las expectativas de los agentes económicos como productores, demandantes de factores productivos y los consumidores son negativas[5]. En este equilibrio, ningún productor tendrá los incentivos suficientes para expandir sus operaciones y contratar más trabajadores. En este sentido, los nuevos ingresos generados por la contratación de trabajadores de una única empresa tendría un impacto insustancial sobre la demanda de sus propios productos, así como un impacto insuficiente sobre la demanda del resto de productos en la economía; pudiendo hacer que los nuevos productos no encuentren suficiente confianza del consumidor, poder de compra y demanda como para que sean colocados.

Sin embargo, podría existir un “acuerdo multilateral” -como lo define John Leach[6]- que podría llevar la economía a un nuevo equilibrio en el cual todos los participantes en la economía y la sociedad estén mejor. ¿Cuál es este nuevo acuerdo? Primero, permítannos explicar el fenómeno de externalidades de participación y las acciones públicas-regulatorias que exacerban la depresión económica, para que lleguemos a una conclusión sobre qué requeriría la economía venezolana.

El riesgo regulatorio podría definirse como la incidencia de una acción administrativa-regulatoria o de control de precios por parte del Gobierno sobre los agentes económicos, -especialmente sobre los productores- impactando el flujo de caja esperado[7] o las expectativas de ingresos de las empresas. Como veremos más adelante los controles de precios -entre otras barreras legales y administrativas contra la actividad económica- podrían complicar los problemas de coordinación y exacerbar una masificación de externalidades de no-participación, profundizando una situación de contracción económica.

Supongamos dos empresas que suelen tomar sus decisiones de producción independientemente una de la otra[8]. Cada empresa participará, lo que significa que producirá, solo si le es económicamente conveniente, es decir si genera beneficios. Cada empresa sería más rentable cuando otras empresas participan igualmente en la economía, con lo que las decisiones de  participación de las dos empresas están interrelacionadas.

Imaginen que las dos empresas -denominémosla empresa 1 y empresa 2 respectivamente- deberán decidir individualmente si producen o no lo hacen. Las empresas no enfrentan costos ni ingresos si la empresa escoge no producir. En este caso su beneficio será igualmente cero. Por su parte, una empresa que decide producir, incurrirá en unos costos positivos c y produce una unidad de su bien. Este bien no tendría valor para la empresa que lo produce, pero posee un valor x -donde x es mayor a c para que sea viable producir e intercambia- para la otra empresa[9]. Una empresa que produce se presenta en el mercado esperando encontrarse con otra empresa para comerciar. Si ambas empresas producen y llevan sus productos al mercado, éstos últimos serán intercambiados, con lo que cada empresa recibirá un bien cuyo valor es x. En este sentido los beneficios posibles para ambas empresas son, (x – c) si produce y la otra empresa produce encontrándose y transando en el mercado, y por el otro lado (-c) si produce y la otra empresa no produce por lo que se queda con un producto que para ella no tiene valor teniendo que afrontar el costo de haberlo producido.

Así las cosas los pagos de este juego pueden representarse de la siguiente manera:

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Este escenario representa un juego estratégico estático, donde las empresas buscarán maximizar sus pagos o beneficios. En este juego existen dos equilibrios por lo que es multi-equilibrio, aun cuando las empresas pudieran estar dispuestas a coordinarse para evitar el resultado en el cual ninguna de las dos participan ya que unilateralmente ninguna tendrá incentivos para cambiar su decisión o estrategia. Obviamente el equilibrio de baja producción no es eficiente, porque ambas empresas estarían mejor en el equilibrio donde ambas producen.

Ahora consideraremos un juego alternativo para introducir el factor de incertidumbre. Las empresas tomarán sus decisiones de participación dependiendo de las circunstancias, en la medida que sean favorables o por el contrario no participarán si las circunstancias son desfavorables. En este sentido supongamos que los costos de producción de las empresas se encuentran influenciados por eventos aleatorios, como podría ser la falla, deterioro o paralización de una maquinaria, los retrasos en acceso a la fuente de materia prima entre otros eventos -ponderemos que en el caso venezolano existe una enorme incidencia del Estado sobre la dificultad por parte de las empresas para enfrentar este tipo de eventos, impactando costos, así como “deteriorando” la distribución de probabilidad de estos eventos en términos de mayores riesgos para las empresas-. Supongamos que el valor de los costos se encuentra a lo largo del intervalo entre 0 y 1. Supongamos igualmente que la probabilidad de los costos sujetos a los eventos es igualmente c, uniformemente distribuido dentro del intervalo [0,1].

En esta ocasión supongamos que cada empresa otorga un valor “y” a su propio bien así como al bien de la otra empresa un valor x, tal que: 0y es el valor que cada empresa otorga a su propio bien.

En este situación de incertidumbre, cada empresa conoce que su costo de producción se encuentra determinado por un proceso aleatorio y conoce la distribución de probabilidad de sus costos. Conoce que la otra empresa se encuentra en la misma situación y que presenta la misma distribución de probabilidad. Cada empresa sabe que descubrirá su tipo de costo actual antes de tomar su decisión de producción. Asimismo, cada empresa sabe que el conocimiento que tenga sobre su costo actual nada informa sobre el costo actual de la otra empresa.

Bajo estas circunstancias cada empresa escogerá producir solo si su propio costo es lo suficientemente bajo. Cada empresa sabe que existe un chance de que la otra empresa no produzca , haciendo que el intercambio de bienes no sea posible. Si sus costos son elevados, la empresa comparará tal costo alto y seguro con sus beneficios esperados, y podría decidir no producir. Sin embargo, si su costo es bajo, la producción es una buena apuesta y la empresa estaría finalmente decidiendo producir. El problema que enfrenta cada empresa consiste en determinar el break-point que separa los costos lo suficientemente bajos que justifiquen producir de aquellos lo demasiado alto para hacer la decisión de producir no viable. Este costo y probabilidad acumulada la definiremos como či -para cada empresa respectivamente-.

Las empresas que operan en escenarios bajo incertidumbre buscarán maximizar sus beneficios esperados[10]. En este sentido, el beneficio esperado será la sumatoria de la probabilidad de producir multiplicada por el beneficio si produce, más el resultado de la probabilidad de que no produzca multiplicada por el beneficio de no producir. Como en el último caso el beneficio es cero, nos quedamos únicamente con el primer componente de los beneficios esperados -el caso que produce-. En términos genéricos para ambas empresas lo anterior podemos expresarlo de la siguiente manera:

Beneficio Esperado de la empresa i = πi = (Beneficio o pago esperado si la empresa produce)*či

 

Para definir el “Beneficio o pago esperado si la empresa produce” debemos considerar:

 

  1. Que cuando la empresa produce y la otra produce igualmente, esto le permite tener por ingreso el valor x. Igualmente enfrentando el costo de producción.

  2. Que cuando produce y la otra empresa no produce, queda con el valor y de su producto pero encarando el costo de producir.

 

Así las cosas el beneficio esperado de la empresa 1 es igual a:

 

π1 = (č2*x + (1 – č2)*y – č1/2)*č1

 

Donde el costo č1/2 representa el costo esperado medio, una vez se encuentra identicamente distribuido a lo largo del intervalo [0,1] y se asumirá si la decisión es producir independientemente de la decisión que haya tomado la otra empresa.

 

Por simetría:

 

Π2 = (č1*x + (1 – č1)*y – č2/2)*č2

 

La producción en esta economía es una apuesta, donde los costos serán ciertos una vez se decide producir y los beneficios inciertos. Las empresas resuelven este dilema produciendo siempre que los costos se encuentren por debajo de cierto valor o break-point. En el equilibrio de Nash, cada empresa determinará el či que maximiza πi. Para la empresa 1 tenemos:

 

∂ π1/ ∂ č1 = č2*x + (1 – č2)*y – č1 = 0

 

El caso de la empresa 2 podemos obtenerlo por simetría. Resolviendo este sistema de ecuaciones que evidencia la interdependencia entre las empresas obtenemos el equilibrio de Nash único:

 

č1 = č2 = y/[1 – (x – y)]

 

Siendo que el break-point se encontrará entre x y y.

Las decisiones de producir de cada empresa aumentan el beneficio esperado de la otra empresa, por lo que cada acción pública que incremente los costos y modifiquen las probabilidades; potenciarán resultados ineficientes socialmente y profundizarán la recesión económica.

En específico, el efecto de un control de precios que reduce el flujo de caja de las empresas puede igualmente visualizarse como un pinzamiento de márgenes donde el precio regulado se ubicará por debajo de nuestro valor x e incluso incrementándose los costos derivados de gastos administrativos para atender la regulación o porque los costos se incrementan producto de otras acciones administrativas que limitan el acceso de las empresas a sus insumos encareciéndolos (cambiando la distribución de probabilidad de los costos, dejando de estar uniformemente distribuidos como el supuesto del modelo expuesto). Lo anterior provocará que la probabilidad acumulada -č1 y č2- a partir de la cual las empresas desarrollarán su actividad económica disminuirá, aumentando la probabilidad de que las empresas no desarrollen la actividad económica representada por (1 – č1) para la empresa 1 y (1 – č2) para la empresa 2, respectivamente. En este sentido, las acciones regulatorias, controles de precios y las barreras administrativas a la actividad económica exacerban la recesión y la contracción económica, acelerada por el efecto externo de paralización y no-participación en la actividad económica.

De igual manera políticas públicas que parten de definiciones Ad Hoc de “estratégicos” sobre ciertos sectores económicos (limitando la inversión privada en ellos) o regulándolos, adicionalmente a prejuicios por parte de funcionarios públicos sobre patrones de consumo instrumentalizados por medio de acciones públicas discrecionales, arbitrarias y discriminatorias hacia ciertos sectores en materia de acceso a divisas, permisología o materia prima; pueden constituir acciones públicas que destruyen valor, riqueza y efectos externos positivos que potencian las economías. Por ejemplo, la reserva del Estado sobre las actividades económicas alrededor del sector hidrocarburos lo que ha hecho es limitar el potencial de dicho sector a las limitaciones financieras de PDVSA. Por su parte, la indolencia hacia el sector automotriz ensamblador y su subsector proveedor de autopartes ha significado la desaparición de una importante actividad económica en Venezuela. Y así existen numerosos ejemplos.

Este análisis da luces para entender quiénes son los verdaderos responsables de la supuesta “guerra económica”.

Para romper con esta dinámica negativa y este fenómeno de profecías autocumplidas producto de acciones públicas y regulatorias asfixiantes y la falta de confianza en la actual gestión de Gobierno y cualquier iniciativa por parte de este; se requiere un cambio del modelo económico y de sus promotores públicos.

Notas

[1] Peter Diamond: A Search-Equilibrium Approach to The Micro Foundations of Macroeconomics. The MIT Press, 1984.

[2] Existe otros desarrollos teóricos y analíticos que modelan la existencia de externalidades negativas del tipo “congestión” referido a la entrada de numerosos competidores en un mercado. Para ello ver: Salop, Steven C. 1979. “Monopolistic Competition with Outside Goods.” Bell Journal of Economics.

[3] Otro tipo de externalidad negativa en el caso de interdependencia entre empresas lo constituyen los problemas externalidad vertical negativa como la Doble-marginalización, esfuerzos insuficientes y ocultos, entre otros. Para ello podría verse: Jean Tirole: The Theory of Industrial Organization. The MIT Press, 1988.

[4] John Leach: A Course in Public Economics. Cambridge University Press. 2004.

[5] Bastaría un fenómeno de profecías autocumplidas como para que el proceso de contracción económica se acelere y profundice.

[6] John Leach: A Course in Public Economics. Cambridge University Press. 2004.

[7] Bukhard Pedell: Regulatory Risk and the Cost of Capital: Determinants and Implications for Rate Regulation. Editorial Springer. Nov, 2010.

[8] No existe cross-ownership, accionistas comunes, mucho menos una integración vertical que permita construir una función objetivo única.

[9] Esta premisa representa la interdependencia que como ya hemos asomado puede ser directa o indirecta sin perder generalidad el modelo y la explicación.

[10] Actuando como agentes neutrales al riesgo. Ver: Inés Macho Stadler: Introducción a la Economía de la Información. Editorial Ariel, 2005.


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