De la máquina diferencial
Escrito por Luis Barragán | @luisbarraganj   
Lunes, 22 de Marzo de 2021 00:00

altFenómeno cada vez menos universal, todavía sobreviven aquellos sectores sociales que no se explican el mundo con la ausencia de una computadora.

Huelga comentar sus ventajas como la prótesis cerebral ya francamente desconocida por las mayorías cada vez más empobrecidas que, apenas, tienen noticia de un móvil celular inteligente al que no pueden acceder.

A juzgar por nuestro entorno social inmediato, opera una doble (des) ilusión: por una parte, tendemos a creer que, por siempre, el país gozó de las distintas tecnologías de la información y comunicación que también nos permite recordar un pasaje de la que fue una exitosa entrega de Fermín Mármol León, “4 crímenes, 4 poderes” (1978), en la que los funcionarios policiales debían manual, larga y resignadamente, revisar los archivos para precisar una determinada huella dactilar que los medios informáticos ahora reportan en cuestión de segundos. Y, por la otra, decepcionados, constatamos el considerable atraso tecnológico que nos embarga, nostálgicos de aquellos tiempos en los que varias y competitivas operadoras telefónicas actualizaban nuestro equipo celular a bajo costo, por sofisticado que fuese, o reponíamos con facilidad una computadora portátil de mesa.

Cada vez más, se va ensanchando la brecha digital. Y, encarecidos los equipos electrónicos, procuramos remendar los que sobreviven en casa y en la oficina, si todavía se tiene,  aunque sólo los privilegiados del poder establecido cuentan golosamente, además, con un servicio eléctrico confiable y contínuo.

A principios de los ’90 del ‘XX, William Gibson y Bruce Sterling, publicaron una extraordinaria ucronía intitulada “La máquina diferencial”. A fuerza de vapor, Charles Babbage construyó una computadora que, luego, fabricada en serie,  volvió a agigantar a Gran Bretaña, como potencia política y militar hasta doblegar a las propias colonias americanas. 

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Digamos, aún antes de la explosión de la industria informática por estas latitudes, de un modo u otro, los venezolanos estuvimos familiarizados con sus más elaborados productos, como lo demuestra una humorada tomada de la revista Momento (Caracas, nr. 539 del 10/09/1966).

Avanzando el siglo XXI, volvemos a la obscuridad electrónica galopantemente y sólo Gibson y Sterling pueden suponer un milagro digital que aparezca en medio de esta barbarie roja.

 


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