Araya es la vivencia de un pueblo que nace entre la sal y el amor
Escrito por Desirée Depablos   
Domingo, 19 de Julio de 2009 19:01

altLos ojos de Andrés Salazar,  se llenan de un brillo especial cuando comienza a hablar de la película Araya, y es que el film de Margot Benacerraf que hace 50 años triunfó en el Festival de Cannes, convirtiéndose en uno de los 5 más importantes del cine latinoamericano, forma parte de su historia de vida.


A pesar de haber sido catalogada como documental por algunos críticos, para Margot Benacerraf, Araya no es un documental, pues asegura que  escribió un guión y ubicó a los personajes en acciones que realizaban día a día. Ella convivió con los pobladores de Araya y narró su modo de vida a través de la historia de dos familias salineras (Pereda y Salazar) y una de pescadores (Ortiz).

 


Andrés Salazar es hijo de Dámaso y Petra Salazar, quienes llegaron a Araya en 1914, provenientes de la isla de Coche y lograron levantar su familia  sacando la sal con sus manos de la forma más rudimentaria de las salinas.  De aquella época, recuerda Salazar cuando llegó Margot Benacerraf  a la  península y se instaló en su casa. “Yo solo tenía 7 años, desde el principio nos unió una gran amistad, la vimos bañarse escondida detrás  de una tuna pues en aquel entonces no existían los grandes baños”, comenta.alt


Nosotros, los Salazar éramos los salineros diurnos, la película muestra nuestro modo de vida,  nuestra infancia, que se desenvolvía entre la pesca y la sal. No tengo una participación protagónica aunque aparezco en algunas escenas, con mi madre y hermanos que si eran protagonistas centrales. Ahora todo ha cambiado mucho, eso está en el suelo, lo pude ver recientemente cuando estuve allá.


Recuerda también Salazar que la cineasta no se había planteado hacer este film hasta que una noche en la casa de Mariano Picón Salas hojeando  una  revista Elite, vio las grandes pirámides de sal. En ese entonces ni sabía como llegar allá. El resto es historia,  sin embargo, a pesar del éxito obtenido en Cannes, en mayo de 1959, el film solo se estrenó en Venezuela 18 años después por diversos contratiempos que incluyeron el extravío  de la copia, la enfermedad de la directora y su inconformidad con el corte de la cinta original.


Este fue su primer y único largometraje con el cual nunca quedó conforme pues se vio obligada a cortar la cinta original de tres horas  a 80 minutos para poder participar en el Festival de Cannes.
Para Salazar uno de los logros más importantes del film fue dar a conocer la Península de Araya en el ámbito internacional. “A pesar de haber transcurrido 50 años todavía me emociono por esta película que es la vivencia de un pueblo que nace entre la sal y el amor, es también parte de mi historia de vida”, concluyó Salazar.



Foleyenda (Fotos Elizabet Muñoz y archivo de la película Araya cortesía de Andrés Salazar)




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