David Yallop: Juan Pablo II fue un encubridor
Escrito por Iván R. Méndez | @ivanxcaracas   
Jueves, 14 de Mayo de 2009 09:12

David Yallop (Londres, 1937) es uno de los escritores-investigadores más polémicos de finales del siglo XX. Ha creado libros muy sugerentes  que revelan el lado oculto en torno al terrorismo, las drogas y hasta el fútbol, pero su   obra más emblemática es  En el nombre de Dios (1984), en la cual narra el complot en torno al asesinato de Juan Pablo I. Ésta se ha traducido a docenas de idiomas y vendido cientos de miles de ejemplares en todo el mundo. Ahora entrega la continuación de ese libro, El poder y la gloria (Planeta, 2008), el cual ha fortalecido con testimonios y análisis documental en más de 638 páginas que cuestionan, junto al lector, si el Papa tomó o no  “todas las decisiones necesarias”.


Yallop ha sufrido atentados misteriosos, mientras que  sus fuentes dentro de la iglesia católica fueron removidas de sus cargos e incluso despedidas. Esos eventos no impidieron  el avance de una investigación en la cual Juan Pablo II no sale bien librado debido a su constante encubrimiento de homicidios en masa, corrupción y hasta de la pedofilia que se ha transformado en un cáncer que “le ha costado al Vaticano más de nueve millardos de dólares en demandas y muchas diócesis han quebrado por estos hechos”… Durante la entrevista, Yallop relató anécdotas sobre el libro, como una demanda que entabló y ganó contra los creadores de El Padrino III, quienes plagiaron extensos pasajes de su libro. Afable y acucioso, el británico nos explica por qué Juan Pablo II no debería ser beatificado.


— ¿Por qué asume el rol de Promotor fidei o abogado del Diablo de Juan Pablo II, quien pronto podría pasar de Papa a Santo de la iglesia católica?

— ¿Por qué no lo haría? Este hombre ha sido  exaltado y antes de que lo conviertan en santo se debe establecer la verdad acerca de su vida. Ningún libro, antes de este, ha siquiera intentado hacerlo.

El subtítulo de su libro es “¿santo o político?, ¿por qué un político no puede ser un santo?

— Ese no es mi subtítulo, ese lo inventaron en la edición mexicana, que tienes en tus manos. El subtítulo original es “dentro del corazón oscuro del vaticano de Juan Pablo II”

¿Porque esta cruzada en contra de Juan Pablo II? ¿acaso los otros Papas del siglo XX  fueron modelos de ética y probidad?

— El único otro Papa que he estudiado en profundidad es Juan Pablo I, a quien reseño en el libro En el nombre de Dios. Allí me confronté con un hombre que era un santo viviente. Juan Pablo II, al contrario, no es un hombre santo ni vivo ni muerto. Yo no he estudiado con la misma profundidad a todos los Papas del siglo veinte, pero  he presenciado a varios de ellos en mi vida. Cuando nací, el Papa  era  Pío XII, pero yo podría asegurar que Juan XXIII fue un gran papa. Este hombre (Juan Pablo II) no fue un gran Papa ni mucho menos un santo.

¿Cuáles son los hechos concretos que le permiten asegurar que Albino Luciani (Juan Pablo I) fue asesinado por sus ideas reformistas dentro del orden Vaticano?

— Lo más importante fueron las decisiones que Albino Luciani había tomado justo antes de su muerte. Él iba a remover del Banco del Vaticano al obispo Paul Marcinkus, que era el jefe del ente e iba a despedir a cuatro de sus colaboradores más cercanos. Estos individuos estaban involucrados, en ese momento, en comportamiento criminal de  amplio espectro, pero lo más notable era su relación con Roberto Calvi del Banco Ambrosiano. Luciani sabía esto, no porque lo hubiese descubierto en el momento en que se hizo Papa sino porque había oído sobre esta ola de corrupción durante los siete años anteriores, cuando trabajaba en Venecia.

La otra gran razón fue que Juan Pablo I tenía pensado tomar una posición diferente con respecto al control de la natalidad y esta impactaría sobre la vida de millones de personas, ya que pretendía controlar la sobrepoblación del planeta. Cuando revelé eso en el libro “En el nombre de Dios” se enfurecieron en el Vaticano,  pues pensaban que habían destruido toda la evidencia de este hecho. Y yo tuve acceso a  información que ellos no tenían. Verás, lo que pasa es que en el momento en que un hombre es nombrado Papa comienza su proceso de beatificación. La curia sale y busca cualquier información que pueda comprometer al Papa, y luego  la entierran, como hicieron con Pío XII y la información que podía comprometerlo con los judíos. Aunque se de muchas personas en el Vaticano que serían capaces de asesinar a Juan Pablo I por su posición ante el control de la natalidad, personalmente creo que la razón principal fueron los problemas con el dinero.

¿Por qué el cardenal Giovanni Benelli no llegó hasta las últimas consecuencias en resolver tanto  el homicidio como en exigir se continuasen con estas reformas?

— Él trató. Pero en definitiva era un servidor de la iglesia.  Él y otros cardenales exigieron una investigación completa acerca de la muerte de Luciani, que debía ejecutarla   Juan Pablo II, pero éste no la aprobó. Si lo hacía,   podrían salir a la luz las medidas de Luciani, que luego debían ser continuadas por su sucesor.  Este hecho en sí mismo dice  mucho acerca de la personalidad de Wojtyla.

En vez de seguir con las medidas, usted indica en su libro que Wojtyla ratificó a Marcinkus y su clan, ¿por qué haría algo así?

— Porque él era corrupto. El Papa era corrupto. Un ejemplo de cuanto lo era se puede sacar de esto. En 1982, luego del asesinato de Roberto Calvi  en Londres, llegaron al Vaticano los   alegatos que yo hacía en mi libro acerca de Marcinkus. Allí se evidenciaba que el Vaticano había trabajado en conjunto con el crimen organizado en Italia y  se hizo obvia la pérdida de 1.2 millardos de dólares, de los cuales el Banco del Vaticano era fiador.  Wojtyla se volteó y le dijo a uno de sus colegas, a manera de chiste y sin sentirse culpable de nada: “no puedo esperar a ver como Marcinkus logra salirse de todo esto, sin culpa ni inmoralidad”.

Toda su vida Wojtyla tuvo una posición muy particular con respecto al trato de los escándalos. Lo cual se remonta a su niñez en Cracovia. Él creía que debían encubrirse todos los escándalos en la iglesia. El decía que en la casa de su padre, es decir, en la iglesia, había un cuarto especial para discutir esos asuntos y nada salía de allí. Sea la corrupción de Marcinkus, el asesinato de Juan Pablo I o la ola de curas pedófilos en el mundo, todo eso debería encubrirse. Si en algo fue consistente Wojtyla durante su vida fue en encubrir.

Usted denuncia una creciente cofradía de fascistas dentro del poder vaticano que aspira controlar totalmente la vida de la gente en América latina. ¿Puede hablar un poco de eso?

— Cuando Wojtyla ascendió al papado,  la mayoría de los cardenales que se encontraban en Latinoamérica  tenían una relación muy estrecha con los gobiernos dictatoriales establecidos en Guatemala, Nicaragua, El Salvador, incluso Chile, y Wojtyla no se opuso a esto. Por ejemplo, hay evidencias  que en Brasil, cuando terminaban de torturar a los hombres y mujeres opositores a la Junta de Gobierno, las subían vivos a  unos helicópteros y los llevaban al Atlántico. Allí, antes de arrojarlos al océano, recibían la bendición de un sacerdote que también viajaba con ellos.  Y este Papa no levantó ninguna protesta aún cuando conocía estas acciones. Tampoco protestó por los desaparecidos de Argentina y otros países. Wojtyla llegó a pararse en un balcón en Santiago junto a Pinochet. Además,   al rechazar la Teología de la Liberación dio la bendición para que siguieran las matanzas  desde Guatemala hasta Chile. ¡Él era un monstruo! Él es directamente responsable de la muerte de miles de personas desde 1978 hasta que la democracia apareció en las naciones de la región.

Usted habla de Juan Pablo II como un hombre de contradicciones, porque se dice que él ayudó a Ronald Reagan a patear el comunismo, pero muestra muchos de sus escritos en los que de alguna manera apoya este movimiento y el marxismo.

— Cuando Wojtyla era joven, y esto es algo usual en cualquiera de nosotros,  era mucho más radical. Se podría decir que yo soy inusual, pues me vuelvo más radical a medida que envejezco, me enfurezco más. Wojtyla olvidó al joven que él fue, lo suprimió. Pero políticamente siempre fue un hombre de la  derecha. Él no fue un hombre de su tiempo,  creo que hubiese estado más cómodo viviendo en la mitad del siglo XV. Él nunca vivió en democracia, tal vez sólo unos pocos años de su infancia, antes que Polonia se transformara en una dictadura militar, que fue relevada por los nazis y luego por los rusos. No tuvo tiempo para entender la democracia americana. Él decía frecuentemente que “deben recordar que en la iglesia no somos una democracia” . Y eso es cierto, si la iglesia lo fuese tendrías mujeres sacerdotes, como en los primeros 200 años de la cristiandad.  Ni los homosexuales serían considerados pecadores ni condenarían el aborto practicado por mujeres violadas, por ejemplo.

¿Por qué Wojtyla impulsó el  poder del Opus Dei en la iglesia?

— El Opus Dei es una organización de derecha al igual que el Papa, lo cual crea compatibilidad entre ellos. Yo creo, aunque no he podido corroborarlo,  que Wojtyla fue un miembro del Opus Dei, pienso que su comportamiento a lo largo de toda su vida fue consistente con esa ideología. De hecho, lo primero que hizo luego de ser nombrado Papa, en el cónclave de octubre,  fue irse a orar ante la tumba de José María Escribá . Él le dio privilegios especiales a esta orden, ellos le respondían directamente al Papa.

¿Por qué esa  organización es tan fuerte en las universidades?

— Porque son muy astutos. Ellos roban talentos, reclutan gente joven y brillante, como ustedes. Tienen gente infiltrada en los campus, que son cordiales e invitan a los prospectos a tomar café o jugar pool y así seducirlos. Ellos son muy eficientes cuando predican sus dogmas. El propósito es tomar a esos talentos y usarlos para beneficio de la organización. El Opus Dei posee más periódicos a nivel mundial que ninguna otra organización. Sólo en Venezuela uno de los editores mas respetables  tiene un arreglo con la iglesia católica romana. Recuerda,   si lanzas pan al agua atrapas muy buenos peces…

¿Por qué ataca al vaticano? Éste, para algunos es la fe, ¿Qué propondría para reemplazarlo, volver al cristianismo primitivo?


— Yo pienso que lo que necesitamos es un Hércules que limpie la institución, no alguien como yo sino más bien un cardenal. Tal vez uno como Albino Luciani, que decida  remover la suciedad interna, pero probablemente termine asesinado también.

¿Coincide usted con el filósofo  Friederich Nietzsche cuando afirma  que “el único cristiano murió en la cruz”?

— (Risas) No sabia que él dijo eso, pero particularmente me parece un autor algo negativo. Porque esa sentencia eliminaría a Albino Luciani,  quien es uno de los hombres más cercanos a un santo, por lo menos entre los que he conocido. Quizá podríamos decir que  cada cristiano muere en su cruz.

Esa boda de la fe y el marketing, ¿se exacerbó durante el papado de Wojtyla en el cual el Vaticano se alió con Pepsi?

— Si unimos todos sus viajes, podríamos decir que viajó durante 18 meses. Como mínimo gastó 1.1 millardos de dólares, que no los pagó el Vaticano, sino los países que lo recibían. Pasados unos años, puedes ver que el efecto de estas visitas es muy pequeño en la grey católica. Si hablas con los creyentes y les preguntas de algo en particular que los haya impresionado o conmovido de las Encíclicas publicadas por Juan Pablo II, no recordarán nada en particular.

Wojtyla  se caracterizaba por ser un gran actor, lo fue desde   su juventud. Ahora se podría  decir que él consiguió  el papel más estelar en el planeta: ¡el de convertirse en Papa! Logró incrementar el tamaño de su público en cada presentación,  pero creo profundamente que la gente iba por el cantante no por la canción.  Es indudable que su personalidad era muy carismática y se necesita mucho valor para pronunciar, muy mal,  “Feliz Navidad” en 25 idiomas.

¿Cómo se definiría religiosamente?

— Como un católico pensante, pero fuera del vaticano. La iglesia no ha cometido el error de excomulgarme aún.

Girando 180 grados, se rumora que Mario Puzzo plagió buena parte de su libro para hacer El Padrino III, ¿es eso cierto?

— Sí, yo lo demandé. Demandé a Coppola, Puzzo y a la  Paramount, a todos ellos. Un amigo me invitó a ver una función privada de  El Padrino III y presencié párrafos enteros de mi libro, línea por línea. Yo no había tomado un trago en siete años, pero al salir de esa proyección  me fui a un bar y me tomé una docena de tragos dobles. Mis abogados obtuvieron la copia personal que Coppola tenía de mi libro “En el nombre de Dios” y encontraron que muchas partes estaban subrayadas y fueron insertadas textualmente en los diálogos de la película.

¿Podría decirnos si vio las primeras partes de esa trilogía y si le gustaron?

— (Risas) Sí y son mucho mejores que la tercera.

+ información: http://www.yallop.co.uk/

(*): Intérprete: Verushka Quintero (UCV). Fotografías: Iván R. Méndez.


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