2020 en la granja
Escrito por Alirio Pérez Lo Presti | TW: @perezlopresti   
Miércoles, 15 de Julio de 2020 00:00

altGeorge Orwell es en realidad el seudónimo que usaba el escritor británico Eric Arthur Blair, nacido en Motihari, India en 1903

y fallecido en Londres, en enero de 1950. Alcanza la trascendencia por dos de sus novelas: Rebelión en la granja y 1984. ¿Por qué se sigue leyendo a Orwell en el 2020? Autodefinido como un socialista demócrata, en Rebelión en la granja hace una parodia sobre Stalin, la revolución rusa y su infinita degradación y corruptela. En 1984 plantea el horror totalitarista en un futuro cercano al tiempo en el cual lo escribió. Su inobjetable permanencia siempre me ha parecido que obedece a dos factores: 

  1. Estas dos obras, que bien pudieron haber sido ensayos, Orwell las elabora a través de la narrativa, dándole una dimensión atemporal y universal que puede ser leído por cualquiera en cualquier tiempo.  El convertirlo en novela, lo hace artístico, por consiguiente, más tendiente a ser descubierta por una mayor cantidad de personas. En lo personal, considero que Rebelión en la granja es incluso un texto de iniciación para la lectura de personas jóvenes con inquietudes intelectuales. 

  2. Es fácil encontrar elementos tanto tangibles como simbólicos con los cuales nos sentiremos identificados. La sensación de injusticia que se va tejiendo en Rebelión en la granja deja de ser ficción y alegoría para convertirse en dura realidad que inexorablemente está viva ante nuestros ojos. Con las retorcidas aproximaciones a lo político, no es difícil darse cuenta que los totalitarismos tal como se vivieron en el siglo XX, se perfeccionaron y lograron convencer a los politólogos para caracterizarlos de manera más amable.  


El escritor y la conciencia colectiva 

Para muchas personas, cuando un escritor es reconocido y su obra se hace del dominio colectivo, se genera la idea de que este ser, instruido y con capacidad de expresar aquellas cosas que piensa y además de expresarlas de manera artística, genera la reputación de ser conocedor o tener la pericia para interpretar y plasmar aquello que lo circunda. No es raro que en las entrevistas que se les hacen a los escritores reconocidos, por ejemplo, se le tienda a preguntar de lo humano y lo divino, como si el escritor se convirtiese en un referente social de los alcances de la cultura universal y las posibilidades de desarrollar un entendimiento que no todos tienen. Al escritor reconocido se le suelen atribuir capacidades y de una u otra forma entra al imaginario colectivo como símbolo de sapiencia real e identificable.  

 

El miedo a los intelectuales 

Al hacerse de un grupo de personas que perciben en el escritor una figura poseedora de un talento especial, entra en la atención de quienes esencialmente lo van a observar con sospecha. En términos generales, el escritor, al plasmar el tiempo en el que les toca vivir desde la experiencia personal y darlo a conocer, se transforma en un seductor de los lectores. Los atrapa en sus narraciones y potencialmente puede llegar a convencer multitudes. Por eso, desde el poder, se le mira con reserva, rechazo, odio, desprecio, pero fundamentalmente con miedo. El miedo a los intelectuales, bajo el entendido que son personas que se dedican a cultivar el pensamiento, es una deriva de su potencial capacidad de torcer voluntades y señalar lo más oscuro del poder. Nada de raro tiene que sean perseguidos políticos en las horas oscuras que generan los regímenes que se oponen a las libertades.  

De genialidades está lleno el catálogo de obras prohibidas, así como las genialidades ocultas abundan, sin haber podido hacer trascender ni una línea de cuanto escribieron. Ese raro fenómeno forma parte de lo humano y seguirá siendo de esa manera, porque a veces, pareciera que el azar gusta salirse con las suyas. 

Eric Arthur Blair, cuyo seudónimo es George Orwell nos lleva a lugares por demás conocidos, cuando a través de su obra señala: 

“TODOS LOS ANIMALES SON IGUALES, PERO ALGUNOS SON MÁS IGUALES QUE OTROS”. El ideal revolucionario con la luna de miel que lo caracteriza y el entusiasmo colectivo que genera; el temerario concepto de revolución y su inexorable decadencia y ruindad; la tesis del enemigo interno y enemigo externo como instrumento para manipular multitudes; la tendencia a distorsionar progresivamente la historia en la medida que favorezca a la estructura de poder imperante; la inducción del olvido del pasado y modificación perversa del mismo; la clásica receta de alterar los símbolos que unifican a las personas en torno a un ideal agrupado; la propensión a convertir villanos en héroes y demoler a los héroes para que sean percibidos como villanos. 

Todo eso hace Orwell en Rebelión en la granja y por eso sus libros han sido prohibidos en los lugares en los cuales la libertad es aplastada de manera metódica. De ahí que los escritores son temidos y perseguidos, cuando no eliminados físicamente. En muchos casos se intenta que su obra desaparezca y que no queden vestigios de su existencia. 

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