De los medios impresos
Escrito por Luis Barragán | @luisbarraganj   
Lunes, 18 de Octubre de 2021 00:00

altLa tendencia universal o, mejor, la de los países libres, es hacia el consumo de la prensa digital,

aunque sobrevive la física para aquellos que así la prefieran.  Es evidente el contraste con los países sojuzgados en los que también ha desaparecido la prensa audiovisual, excepto tratemos de una sofocante, intensa y perpetua propaganda que no escatima en medios,  incluso, generando una pobrísima ilusión de libertad.

Desde hace muchos años atrás, el papel periódico que, además, era tan útil por sus múltiples usos domésticos, ha desaparecido de la vida cotidiana venezolana,  trastocado en un raro privilegio.   El régimen lo importó e importa, por miles de toneladas, entregando un desconocido porcentaje a las empresas periodísticas que les son comprobadamente afectas. 

Únicamente se aprecian los periódicos en algunos quioscos que, faltándoles las viejas golosinas, tienen por principal rubro la venta de empanadas, verduras, cigarrillos o cualquier cosa que permita llevar algo a casa. Los de la llamada Gran Caracas, no pasan de cinco o seis medios impresos de pocas páginas, por cierto, varios todavía con dueños desconocidos hasta por sus trabajadores.

Sólo tienen papel y tinta, los difusores de la resignación, e intentan hacer noticia de la burocrática y predecible conducta oficialista, falseándola o simplemente ignorando las realidades. Al parecer, sólo tienen una regular demanda los impresos deportivos y, sin embargo, muy pocos pueden pagarlos y escasa información brindan sobre el deporte y la recreación en Venezuela, salvo el refrito electrónico de exterior, porque la antigua especialización de las fuentes es demasiado costosa.

Así como las nuevas generaciones no se imaginan un anaquel repleto de leche pausterizada de las más variadas marcas y calidades, tampoco ocurre con los quioscos antes llenos de periódicos y revistas. Se dirá, es cierto, que las versiones digitales los reemplazan o tienden a reemplazarlos en cualquier latitud, pero no menos cierto es que los convencionales – acá -  desaparecieron prácticamente bajo la censura y persecución, condicionamiento y quiebra de las empresas, y los otros están bajo los rigores del bloqueo o el sabotaje electrónico continuo. Por consiguiente, prohíbido empuñar y leer un periódico que sea total, o apretar unas teclas frente al monitor.  

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