El protagonista
Escrito por Alirio Pérez Lo Presti | @perezlopresti   
Martes, 22 de Junio de 2021 00:00

altLatinoamérica, América Latina, Hispanoamérica, en fin, como se llame, es centro de grandes aventuras y desventuras del mundo contemporáneo.

Representa el sitio de los más grandes contrastes en relación con estilos de vida; en este lugar del planeta surgen por minuto las más fanatizadas formas de interpretar la existencia y el pasado no termina de cuajar, comportándose como una bola de plomo que impide que se arribe a un ansiado futuro de certezas y se logre mitigar un poco la exaltación de las pasiones. En esta parte del orbe, bien podemos encontrar en el mismo lugar y de manera simultánea, las más elevadas expresiones de lo civilizatorio y los más enconados y arcaicos puntos de desencuentro de vetustas ideologías que fosilizan el pensamiento por contacto visual. 

El palacio era de sangre

Con sangre de buey y cal está pintada uno de los despachos presidenciales más simbólicos del continente y hablar de Simón Bolívar, Antonio José de Sucre, José de San Martín, Andrés Bello, Simón Rodríguez, José Gregorio Hernández, Eva Perón, Rómulo Gallegos, José Antonio Ramos Sucre, Agustín Lara, Armando Reverón, Fernando Botero, Julio Cortázar, Pablo Neruda, Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Rómulo Betancourt y tantas pero tantas personalidades que han marcado el rumbo de lo más elevado y básico de la cultura occidental es converger en el gran lugar en donde lo emocional pasa a mezclarse con ataques de racionalidad impoluta. En esta parte del planeta, sangre, sudor, semen, lágrimas, barro y pólvora, forman el ambiente de la cotidianidad y no es inusual despertarse con la convicción de que la nación en donde uno vive ha sido declarada un estado fallido o se desata una trifulca callejera que bordea los límites de una guerra civil. Esa es la región en donde estamos parados, un sitio en donde las furias surgen con la fuerza explosiva de los volcanes y lo simple puede transformarse en lo más complejo en un abrir y cerrar de ojos. Eje de los más incongruentes contrastes, por épocas parece el continente de la esperanza y por ciclos, lo desesperanzador parece salirse con la suya. Se venden boletos de entrada para quienes no quieran morir de aburrimiento. 

Seducciones clásicas

En este sitio de la tierra la seducción es solo una manera de vincularse, en donde lo discursivo tiene en ocasiones tal fuerza que se logra voltear lo real en el imaginario colectivo. La palabra supera la realidad y existe la necesidad y goce colectivo de ser enamorados por las imágenes auditivas. Las voces de los juglares, de los cuentacuentos callejeros, de los escritores de novelas, que por plata hacen telenovelas de amores pesados por lo insuperable de sus enredos, la discursos políticos, que no valen nada en realidad pero que cuando alguno logra edulcorar su prédica es capaz de movilizar las más singulares sentimientos, los vocablos de los embaucadores, de los mercachifles callejeros, de los sofistas de la cotidianidad, de quienes salen a la calle a comprar algo y terminan vendiendo, las señales de los paqueteros, de los embaucadores, de los alucinados, de quienes se creen santos y tal vez lo sean, de las personas más malas del mundo, de los grandes aventureros, la palabra que es más fuerte de aquellas voces de Sirena que tentaron al mismo Ulises y terminaron por dejar de ser nómadas para hacerse sedentarias para siempre en América Latina. La voz del narrador radial de fútbol que es capaz de transformar el partido más aburrido de la historia en una falaz confrontación que puede llevar a quien lo escuche a experimentar un ataque cardíaco. La letra seductora de los grandes poetas y compositores musicales. La palabra de los boleros y de las más románticas baladas. 

Desde arriba hasta abajo

En el territorio de lo improbable, cualquier lugar nos puede parecer propio. Desde México hasta la Patagonia, con el Pacífico y Atlántico de cada mano, el mar Caribe es el colofón de los lugares supremos, en donde cada día con sus noches puede convertirse en una interminable fiesta mientras la locura no se halla ajena de lo cotidiano y el dios Baco dejó de ser romano por aburrimiento para volverse caribeño por naturalización y en un malabar propio de quien no para de reír, cambió el vino por ron. ¿Quién puede contener tamaña expresión de pulsiones y afectuosidades?  En esta parte del planeta, cualquiera puede morir de amor ya sea por la mirada cautiva de quien es seductor por naturaleza o por la navaja afilada de quien se deja llevar por la locura de las sospechas. La seducción está tan presente en algunos lugares de este territorio que se generó una atmósfera de arte en donde para competir por aquello que nos apetece, habremos de desarrollar las más delicadas estratagemas y los más feroces combates de la cotidianidad. Tal es la fuerza pasional que nos mueve, tal es la confluencia de linajes de los cuales estamos hechos. Así somos y por largo rato seguiremos siendo, quizás por los siglos de los siglos. Que así sea. 

 


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