La nueva Venezuela
Escrito por Alirio Pérez Lo Presti | TW: @perezlopresti   
Miércoles, 05 de Agosto de 2020 00:00

altEn lo personal me interesa disfrutar la vida, conocer personas, viajar por el mundo y dedicarme a lo que durante

gran parte de mi existencia he hecho: Cultivar una disciplina de estudio, escritura e investigación, así como aprovechar el tiempo para conocer lo circundante. He asomado la nariz en cuanto me ha llamado la atención y no he dudado en expresar mis puntos de vista sin ambages, especialmente cuando nadie me los ha preguntado. Creo que eso obedece a que soy venezolano y pude disfrutar de lo mejor de la savia de mi nación porque viví en su mejor tiempo. Nacido en 1966, soy un venezolano de la edad de oro de mi país. Ha pasado tanto tiempo desde que Venezuela era un país sosegado hasta el presente, que lo siento ajeno. A duras penas se puede uno sentar a leer, estudiar y escribir en un país en el que las preocupaciones más inmediatas se remiten a satisfacer necesidades básicas para subsistir. 

La edad de oro de Venezuela 

Como consecuencia de la renta petrolera, la existencia de la magnífica PDVSA (Petróleos de Venezuela) y la gigantesca y generosa inversión que hizo en materia educativa el sistema democrático durante los años prósperos, pude hacerme de una carrera profesional difícilmente viable en otro lugar del mundo. Gracias a esa inversión del Estado en educación, he podido seguir mi vida. Habiendo estudiado en las increíbles Universidades Autónomas, las posibilidades de sobresalir en el exterior se nos han dado a los venezolanos que tuvimos que migrar. Los mismos recintos que en la actualidad se caen literalmente a pedazos, como ocurre con mis dos centros de formación: La Universidad Central de Venezuela y la Universidad de Los Andes. En ese mundo universitario no solo me formé profesionalmente, sino que pude desarrollar una carrera como profesor e investigador que me permitió publicar más de una decena de libros y divulgar mis trabajos en revistas especializadas de elevado reconocimiento. En esas aulas de las universidades venezolanas estudiábamos personas procedentes de los más disímiles orígenes del país y de todas las condiciones socioeconómicas. Uno de los lugares de mayor igualitarismo que haya conocido en mi vida. 

Educación gratuita y obligatoria 

Nuestros prohombres conceptuaron con infinita claridad la instrucción obligatoria hasta cierto nivel y gratuita en todos sus grados. De esa lucidez pocas veces vista en nación alguna, muchos pudimos favorecernos y esforzarnos para obtener los logros que el Estado nos garantizaba sin empeñar un solo centavo. La enseñanza gratuita, producto de la renta petrolera bien invertida, permitió que muchos nos formásemos en centros de reconocido prestigio internacional a la par de generar una movilidad social pocas veces vista y literalmente a través de la educación. Particularmente la educación que recibimos quienes nos formamos en casas de estudio Autónomas, en las cuales privaba la Libertad de Cátedra, uno de los conceptos más avanzados que se puedan concebir en un modelo educativo: Solo en democracia y solo por la inteligente inversión en materia educativa. Es frecuente el parricidio entre los humanos y así como doy gracias por la formación que tengo y quienes me dieron la posibilidad de obtenerla, otros se dedicaron a acabar con el sistema formativo nacional; particularmente insólito nos resulta el ataque a las Universidades Autónomas, quizá lo mejor de la edad de oro de Venezuela. 

El futuro y los oráculos 

No creo que se requiera de una inteligencia muy elevada para entender que la situación actual de Venezuela es difícil y el futuro no pinta prometedor. Después de tiempos en los cuales las sociedades logran el máximo grado de desarrollo posible, cosa que alcanzó Venezuela a finales de la década de los años noventa del siglo pasado, se tiende a la degeneración y a la recesión en todos los ámbitos de la sociedad. Lo económico es una obviedad, pero mucho más demoledor y significativo, son consecuencias como: 1. La migración con la insólita fuga de talentos. Mientras puedan, muchos jóvenes venezolanos no tienen mayor aspiración que graduarse (si es viable, en lo que queda de las universidades gratuitas) y marcharse lo antes posible del país en busca de mejores posibilidades de vida y enviar remesas a sus familiares. 2. La ausencia de creación y aporte cultural. En la medida que una sociedad penalice el disenso y se unifique el pensamiento al punto de generar una matriz de opinión uniforme, muere la creatividad y la inventiva. 3. Se disocia el individuo de la realidad universal y el pequeño mundo que ocupa es para invertir un enorme esfuerzo para alcanzar beneficios que en cualquier parte ni siquiera se perciben como algo necesario. Las personas se focalizan en satisfacer las necesidades más básicas. 4. Finalmente se establece lo que los psicólogos llaman indefensión aprendida en la cual se da por hecho que no se tiene la capacidad para cambiar las cosas, aceptándolas de manera pasiva, sin resistencia.  

 


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